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10 de Febrero, 2008
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 8:13.
en Hablando de....
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Aquel primero de diciembre del 82, día en que fue puesto a la venta Thriller
(un trabajo conjunto de Jackson con Quincy Jones, fusionando la música
disco con ritmos urbanos y toques de rap y hip hop), las reglas contables de la
música cambiaron para siempre, como comenzó a cambiar progresivamente su rostro. Pero no solamente cambiaba nuestro ídolo, ese al que considerábamos el rey del pop, nosotros también lo haciamos a medida que aprendíamos a bailar arrastrando los pies por el piso, en un esfuerzo inútil por deslizarnos como él. Nosotros desistimos. Jamás podríamos bailar como él, sólo nos quedaba aprendernos de memoria su disco, cantar con él en un karaoke eterno interrumpido apenas por los qué haceres de nuestro crecimiento; poco a poco nos graduamos, trabajamos y de repente nos daba vergüenza decir que alguna vez adoramos a ese ser que se transformaba. Y me pregunto, ¿por qué lo hicimos? si en el fondo, cuando decidió blanquearse la piel, nos pareció valiente ese desafio a la naturaleza, ¿Por qué no puedo ser como me dé la gana? Yo también cambié, alquilo mi tiempo en una oficina, dejé aparcados mis sueños y lo hice aún a sabiendas de que no defraudé a nadie, salvo a mí mismo. Por lo pronto, me siento mejor, celebraré ese 25 cumpleaños de la manera más sincera posible: declarando mi admiración por él. Al fin y al cabo, también he cambiado.
Por: Salgado
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 8:00.
en minirelatos.
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Los sudores
nocturnos de esta gran Cabeza Enferma, eran mucho más
habituales y persistentes de lo que una persona normal pudiese soportar. Sus
desvelos en plena madrugada, ya eran una pauta común. Los recuerdos de su
juventud y madurez le perseguían con tenaz persistencia. Dejaban de ser
pesadillas, para adentrarse un mundo terrorífico.
Su próximo
mensaje lo tenía muy claro. El Infierno
existía, él era uno de los habitantes más ilustres.
Por: Inferno
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:42.
en General.
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Señores
Miembros de la Academia Sueca
Academia Sueca
Suecia
Disculpándome de antemano por ignorar a qué Academia
Sueca estoy escribiendo, (aquí tenemos varias academias y nunca las utilizamos)
me dirijo a ustedes tras la decepción que para mí y los demás adherentes a su
candidatura, ha representado el hecho, de que, una vez más, el prestigioso
premio que ustedes entregan cada año por estos días, no haya llegado a las
manos de quién más lo merece. Por supuesto me refiero al escritor
italo-norteamericano Silvester Stallone. Como no tiene sentido ahora revolcar la herida tan
reciente que representó ver reconocido el trabajo de una dama maleducada que,
llena de ramos de flores como cualquier miembro de la realeza británica, se
dedicó a demeritar la importancia de un premio que “Sly” con seguridad había
reconocido con la humildad propia de un hombre que ha luchado, me propongo
proponer oficialmente su candidatura para la versión 2008. Siendo con seguridad
el primero en postular, aunque los abogados de Coehlo deben estar en esoconfío
en que tendrán el tiempo suficiente para examinar la candidatura y tomar una
decisión sabia, considerando sobre todo que J.K. Rowling (en ella pensé cuando
el noticiero anunció “escritora británica gana el Nobel”), anda desde ya
sonando y en caso de ganar muy probablemente no respetaría su anuncio de
detenerse en el tomo siete de su saga,
Procedo entonces a sustentar la candidatura.
En 1977, el Grupo Editorial Berkley
publicó Paradise Alley, una
novela firmada por el actor y guionista, que llegó a mis manos en la edición de
Círculo de Lectores de 1978 comprada en una venta de usados en la Plazoleta del Rosario
ante la imposibilidad de decidir entre un ejemplar en rústica de Fuego de Carmelita Schicksal y el Necronomicón anotado por un catedrático
de la Universidad
de Arkham. La solapa del libro de Stallone, los demás no tenían, anunciaba una
novela “con la ternura y la humanidad del mejor Saroyan, de los relatos breves
de John Steinbeck, o de los cuentos italo-neoyorquinos de Mario Puzo”. “Les faltó incluir a Faulkner” pensé y lo hice con
cierta indignación que creció cuando vi que en la foto que precedía la reseña
biográfica de la última página Stallone aparecía musculoso y sin camisa. Es
sabido que los buenos escritores no tienen músculos. Aunque Hemingway los tenía. Y boxeaba, como Rocky. Es sabido que es de mal gusto aparecer sin camisa en
las fotos de las solapas. De hecho aparecer en las fotos de las solapas es de
mal gusto. Sin embargo después de leer la pequeña biografía y
secarme las lágrimas (“era un niño problema y se le expulsaba de los colegios
con frecuencia”, “se sostenía limpiando jaulas en el zoológico de Nueva York”)
y de saber que Stallone “apareció en una producción estudiantil de La Muerte de un Viajante”, lo que me movió el
corazón pues actué en una producción de la misma obra en el papel de
refrigerador, decidí seguir adelante con la lectura de una novela que, si nos
dejamos llevar por algo tan injusto como los prejuicios, auguraba una calidad
comparable a una colección de relatos eróticos escrita por Paris Hilton.
