Aquel primero de diciembre del 82,  día en que fue puesto a la venta Thriller (un trabajo conjunto de Jackson con Quincy Jones, fusionando la música disco con ritmos urbanos y toques de rap y hip hop), las reglas contables de la música cambiaron para siempre, como comenzó a cambiar progresivamente su rostro.

Pero no solamente cambiaba nuestro ídolo, ese al que considerábamos el rey del pop, nosotros también lo haciamos a medida que aprendíamos a bailar arrastrando los pies por el piso, en un esfuerzo inútil por deslizarnos como él.
Nosotros desistimos. Jamás podríamos bailar como él, sólo nos quedaba aprendernos de memoria su disco, cantar con él en un karaoke eterno interrumpido apenas por los qué haceres de nuestro crecimiento; poco a poco nos graduamos, trabajamos y de repente nos daba vergüenza decir que alguna vez adoramos a ese ser que se transformaba.
Y me pregunto, ¿por qué lo hicimos? si en el fondo, cuando decidió blanquearse la piel, nos pareció valiente  ese desafio a la naturaleza, ¿Por qué no puedo ser como me dé la gana?
Yo también cambié, alquilo mi tiempo en una oficina, dejé aparcados mis sueños y lo hice aún a sabiendas de que no defraudé a nadie, salvo a mí mismo.
Por lo pronto, me siento mejor, celebraré ese 25 cumpleaños de la manera más sincera posible: declarando mi admiración por él. Al fin y al cabo, también he cambiado.


Por: Salgado