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Febrero del 2008
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 19:00.
en Hablando de....
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Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet
Basada en un famoso musical de Broadway, narra la historia de Benjamin Barker,
también conocido como "Sweeney Todd" (Johnny Depp), un siniestro personaje que
tiene una barbería en Londres donde la navaja de afeitar apura demasiado...
Es tal la emoción que me produce el recuerdo todavía fresco de esta película, magistral mezcla de Musical, película de
Terror y Tragedia Griega, sí con mayúsculas!!!. Todo un placer para los sentidos, guión: excelente; puesta en escena: ambiente diabólicamente gris, la sangre rosa a borbotones; la música: pues es una verdadera genialidad poner a cantar a actores que nunca lo ha hecho, al menos profesionalmente y salir tan bien librado.
¡Felicidades Tim! ¡ Felicidades Johny! ¡Felicidades Helena Bonham!
Por: Ágata
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 18:38.
en minirelatos.
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Las caricias comenzaban a ser impetuosas e
insinuantes. Los dedos bailaban una danza pícara, enredándose en las ropas de los
cuerpos que comenzaban a erizarse. La sangre se volvía loca enviando líquido a
todo el cuerpo. Los poros de la piel no podían abrirse más para recibir los
chipazos de los suaves roces de aquellas palmas que pretendían fundirse dentro
de aquel mar de sensaciones.
Aquellas murallas defensivas fueron
tumbadas abiertamente en el suelo, y pisadas sin contemplaciones por los
ardientes deseos de conquistar los tesoros más profundos de los territorios del
Deseo y del Amor. Fue una lucha encarnizada, cuerpo a cuerpo, todo valía… Por
fin el Ariete tomó un papel principal, rompiendo sin contemplaciones la puerta
que imponía una aparente prohibición a las riquezas de aquel cuerpo de
fantasía.
El resultado de la batalla no dejaba
duda de la cruenta lucha que se había desarrollado, líquidos por doquier
bañaban los cuerpos de los combatientes. Una transitoria paz se hizo presente.
La Guerra aún no había acabado.
Por: Jimul
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 18:34.
en General.
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Mi generación nació cuando él ya había triunfado, y los
difíciles años de la implementación del sistema, apenas si entraron por la
ventana de nuestras alcobas, crecimos escuchando a nuestros padres simpatizar
con sus ideas y lamentarse de que no pasara lo mismo en nuestro país. El señor
presidente de Cuba era un hombre recio, recto, firme en sus convicciones y
algunas veces tenía que imponerse a los intereses inmediatos, para que lo
verdaderamente importante, echara raíces profundas.
En nuestra adolescencia, con la visita a las casas de
nuestros amigos, fuimos escuchando que los padres de algunos de ellos no
simpatizaban con Castro, lo llamaban dictador, porque no convocaba a elecciones,
o porque le había quitado el dinero y las tierras a los ricos y su gente estaba
muerta de hambre.
Dos polos opuestos para el rostro de un hombre al que
empezábamos a conocer y al que, dependiendo de con quien estuviéramos, adquiría
alas de ángel o rabo de demonio. En
aquella preadolescencia teníamos tanto en qué pensar, tantas cosas por hacer y
tanto en qué divertirnos, que apenas si teníamos espacio para dejar un rincón
de nuestro cerebro al conocimiento. Fue más adelante, cuando los años limaron
nuestra insensatez y nuestra
inteligencia supo leer entre líneas, cuando descubrimos la dimensión de “ese señor”, que ahora llamábamos
Fidel Castro con todo el respeto y la admiración que nos inspiraba. Nos
interesamos entonces en él, en su vida, en su proyecto, en el carácter y la
inteligencia para burlar triquiñuelas, componendas, alianzas, declaraciones de
guerra y un embargo eterno.
Comprendimos que no fue un éxito en todo sentido, que quedan
muchas grietas por restaurar, pero fue un buen comienzo y los cubanos deben
sentirse orgullosos de haber vivido semejante experiencia.
Y entonces, también empezamos a preguntarnos, ¿Por qué
nosotros no?, ¿por qué quienes luchan en nuestro país por un mundo mejor, se
rinden ante el color del dinero a la primera de cambio? ¿No existe nadie en
nuestro país capaz de trabajar y entregar su vida al país?
La respuesta tristemente es no. La lección del caudillo, su
ejemplo viviente no germinó más allá de sus fronteras, ojalá que en su país la
semilla haya caído en tierra fértil, haya tenido tiempo de crecer, madurar y
esté lista no solo a dar sus frutos, sino a mejorar lo realizado, a trabajar
por alcanzar nuevas y mejores metas para el hombre, la sociedad y las futuras
generaciones.
Por eso no quiero decir adiós, al menos no en el sentido
literal de la palabra y, porque además, por lo menos a los de nuestra generación, nos resuenan en los oídos
sus palabras, mantenemos vivo el timbre
y la fuerza de su voz, tenemos la certeza de que si bien, no podemos esperar
nada de un solo ser humano, si podemos contribuir con nuestro pensamiento y con
nuestras acciones, por mínimas que sean para cambiar lo que haya que cambiar,
para solidificar y llenar grietas, para acortar las distancias y desigualdades,
el hecho mismo de ser protagonistas de nuestra época nos da ese sentido de
responsabilidad para con nosotros mismos y las generaciones futuras, para que
por fin, los hombres sean cada vez más, mejores personas.
L.D.
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 18:25.
en Un libro para ti.
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Título: La
esfera y la cruz
Autor: G.K.
