Los sudores
nocturnos de esta gran Cabeza Enferma, eran mucho más
habituales y persistentes de lo que una persona normal pudiese soportar. Sus
desvelos en plena madrugada, ya eran una pauta común. Los recuerdos de su
juventud y madurez le perseguían con tenaz persistencia. Dejaban de ser
pesadillas, para adentrarse un mundo terrorífico.
Su próximo
mensaje lo tenía muy claro. El Infierno
existía, él era uno de los habitantes más ilustres.
Por: Inferno
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