Continuara…
Por: Ricardo Abdahllah
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:35.
en Un libro para ti.
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Título: Los amores difíciles
Autor: Italo Calvino
Editorial: RBA Narrativa actual.
Los amores difíciles está compuesto por una serie de
relatos, la mayoría de ellos fechado entre 1949 y 1958. Una década
particularmente compleja para la Europa de la posguerra.
El autor condensa en pequeños relatos situaciones
particularmente complejas producidas por la incomunicación social, pone letra a
los silencios incómodos que nos asaltan cuando estamos en compañía. Habla
también de cómo los llenamos con lo primero que se nos viene a la cabeza, eso
es lo que Calvino nos cuenta. Nos habla de las parálisis momentáneas que nos
asaltan cuando nos encontramos a alguien en la calle, o hablamos con el jefe o
cuando nuestra cotidianidad se rompe ante un hecho inesperado.
Nos pone de manifiesto que somos más locuaces y ligeros en
cuanto hablamos de las dificultades, la dureza de la vida, los desengaños o las
frustraciones, mientras que para hablar de la belleza o de la felicidad nos
enredamos en tópicos repetidos hasta la saciedad, tanto que incluso pierden su sentido.
Los amores difíciles es de esos libros que requieren su
tiempo para reflexionar, que nos obliga a repasar sus páginas y por qué
no, nos llevan a observar, con
curiosidad, lo que yace en esos intervalos de tiempo en que nos sentimos
absolutamente solos en el mundo.
Por: Ágata
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 7:13.
en General.
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Ainoa vive en una habitación bajo las escaleras. Fue su decisión
cuando le ofrecieron un piso de protección oficial. No, ella no quería irse del
barrio, ¿cómo iba a dejar sus escaleras abandonadas? o ¿a la señora del segundo
con esas piernas tan infladas que ya ni caminar puede? ¿Y las hojas doradas que
se enredan en los hierros de la escalera? Si ella se marchara, en seguida
perderían su brillo, ese brillo que es su vida, por otra parte, una hoja de
metal que no brilla es una hoja muerta.
No, sólo abandonaría aquel edificio con los pies por delante, como
se dice popularmente. Mientras tenga poder de decisión y su voz resuene clara y
fuerte preguntando a los inquilinos que diariamente salían: ¿de compras? y
éstos le contestaban: no de viaje. O ¿de viaje? y ellos: no, de compras. Porque
nunca acierta con ellos. Siempre le responden lo contrario de lo que pregunta.
Por eso le gusta, por eso tiene que vivir allí. Seguramente en otro edificio le
contestarían de forma adecuada y ella ya no está para aprender a vivir de esa
manera.
Por el olor adivina perfectamente los ingredientes del pimentón
relleno de la del quinto, el bistec a la plancha de los chicos del tercero
izquierda, o los cocidos de la familia del cuarto derecha. Es que Ainoa está
rellena de olores, de sabores, de voces, de imágenes creadas en esas escaleras
y las guarda como un tesoro en lo más tibio de su cerebro.
Pero también, y eso es lo fundamental, no cambiaría por nada en el
mundo su tesoro encontrado entre el tercer y cuarto escalón del portal un día
de enero, no recuerda muy bien de qué año, en que unos golpes suaves la
despertaron. Sonaban muy cerca de sus oídos, pero no sabía de donde procedían,
pues su ventana, que daba al rellano no tenía cristales, se le habían roto
hacía poco y estaba esperando el dinero que le traerían los reyes para poder
reemplazarlo, tampoco podían provenir del portón de la calle, estaba muy lejos
y era de hierro forjado, además tenía timbre y esos golpes eran producto de los
nudillos de una mano sobre algo suave, una madera, quizás, pues sonaba a
“despiértate, ya es hora y el mundo te necesita”. En ese duermevela no pudo
precisar de donde provenían, pero no dejaban de sonar en sus orejas, por más
que se tapara la cara con la almohada. Así que decidió levantarse, ponerse la
bata abrigada y salir, primero hasta la puerta de su habitación; los golpes
seguían, después se asomó a las escaleras, desde donde podía ver la puerta del
primero derecha y no había nadie, se volvió entonces al portal de la entrada,
abrió la puerta y allí, en un rincón junto a la pared, se encontró tres monedas
de tamaño mediano, gruesas como doblones antiguos. Miró a uno y otro lado,
nadie parecía dispuesto a salir en una mañana como aquella, donde el aliento se
congelaba, apenas se abrían un poquitín los labios.