Chesterton
Colección Austral
Dos hombres recorren las vastas campiñas inglesas para
batirse en duelo por sus ideas. Esa es
la esencia de la esfera y la cruz. Sus motivos para batirse son la religión y el ateismo, cada
uno de los protagonistas esgrime sus convicciones con el afán urgente de
imponérselas al otro, pues cada uno se considera poseedor de la verdad y la
justicia. A medida que avanzan en su búsqueda de un lugar para batirse, se van
conociendo, van hablando de sus mundos, de sus creencias y la convivencia
empieza a resultarles entrañable, la cotidianidad los empieza a unir, así, sin
ser conscientes de lo que les está sucediendo, se van dando cuenta que los
inamovibles motivos que tenían para luchar tienen cimientos de arenas
blandengues, con temor perciben que de un momento a otro se derribarán y eso
sería intolerable pues ya no tendrían motivos para batirse.
… “La hora habrá pasado pronto. En un momento habrá pasado – dijo el
loco -. Ahora, ahora, ahora es cuando tengo que clavar al suelo ese cuerpo de
blasfemo; ahora, ahora es cuando tengo que vengar a Nuestra Señora de su vil
insultador. Ahora o nunca. Porque el pensamiento espantable está en mi alma.
- ¿Y qué pensamiento ocupa – preguntó el ateo – lo que usted llama su
alma?
-Tengo que matarle a usted ahora – dijo el fanático, porque…
- Bueno; ¿por qué…? preguntó pacientemente el ateo
- Porque he comenzado a quererle a usted…”
Matar o morir por unos ideales, a simple vista parecería ser
una cosa de siglos pasados, de mentes poco civilizadas o de seres cuya
inteligencia deja mucho qué desear, sin embargo los hombres seguimos matándonos
ya no por ideales, sino por dinero. Vamos a la guerra por los beneficios
económicos que significan. He ahí el valor de los clásicos, la impronta que nos
hace volver a ellos para constatar que la humanidad avanza tres pasos y
retrocede dos. ¿Qué nos impulsa a asesinar a quien no piensa como nosotros?
Es como si el mundo no fuera lo suficientemente grande para acoger a todas las
religiones, todos los pensamientos y culturas? ¿Es la paz una utopía que nos
motiva a avasallar cuanto se nos pone delante? Porque la paz, al parecer una
palabra tan universal, clara y llana, se torna en arma de destrucción
dependiendo de quienes la izan como su bandera. Ejemplos tenemos, desgraciadamente muchos ante nuestros
ojos, en este recién nacido siglo XXI, no hay diálogo que prospere, ni acuerdo
que satisfaga a los bandos en conflicto. Uno, definitivamente tiene que morir a
manos del oponente y si no muere, se rinde y se deja avasallar. Pero la cosa no es tan sencilla. Con el tiempo los valores
se van modificando, unos intereses reemplazan a otros, y la humanidad se ahoga
en ese caldo inmundo, por eso, me pregunto si no sería una buena salida a
tantos conflictos que los oponentes convivieran unos meses en lugares neutrales
y solitarios donde no hagan daño a nadie. ¿Cabría imaginar al mandatario del
mundo consumista escalando las escarpadas montañas afganas? o al anciano
dirigente de las FARC caminando tranquilamente por la avenida séptima al lado
del actual jefe de gobierno? Podría ser, pero por ahora bástenos con terminar de leer La
esfera y la Cruz.
Por: Ágata
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 18:03.
en General.
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Ahora
mismo está sentada en medio del campo, no se ve en la distancia ningún ser
viviente, tampoco vestigios de que alguna vez existiese alguien por allí, ni
una casa, ni una cerca, ni siquiera un espantapájaros con la risa eternamente
paralizada; cae la noche y en medio de la nada Micaela hunde los cinco dedos en
la tierra aún caliente. Con el pulgar y el índice desmorona los terrones, que
convertidos en polvo fino van cayendo sobre la palma de su mano izquierda hasta
rebosarla para irse a posar en montículos menudos sobre los terrones de tierra
reseca que la rodean.
Ni
una brisa ondea sus cabellos alborotados, los pliegues de su vestido parecen
almidonados desde hace un siglo, el escote raído descubre un pecho apenas
vibrante por la respiración, lo único vivo que existe en ese rincón del
universo. Sobre su cabeza, el cielo parece bruñido en metal azul, solo en la
línea del horizonte el sol reposa suavemente sobre nubes de colores. Abajo, en
la tierra, junto a Micaela las grietas del terreno seco dibujan caminos oscuros
en un laberinto de silencio y soledad.
Otro
montículo de arenilla se va formando junto a sus rodillas, ya Micaela a
construido unos cincuenta a su alrededor, algunos más grandes que otros, pues
simplemente el polvo se ha ido acumulando alrededor y de vez en cuando desborda
el montículo para formar otro a su lado, distante apenas unos milímetros.
Por
las grietas de la tierra se han escapado sus ilusiones, el trabajo de toda la
cosecha, el amor con qué dispersó las semillas de girasoles, porque Micaela
quería sembrar en su pedazo de tierra un campo de girasoles, como en un cuadro
de Van Gogh.
Después
de la siembra, se levantaba al amanecer, apenas si tenía tiempo de tomarse un
café para salir a ver los brotes verdes que se imponían al marrón de esa
tierra, con sus dedos medía sus primeros progresos, al cabo de unos días las manos
no le bastaron, entonces usó los piernas y por la noche, mientras se dormía medía
la distancia entre su talón y la rodilla pensando: mañana las sobrepasaran y en
pocos días llegaran al muslo, entonces brotaran los discos redondos, se abrirán
los pétalos amarillos y las hojas peludas colgaran del tallo como pañuelos saludando
el nacimiento de los soles. Entonces no podía conciliar el sueño, su cuerpo
empezaba a calentarse, el sudor le brotaba a lo largo de su espina dorsal y
contaba los minutos velozmente, como apurando al sol, como diciéndole: date prisa, solo tu calor abrirá mis soles
en la tierra. No recuerda cómo pudo soportar el tiempo anterior a la
floración, cómo vivió esos días en medio de la nada. Quizás por eso
precisamente, porque cuando se está en esa nada, cualquier cambio es decisivo.
