Me han regalado un montón de ropa. Ropa de marca, deportiva, elegante, el sueño de toda mujer. Un traje para cada minuto del día. Mis manos febriles hurgan en esas montañas, sacan chaquetas, blusas, abrigos, hasta que rescatan una falda compuesta de dos faldones, uno de seda bordada y otro de terciopelo. Me las pruebo. Me gustan.

Siento la necesidad de bañarme, y ya estoy en un club o un gimnasio, la bruma no me deja adivinar, recorro las diferentes estancias, unos chiquillos se me acercan corriendo, están desnudos, los padres corren detrás de ellos, a los que alcanzan les frotan el cuerpo para quitarles el cloro de la piscina. Voy a entrar a ducharme en el baño de hombres, luego abandono la idea y me voy al de las damas, finalmente entro al de los niños… pero con la mano en la llave de la ducha no me decido… ¿y si descubren que ya no soy niña? Un pordiosero me mira.

Por: Selvática