Esperó un rato hasta que los dedos empezaron a paralizarse. Claro,
se había puesto unas chanclas delgadas y el piso estaba congelado, levantó el
pie derecho y se lo frotó contra el muslo de la pierna izquierda y luego hizo
lo mismo con el otro, dándose un poco de tiempo por si aparecía alguien. Nadie.
La calle se hallaba desierta y lo mejor que podía hacer recoger sus tres
monedas y volver a la cama. Esperaba que no se le hubieran enfriado las
sábanas.
Se acostó de nuevo, tuvo que volver a frotar las sábanas con sus
manos para entrar en calor. Luego contempló las monedas, las acarició,
lentamente las frotaba y éstas iban recobrando su antiguo brillo, lo cual
despertó en el pecho de Ainoa, el mismo orgullo que le producían sus hojas
relucientes entre los barrotes de la escalera.
Una vez que recuperaron su brillo, sintió el calor del metal en la
palma de su mano. Eran lindas. Tenían el rostro de una mujer hermosa en una
cara y una corona en la otra. Ainoa miraba a la mujer y se preguntaba ¿quién
sería?, alguna reina, seguramente, una reina de algún país poderoso, casada con
su rey y viviendo en un hermoso palacio, como en los cuentos de hadas. Esa era
la prueba de que los cuentos de hadas son más reales que la vida misma.
Pensando en esa reina y su familia, Ainoa volvió a dormirse
profundamente.
Cuando despertó, abrió los ojos rápidamente y no a intervalos como
solía hacer siempre, buscó las monedas en el sostén y volvió a acariciarlas.
Supo para qué le servirían. Eran su pequeña fortuna, las guardaría para cuando
necesitara comprarle más tiempo al destino.
Por: Gladys
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 6:46.
en Alaprima.
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Me han regalado un montón de ropa. Ropa de marca, deportiva,
elegante, el sueño de toda mujer. Un traje para cada minuto del día. Mis manos
febriles hurgan en esas montañas, sacan chaquetas, blusas, abrigos, hasta que
rescatan una falda compuesta de dos faldones, uno de seda bordada y otro de
terciopelo. Me las pruebo. Me gustan.
Siento la necesidad de bañarme, y ya estoy en un club o un
gimnasio, la bruma no me deja adivinar, recorro las diferentes estancias, unos
chiquillos se me acercan corriendo, están desnudos, los padres corren detrás de
ellos, a los que alcanzan les frotan el cuerpo para quitarles el cloro de la
piscina. Voy a entrar a ducharme en el baño de hombres, luego abandono la idea
y me voy al de las damas, finalmente entro al de los niños… pero con la mano en
la llave de la ducha no me decido… ¿y si descubren que ya no soy niña? Un
pordiosero me mira.
Por: Selvática
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 6:27.
en General.
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Esta frase, acompañada de un golpecito en la espalda la
recibimos de nuestros padres cuando nos iban a sacar fotos de primera comunión,
bodas, cumpleaños, etc. No hace mucho, lo recuerdo muy bien. Y me viene a la
mente ahora, así de repente, en medio de la calle cuando camino entre la gente
y la observo tan compuesta y compulsivamente expuesta.
Todos a mi alrededor parecen caminar erguidos y sonreír,
¿por qué? Simplemente porque nos están mirando, porque vivimos en el show de
Truman y en el momento menos pensado, nuestra cara irá a parar a algún móvil y
quien sabe quien nos verá y nos juzgara en este gran hermano universal.
Vivimos para los demás, por eso nos exprimimos hasta
conseguir el mejor coche, el más elegante, más brillante, mejor equipado y lo
abordamos, cada mañana, emulando a Isabel paseando en su rolls saludando a las
multitudes; pasamos hambre o nos damos de cabeza contra las dietas milagrosas
por caber en una talla 36 que le vimos a
Kate Moss o a George Clooney y hemos vendido nuestra alma a movistar por tener
aquel aparatito de última generación.
¿Y todo para qué? Para estar en el mundo, para caminar por
él, vivirlo porque de lo contrario no existiríamos. El objetivo primordial de
nuestra viva es mostrarnos, QUE NOS VEAN y ay de aquel que quiera pasar de
incógnito.
Hemos perdido el encanto de lo oculto, la magia de lo
sugerido, el espacio de silencio entre las voces, la libertad de decidir… y
vivimos en un mundo libre.
La Dirección
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