El
día de la floración, Micaela bailó entre sus plantas, se levantó la falda y
dejó que el sol quemara sus muslos, bailaba con cuidado de no tropezarse con
los tallos de girasol, era una pena que esas flores no despidieran aroma
alguno, como las rosas, o las camelias, pero eran sus soles, ante ella se
extendía el campo, la saludaban esas hojas peludas, la miraban esos discos
oscuros rodeados de párpados amarillos. Su campo de girasoles estaba a punto.
Desde
el día de la floración no volvió a dormir en la enramada, decidió que debía
vivir en medio de sus girasoles, debía aspirar el olor de la tierra al
amanecer, secarse con ella al medio día, temblar como ella por el viento,
dejarse empapar por las próximas lluvias, estar al lado de ellas, para vivir y
cuidarlas. Sólo así podría preservarlas de todos los males, tanto de los
hombres como de la naturaleza. Sus manos eran grandes, acostumbradas al
trabajo, ellas protegerían sus plantas. Sus brazos eran largos, ningún tallo
perdería su protección. Su voluntad era inquebrantable, nadie dañaría sus
soles. Y así lo hizo, repetía el ritual una y otra vez, mientras sus flores
crecían, se engordaban, desplegaban sus pétalos, y Micaela era feliz,
satisfecha por lo que hacía con ellas y en medio de ellas, hablaba, soñaba,
jugaba y reía, les contaba sus proyectos y hasta les pidió consejo cuando su
alma se apretó el día que sintió aquel olor. Ellas no le supieron decir a qué
olía, en su lenguaje biológico no existían los signos para nombrarlo. Micaela
les pidió permiso para ir a mirar. Ellas parecieron asentir, ella habría jurado
que la habían autorizado a investigar.
Y
así lo hizo, caminó alrededor de su campo de girasoles y pronto se dio cuenta
que el olor estaba en todos lados con una intensidad similar, ni aumentaba o
disminuía, así ella se alejara o acercara a sus girasoles, entonces se dio
cuenta que no existía tal olor, o por lo menos no existía fuera de ella. Estaba
dentro y tal vez no era un olor sino un dolor emanado de la tierra que le
entraba por la nariz y le llegaba cerca del corazón, donde ella pensaba que se
hallaba el alma. Tenía miedo, eso era, un miedo terrorífico pero sin causa,
¿por qué tenía miedo? ¿De qué tenía miedo?
Estuvo
caminando todo el día, oliendo el aire a ver si encontraba el agujero por donde
se le entraban los miedos al cuerpo, pero no podía hallarlo, de repente, unas
gruesas gotas golpearon su rostro, eran gotas de hielo del tamaño de una pelota
de ping pong, los pedruscos le herían los ojos, los labios, rebotaban en
su pecho y se clavaban a sus pies. Entonces lo supo, supo que el olor que la
persiguió por dos noches era el agua que se avecinaba, el agua que lavaría el
polvo de sus girasoles, y que ella lamería de sus pétalos, pero no estos
bloques, el agua que esperaba debía ser menuda, dulce, suave, acariciadora, no
estos latigazos que le hacían daño. Entonces corrió, el corazón saltaba en su
pecho, se caía y se levantaba una y otra vez protegiéndose con las manos el
cráneo, el agua que le chorreaba por la frente empezó a teñir de rosa su cara,
luego el líquido que le escurría era más denso y de color rojo, con la lengua
lamía su propia sangre sin dejar de correr hasta llegar a su pedazo de tierra
donde no pudo reconocer a sus girasoles deshechos.
Por: Gladys
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 17:59.
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"Servicialmente
vuelven a entregar en nuestras manos aquello que no nos pueden dar"
"¿Conoces
el sonido de un lápiz escribiendo versos en un papel? ¿Sabes dejar de ver sin
necesidad de cerrar los ojos?..."
"El
espectáculo de mañana será consecuencia
del de ayer, con la ausencia de actores
que no sobrevivieron al entreacto."
"Depende
de la luz, depende de las sombras que ésta misma crea, depende del punto dónde
te encuentres al observar una flor para que su aroma te inunde o no."
"Preciso
de tantas manos como días tengo,
prescindo de tantas voces como noches he soñado. Trataré de reconciliar mis
días y mis noches para avenir las manos y la voces."
Por: Charo González
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 17:45.
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Si
todos están en contra de alguien, ¿quién está a favor de la paz?
La
posible liberación del exsenador Jorge Eduardo Géchem, por parte de las Farc,
indica que la mediación del presidente venezolano Hugo Chávez en una eventual
negociación con esa organización guerrillera podría traducirse en el inicio de
un esperanzador camino hacia la paz. Cabe preguntarse qué hay detrás de las
nobles intenciones del líder bolivariano y el por qué de la respuesta renuente
de las huestes uribistas.
La
noticia se sucede en medio de la expectativa producida por el anuncio de la
liberación de los otros tres secuestrados, según lo aseveran los alzados en
armas, en aras de reivindicar la imagen del primer mandatario venezolano. Luego
de una guerra mediática que atizó odios enfermizos en contra de Chávez, las
Farc se esfuerzan por convencer a la opinión de que las intenciones del
presidente de la hermana nación no son distintas a las de producir un
acercamiento entre el gobierno colombiano y la insurgencia.
Resulta
evidente que la mediación de Chávez en el conflicto armado colombiano responde
a pretensiones políticas precisas, más que al simple deseo de contribuir a la
paz de Colombia. Si bien en su iniciativa se vislumbra un claro deseo de
reivindicar el diálogo como la salida más indicada a la guerra intestina que
vive el país, también deja a las claras su intento por despertar las por estos
días poco probables simpatías hacia su gobierno, en un territorio
geoestratégico esencial que, como Colombia, parece ser el último reducto
importante de la derecha en Latinoamérica.
Pero
aunque su iniciativa pueda ir acompañada de intereses políticos, bien vale
reconocer que tal oportunismo recoge una plataforma más humana, que se enfrenta
con un oportunismo menos visible, pero terriblemente más destructivo como el
del gobierno colombiano: interesado en conquistar el apoyo popular hacia el
exterminio de las tendencias políticas que le disienten, más que en generar la
pacificación del país.
A
través de todo tipo de artimañas y a la voz de inverosímiles llamados a la
reconciliación, los organismos gubernamentales colombianos se han empeñado en
generar el absoluto rechazo de la opinión hacia el chavismo y hacia todo tipo
de oposición, como si esta representase una grave amenaza a los intereses de la
nación, mientras, bajo el respectivo soslayo de los medios y la coalición
uribista, se empieza a promover una reforma constitucional que permita una
reelección indefinida del actual gobierno.
Por
otro lado, si bien las impertinencias del propio Chávez han sido el caldo de
cultivo de la vehemente crítica que de él han realizado los medios nacionales,
resulta evidente también que muchos de los elementos puestos en el debate
carecen de fundamento. Son más el resultado de una campaña de desprestigio
suscitada desde el uribismo, encaminada a satanizar el esfuerzo de un gobierno
realmente interesado en la paz -aunque su propósito ulterior sea el de
conquistar indulgencias-.
En
síntesis, los últimos acontecimientos descubren dos realidades soterradas por
los medios de comunicación e ignoradas por la opinión: Mientras el gobierno
colombiano deroga su deber constitucional de atacar las condiciones objetivas
de la guerra –y ello implica también el esfuerzo por promover estrategias que
reduzcan los factores de riesgo a los que se pueda ver sometida la población
civil en medio del conflicto armado-, la mediación del estadista venezolano en
la liberación de los secuestrados demuestra que el diálogo es una salida más humana
y de menor costo, aún cuando su motivación sea menos altruista.
Por Giovanni González Arango
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Publicado el 23 de Febrero, 2008, 17:20.
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Continuación...
Para comprobarles cuán equivocado estaba, les pido que
lean los siguientes fragmentos. Cada uno de ellos es el comienzo de una novela
neoyorquina del siglo XX.
a) “Vagabundeé mentalmente durante varias
semanas, buscando la manera de empezar. Toda vida es inexplicable, me repetía.
Por muchos hechos que cuenten; por muchos datos que se muestren, lo esencial se
resiste a ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá; que hizo esto
y aquello, que se casó con esta mujer y tuvo estos hijos, que vivió, que murió,
que dejo tras sí estos libros o esta batalla o ese puente, nada de eso nos dice
mucho. Todos queremos que nos cuenten historias, y las escuchamos del mismo
modo que las escuchábamos de niños.”
b) “La cocina del Infierno, Nueva York,
debió ser el lugar más caluroso de la tierra durante el verano del cuarenta y
seis. Viejos de piel rugosa y grises cabellos pegados a la nuca se asomaban a
las ventanas, cual flores marchitas, tratando de abanicarse. No valía la pena,
porque era preciso un esfuerzo excesivo que de todos modos no solucionaba nada”
c)“La primera cosa que oyeron fue el
trémulo silbido de un vagoncito que humeaba al borde de la acera, frente a la
entrada del ferry. Un chico se apartó del grupo de emigrantes que vagaba por el
embarcadero y corrió el vagoncito. ‘Es como una máquina de vapor y está llena
de tornillos y tuercas’ gritó al volverse.”
La pregunta es simple ¿Cuál de los tres fragmentos está mejor logrado y resulta una
invitación más tentadora para la lectura del resto de la obra? El primero es de Paul Auster. Se rumora que hace un
par de años tiene listo su discurso de
agradecimiento por el Nóbel; el tercero de John Dos Passos, que ya no lo
necesita. La segunda es el primer párrafo de Paradise Alley Hay una razón para que haya presentado a ustedes la
obra de esta manera. Un juicio de la obra de Stallone sólo puede hacerse si uno
no sabe que es a Stallone a quién está leyendo. Lo contrario lleva a que se le
censuren los mínimos fallos porque uno tiene en la cabeza a Rocky Balboa o,
peor aún, a John Rambo, un tipo a quien resultaría difícil convencer de que la
pluma es más poderosa que la ametralladora. Como sé que ustedes jamás
admitirían una candidatura anómina (si lo hicieran, Vargas Llosa ya habría
ganado) espero que al menos ese comienzo les sirva para que desde la primera
escena (escena en términos de libro, no de cine) cuando el joven Victor Carboni
conduce su camión repartidor de hielo y saluda a sus vecinos, no lo imaginen
con la cara cuadrada, un mechón de pelo sudoroso cayéndole en la frente y los
bíceps enormes y compactos y en lugar de eso aprecien la prosa ágil y fluida
que nos permite en cuestión de pocas páginas enterarnos que Victor tiene dos
hermanos, Lenny, un veterano de guerra, y Cosmo, un timador sin suerte que en
la versión filmada (la hay, la hay, pero no es de eso que quiero hablarles) fue
interpretado por Stallone, y que la
Cocina del Infierno está regida por una pandilla de mafiosos
a pequeña escala que Sly ha bautizado con nombres tan geniales como “Mahon el
Perragorda”, “Frankie el Triturador” y “El Flaco Manitas”.Es ese ambiente el
que Victor sueña con abandonar para poder vivir en Nueva Jersey con su amada
Rose. Sin embargo no es a los puños, como tal vez ustedes
piensan, que Victor se abre camino. Un rumbo pugilístico sería demasiado obvio
para un autor de la talla (XL) de Stallone.
Victor se dedica a la lucha libre.
Entonces el hermano Cosmo se convierte en su
entrenador, el hermano Lenny se encarga de conseguir las peleas y la amada Rose
le dice que no es necesario, que lo quiere como es, lo que seguramente no es
cierto porque Victor es pobre. Todos son pobres con esa pobreza peculiar e
irremediable de los inmigrantes que lleva a Cosmo a ganar dinero en la calle
vendiendo paraguas robados en una peluquería y a Lenny a trabajar en la
funeraria que Stallone toma como escenario para, cuando apenas vamos en el
Capítulo 27, darnos una muestra de hasta dónde puede llegar en una escena de delirium tremens propia de las mejores
páginas de Efe Gómez o su émulo norteamericano Malcolm Löwry “Tragó la bebida con desesperación, casi con hambre y
sus ojos inyectados en sangre quedaron fijos en la contemplación de una hilera
de ataúdes baratos. Los ataúdes se movieron ¡Lenny estaba seguro de que se
habían movido! ¡Y estaba seguro de que veía cuerpos! ¡Cuerpos putrefactos!
Cubiertos de harapos que habían sido uniformes nazis.” Flujo de conciencia del más puro. Literatura
psicológica. Manejo del ritmo en la escritura de ficción que se confirma en el
capítulo 31, cuando a pesar de dar un paso en falso comenzando con una frase
como “A las ocho de la mañana, el rostro de Annie era un retrato de agotamiento
sensual”, (lo que habla muy mal de Annie), el autor se hace perdonar la salida
de tono con una metáfora genial: “Cosmo oyó abrirse dos ventanas de un piso superior. A
una de ellas se asomó un hombre muy delgado y en la otra una mujer con cara de furúnculo”
que trepa más aún las cumbres literarias un par de
líneas más adelante cuando el furúnculo
“se asomó a la
ventana tanto que los pechos le colgaban como
una marquesina llena de bultos.” Pero Stallone no sólo es un maestro de la prosa, a la altura
de un Borges, a quien no sé si sea apropiado mencionar ya que siempre fue más
querido por los suizos que por los suecos, se defiende en el duro combate de la
poesía en la conclusión del capítulo 34: “Víctor contó su miserable salario y sonrió al capataz
Pero, Los ojos de Víctor ya no Sonreían.”
un párrafo que roza con la sencilla belleza del haikú
y es coherente con la paciencia zen que Victor demuestra dos capítulos más
adelante cuando le ocurre un accidente en una de sus entregas de bloques de
hielo a domicilio: “Hasta el segundo piso no tuvo ningún problema, pero a
medio camino del tercero tropezó con una botella vacía y cayó rodando por la
escalera. El hielo le golpeó la cabeza y le hizo sangrar la parte posterior de
las orejas. Victor estuvo a punto de
soltar una maldición.” ¡Estuvo a punto de
soltar una maldición! A punto cuando
cualquier otro mortal hubiera lanzado una exclamación que, sin que pudiéramos
saber si fue dicha en inglés o en italiano en la versión original, aparecería
en las traducciones barcelonesas como uno de esos juramentos españoles que
incluyen en una misma frase la mamá (no la de nadie, la mamá en general) y las
funciones excretoras humanas. Victor es un ser humano ejemplar (“al machacar a
sus rivales hasta dejarlos inconscientes, todos, absolutamente todos, le dieron
pena”) y siendo en cierta forma el alter-ego del autor no sería forzado pensar
que Stallone también es un tipo de cualidades tan enormes como su espalda.
Ustedes siempre han visto con buenos ojos a los buenos autores que además son
buenas personas. No por nada el premio ha caído en manos de defensores de los
pueblos oprimidos como Kippling, humanistas como Winston Churchill, personajes
del carisma de Elfriede Jelinek y exscouts como Günter Grass. Stallone, si se
quiere ver así, es la encarnación misma del inmigrante en tierras
norteamericanas, un gremio que hasta el momento ustedes no han aún incluido tal
vez por un involuntario exceso en nominaciones de socialistas y víctimas del
Holocausto. Paradise Alley podría ser
entonces la gran novela-Nóbel de los inmigrantes, como Un puente sobre el Drina es la gran novela-Nóbel de los
atormentados Balcanes. “El premio debe ser entregado a un autor que se
destaque con una obra de tendencia idealista” decía el testamento de Alfred
Nobel. “¿Crees que irse a vivir a Nueva Jersey compensa que
te abran la cabeza?” le preguntan “Sí… creo que sí” contesta Victor. Poco que agregar al drama de los “idealistas”
buscadores del Sueño Americano, como, el irlandés Patty McLade, primer
contrincante de Victor, a quien Stallone describe como “un luchador experto al
que le habían retocado las facciones con puños de cuero” y que al final del
combate cae al suelo “como se cae el camisón de una puta”, como cae al agua
otro luchador fracasado bautizado con genial ironía Gran Gloria que se despide
del mundo con un “Dentro de cien años esto no va a tener ninguna importancia”. Una frase muy por encima del “¿Dónde estoy?, ¿Qué
hago?, ¿Para qué?. Señor, perdóname” de Anna
Karenina, que sirve de pretexto para recordar que Tolstoi murió indignado
por no haber recibido el Nóbel y no sería ahora el momento de cometer otra
injusticia de esa magnitud. No temo arruinar el suspenso contando el final de la
historia. Es sabido que, a pesar de ser suecos, ustedes son personas ocupadas
que no tienen tiempo de leer demasiado y se guían sobre todo por las cartas que
lectores anónimos de todo el mundo enviamos para ayudarlos en la escogencia del
ganador de ese Campeonato Mundial de la Literatura que es el Premio Nóbel. En el capítulo
más largo de los 54 que conforman Paradise
Alley, Stallone nos sorprende haciendo que su historia concluya en una gran
pelea donde Victor enfrenta a lo largo de doce páginas a Frankie El Triturador.
Victor ha apostado en esta pelea todo el dinero que ha ganado a punta de
narices rotas (incluida la suya) desde que empezó su carrera como luchador. Victor pierde.
No muere, pero pierde. He ahí la grandeza de la obra. Victor ya ha aprendido,
literalmente a los golpes, esa sentencia atribuida a Victor Daville, aunque más
probablemente de autoría de Filemón de Sausage: “El dinero va y viene. Sobre todo, va”. Como la gloria, como casi todo excepto tal vez el
Premio Nóbel que se queda. Señores de la academia, sé bien que el paso de los
directores de cine por la literatura no ha sido afortunado más allá del
simpático libro ilustrado La melancólica muerte de Chico Ostra de Tim
Burton, que las novelas de Orson Welles sólo tienen gracia una vez llevadas a
la pantalla, la Julieta novelada de
Fellini ni siquiera se acerca a la previa versión fílmica que llevaba por
apellido de los espíritus y los
escritos políticos de Pasolini son tan aburridos como sólo los escritos
políticos pueden serlo. Hitchcock, más prudente, agrupó sus relatos favoritos
en el género de suspenso para un par de antologías respetables que son
respetables principalmente porque no fue él quién los escribió. Debe
tranquilizarlos el hecho de que como Rocky
fue dirigida por John G. Avildsen, Stallone jamás ganó el Oscar, por la que
el título de único doble ganador de Oscar y Nóbel seguirá en manos de George
Bernard Shaw. El hecho de que después buscara el Grammy y ante su fracaso
musical se dedicara a los aforismos escapa al alcance de esta carta. Si Stallone recibe el Nóbel es posible que retome su
carrera como novelista, se convierta en la excepción a la regla según la cual
nadie escribe algo bueno después de ganar el Nóbel y en todo caso decida dejar
guardadas para siempre Rambo IV, Cobra II y Rocky VII y en lugar de eso
aparezca por fin la segunda parte de Paradise
Alley, a la que seguirán (en libro) las versiones III, IV, V y una
grandiosa “Victor Carboni, el regreso” donde el ya viejo luchador se enfrentará
al campeón vigente de la WWF. Porque es tan valiosa la obra literaria de Stallone como
insufribles sus películas. Por mi parte, y como promotor de la candidatura, me
comprometo a que “Sly” hablará articuladamente durante su discurso en la
ceremonia de entrega y sobre todo a que no se presentará ante ustedes en bata
de boxeador. De cosas por el estilo ustedes ya han tenido suficiente.
Por: Ricardo Abdahllah
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 8:13.
en Hablando de....
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Aquel primero de diciembre del 82, día en que fue puesto a la venta Thriller
(un trabajo conjunto de Jackson con Quincy Jones, fusionando la música
disco con ritmos urbanos y toques de rap y hip hop), las reglas contables de la
música cambiaron para siempre, como comenzó a cambiar progresivamente su rostro. Pero no solamente cambiaba nuestro ídolo, ese al que considerábamos el rey del pop, nosotros también lo haciamos a medida que aprendíamos a bailar arrastrando los pies por el piso, en un esfuerzo inútil por deslizarnos como él. Nosotros desistimos. Jamás podríamos bailar como él, sólo nos quedaba aprendernos de memoria su disco, cantar con él en un karaoke eterno interrumpido apenas por los qué haceres de nuestro crecimiento; poco a poco nos graduamos, trabajamos y de repente nos daba vergüenza decir que alguna vez adoramos a ese ser que se transformaba. Y me pregunto, ¿por qué lo hicimos? si en el fondo, cuando decidió blanquearse la piel, nos pareció valiente ese desafio a la naturaleza, ¿Por qué no puedo ser como me dé la gana? Yo también cambié, alquilo mi tiempo en una oficina, dejé aparcados mis sueños y lo hice aún a sabiendas de que no defraudé a nadie, salvo a mí mismo. Por lo pronto, me siento mejor, celebraré ese 25 cumpleaños de la manera más sincera posible: declarando mi admiración por él. Al fin y al cabo, también he cambiado.
Por: Salgado
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 8:00.
en minirelatos.
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Los sudores
nocturnos de esta gran Cabeza Enferma, eran mucho más
habituales y persistentes de lo que una persona normal pudiese soportar. Sus
desvelos en plena madrugada, ya eran una pauta común. Los recuerdos de su
juventud y madurez le perseguían con tenaz persistencia. Dejaban de ser
pesadillas, para adentrarse un mundo terrorífico.
Su próximo
mensaje lo tenía muy claro. El Infierno
existía, él era uno de los habitantes más ilustres.
Por: Inferno
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:42.
en General.
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Señores
Miembros de la Academia Sueca
Academia Sueca
Suecia
Disculpándome de antemano por ignorar a qué Academia
Sueca estoy escribiendo, (aquí tenemos varias academias y nunca las utilizamos)
me dirijo a ustedes tras la decepción que para mí y los demás adherentes a su
candidatura, ha representado el hecho, de que, una vez más, el prestigioso
premio que ustedes entregan cada año por estos días, no haya llegado a las
manos de quién más lo merece. Por supuesto me refiero al escritor
italo-norteamericano Silvester Stallone. Como no tiene sentido ahora revolcar la herida tan
reciente que representó ver reconocido el trabajo de una dama maleducada que,
llena de ramos de flores como cualquier miembro de la realeza británica, se
dedicó a demeritar la importancia de un premio que “Sly” con seguridad había
reconocido con la humildad propia de un hombre que ha luchado, me propongo
proponer oficialmente su candidatura para la versión 2008. Siendo con seguridad
el primero en postular, aunque los abogados de Coehlo deben estar en esoconfío
en que tendrán el tiempo suficiente para examinar la candidatura y tomar una
decisión sabia, considerando sobre todo que J.K. Rowling (en ella pensé cuando
el noticiero anunció “escritora británica gana el Nobel”), anda desde ya
sonando y en caso de ganar muy probablemente no respetaría su anuncio de
detenerse en el tomo siete de su saga,
Procedo entonces a sustentar la candidatura.
En 1977, el Grupo Editorial Berkley
publicó Paradise Alley, una
novela firmada por el actor y guionista, que llegó a mis manos en la edición de
Círculo de Lectores de 1978 comprada en una venta de usados en la Plazoleta del Rosario
ante la imposibilidad de decidir entre un ejemplar en rústica de Fuego de Carmelita Schicksal y el Necronomicón anotado por un catedrático
de la Universidad
de Arkham. La solapa del libro de Stallone, los demás no tenían, anunciaba una
novela “con la ternura y la humanidad del mejor Saroyan, de los relatos breves
de John Steinbeck, o de los cuentos italo-neoyorquinos de Mario Puzo”. “Les faltó incluir a Faulkner” pensé y lo hice con
cierta indignación que creció cuando vi que en la foto que precedía la reseña
biográfica de la última página Stallone aparecía musculoso y sin camisa. Es
sabido que los buenos escritores no tienen músculos. Aunque Hemingway los tenía. Y boxeaba, como Rocky. Es sabido que es de mal gusto aparecer sin camisa en
las fotos de las solapas. De hecho aparecer en las fotos de las solapas es de
mal gusto. Sin embargo después de leer la pequeña biografía y
secarme las lágrimas (“era un niño problema y se le expulsaba de los colegios
con frecuencia”, “se sostenía limpiando jaulas en el zoológico de Nueva York”)
y de saber que Stallone “apareció en una producción estudiantil de La Muerte de un Viajante”, lo que me movió el
corazón pues actué en una producción de la misma obra en el papel de
refrigerador, decidí seguir adelante con la lectura de una novela que, si nos
dejamos llevar por algo tan injusto como los prejuicios, auguraba una calidad
comparable a una colección de relatos eróticos escrita por Paris Hilton.
Continuara…
Por: Ricardo Abdahllah
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:35.
en Un libro para ti.
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Título: Los amores difíciles
Autor: Italo Calvino
Editorial: RBA Narrativa actual.
Los amores difíciles está compuesto por una serie de
relatos, la mayoría de ellos fechado entre 1949 y 1958. Una década
particularmente compleja para la Europa de la posguerra.
El autor condensa en pequeños relatos situaciones
particularmente complejas producidas por la incomunicación social, pone letra a
los silencios incómodos que nos asaltan cuando estamos en compañía. Habla
también de cómo los llenamos con lo primero que se nos viene a la cabeza, eso
es lo que Calvino nos cuenta. Nos habla de las parálisis momentáneas que nos
asaltan cuando nos encontramos a alguien en la calle, o hablamos con el jefe o
cuando nuestra cotidianidad se rompe ante un hecho inesperado.
Nos pone de manifiesto que somos más locuaces y ligeros en
cuanto hablamos de las dificultades, la dureza de la vida, los desengaños o las
frustraciones, mientras que para hablar de la belleza o de la felicidad nos
enredamos en tópicos repetidos hasta la saciedad, tanto que incluso pierden su sentido.
Los amores difíciles es de esos libros que requieren su
tiempo para reflexionar, que nos obliga a repasar sus páginas y por qué
no, nos llevan a observar, con
curiosidad, lo que yace en esos intervalos de tiempo en que nos sentimos
absolutamente solos en el mundo.
Por: Ágata
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:13.
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Ainoa vive en una habitación bajo las escaleras. Fue su decisión
cuando le ofrecieron un piso de protección oficial. No, ella no quería irse del
barrio, ¿cómo iba a dejar sus escaleras abandonadas? o ¿a la señora del segundo
con esas piernas tan infladas que ya ni caminar puede? ¿Y las hojas doradas que
se enredan en los hierros de la escalera? Si ella se marchara, en seguida
perderían su brillo, ese brillo que es su vida, por otra parte, una hoja de
metal que no brilla es una hoja muerta.
No, sólo abandonaría aquel edificio con los pies por delante, como
se dice popularmente. Mientras tenga poder de decisión y su voz resuene clara y
fuerte preguntando a los inquilinos que diariamente salían: ¿de compras? y
éstos le contestaban: no de viaje. O ¿de viaje? y ellos: no, de compras. Porque
nunca acierta con ellos. Siempre le responden lo contrario de lo que pregunta.
Por eso le gusta, por eso tiene que vivir allí. Seguramente en otro edificio le
contestarían de forma adecuada y ella ya no está para aprender a vivir de esa
manera.
Por el olor adivina perfectamente los ingredientes del pimentón
relleno de la del quinto, el bistec a la plancha de los chicos del tercero
izquierda, o los cocidos de la familia del cuarto derecha. Es que Ainoa está
rellena de olores, de sabores, de voces, de imágenes creadas en esas escaleras
y las guarda como un tesoro en lo más tibio de su cerebro.
Pero también, y eso es lo fundamental, no cambiaría por nada en el
mundo su tesoro encontrado entre el tercer y cuarto escalón del portal un día
de enero, no recuerda muy bien de qué año, en que unos golpes suaves la
despertaron. Sonaban muy cerca de sus oídos, pero no sabía de donde procedían,
pues su ventana, que daba al rellano no tenía cristales, se le habían roto
hacía poco y estaba esperando el dinero que le traerían los reyes para poder
reemplazarlo, tampoco podían provenir del portón de la calle, estaba muy lejos
y era de hierro forjado, además tenía timbre y esos golpes eran producto de los
nudillos de una mano sobre algo suave, una madera, quizás, pues sonaba a
“despiértate, ya es hora y el mundo te necesita”. En ese duermevela no pudo
precisar de donde provenían, pero no dejaban de sonar en sus orejas, por más
que se tapara la cara con la almohada. Así que decidió levantarse, ponerse la
bata abrigada y salir, primero hasta la puerta de su habitación; los golpes
seguían, después se asomó a las escaleras, desde donde podía ver la puerta del
primero derecha y no había nadie, se volvió entonces al portal de la entrada,
abrió la puerta y allí, en un rincón junto a la pared, se encontró tres monedas
de tamaño mediano, gruesas como doblones antiguos. Miró a uno y otro lado,
nadie parecía dispuesto a salir en una mañana como aquella, donde el aliento se
congelaba, apenas se abrían un poquitín los labios.
Esperó un rato hasta que los dedos empezaron a paralizarse. Claro,
se había puesto unas chanclas delgadas y el piso estaba congelado, levantó el
pie derecho y se lo frotó contra el muslo de la pierna izquierda y luego hizo
lo mismo con el otro, dándose un poco de tiempo por si aparecía alguien. Nadie.
La calle se hallaba desierta y lo mejor que podía hacer recoger sus tres
monedas y volver a la cama. Esperaba que no se le hubieran enfriado las
sábanas.
Se acostó de nuevo, tuvo que volver a frotar las sábanas con sus
manos para entrar en calor. Luego contempló las monedas, las acarició,
lentamente las frotaba y éstas iban recobrando su antiguo brillo, lo cual
despertó en el pecho de Ainoa, el mismo orgullo que le producían sus hojas
relucientes entre los barrotes de la escalera.
Una vez que recuperaron su brillo, sintió el calor del metal en la
palma de su mano. Eran lindas. Tenían el rostro de una mujer hermosa en una
cara y una corona en la otra. Ainoa miraba a la mujer y se preguntaba ¿quién
sería?, alguna reina, seguramente, una reina de algún país poderoso, casada con
su rey y viviendo en un hermoso palacio, como en los cuentos de hadas. Esa era
la prueba de que los cuentos de hadas son más reales que la vida misma.
Pensando en esa reina y su familia, Ainoa volvió a dormirse
profundamente.
Cuando despertó, abrió los ojos rápidamente y no a intervalos como
solía hacer siempre, buscó las monedas en el sostén y volvió a acariciarlas.
Supo para qué le servirían. Eran su pequeña fortuna, las guardaría para cuando
necesitara comprarle más tiempo al destino.
Por: Gladys
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 6:46.
en Alaprima.
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Me han regalado un montón de ropa. Ropa de marca, deportiva,
elegante, el sueño de toda mujer. Un traje para cada minuto del día. Mis manos
febriles hurgan en esas montañas, sacan chaquetas, blusas, abrigos, hasta que
rescatan una falda compuesta de dos faldones, uno de seda bordada y otro de
terciopelo. Me las pruebo. Me gustan.
Siento la necesidad de bañarme, y ya estoy en un club o un
gimnasio, la bruma no me deja adivinar, recorro las diferentes estancias, unos
chiquillos se me acercan corriendo, están desnudos, los padres corren detrás de
ellos, a los que alcanzan les frotan el cuerpo para quitarles el cloro de la
piscina. Voy a entrar a ducharme en el baño de hombres, luego abandono la idea
y me voy al de las damas, finalmente entro al de los niños… pero con la mano en
la llave de la ducha no me decido… ¿y si descubren que ya no soy niña? Un
pordiosero me mira.
Por: Selvática
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 6:27.
en General.
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Esta frase, acompañada de un golpecito en la espalda la
recibimos de nuestros padres cuando nos iban a sacar fotos de primera comunión,
bodas, cumpleaños, etc. No hace mucho, lo recuerdo muy bien. Y me viene a la
mente ahora, así de repente, en medio de la calle cuando camino entre la gente
y la observo tan compuesta y compulsivamente expuesta.
Todos a mi alrededor parecen caminar erguidos y sonreír,
¿por qué? Simplemente porque nos están mirando, porque vivimos en el show de
Truman y en el momento menos pensado, nuestra cara irá a parar a algún móvil y
quien sabe quien nos verá y nos juzgara en este gran hermano universal.
Vivimos para los demás, por eso nos exprimimos hasta
conseguir el mejor coche, el más elegante, más brillante, mejor equipado y lo
abordamos, cada mañana, emulando a Isabel paseando en su rolls saludando a las
multitudes; pasamos hambre o nos damos de cabeza contra las dietas milagrosas
por caber en una talla 36 que le vimos a
Kate Moss o a George Clooney y hemos vendido nuestra alma a movistar por tener
aquel aparatito de última generación.
¿Y todo para qué? Para estar en el mundo, para caminar por
él, vivirlo porque de lo contrario no existiríamos. El objetivo primordial de
nuestra viva es mostrarnos, QUE NOS VEAN y ay de aquel que quiera pasar de
incógnito.
Hemos perdido el encanto de lo oculto, la magia de lo
sugerido, el espacio de silencio entre las voces, la libertad de decidir… y
vivimos en un mundo libre.
La Dirección
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