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Abril del 2008
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 8:43.
en Alaprima.
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Es de madrugada. Voy a la cocina. Me muero por un café. Enciendo la luz. Sobre el mesón de la cocina, a la izquerda, hay dos serpientes muy gruesas. Me paralizo. No llamo a nadie. Las contemplo. Luego me doy vuelta, y sin darme cuenta las estoy triturando con el minipimer. De las serpientes sólo queda un líquido pastoso, pero sus dos cabezas se quedan adheridas al lateral de mi taza de café.
Por. Selvática
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 8:34.
en Un libro para ti.
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Título: El orden natural de las cosas
Autor: Antonio Lobo Antunes
Editorial: Debolsillo
Disfruté mucho con un libro de este autor titulado “en el
culo del mundo”, quizás por eso, cuando este ejemplar de EL ORDEN NATURAL DE
LAS COSAS cayó en mis manos no dudé en escogerlo, disfrutando anticipadamente
del placer que recordaba de la anterior experiencia, leí la reseña de la
editorial y no pude posponer su lectura; el comentario habla de “diez voces
monologando sobre la soledad, el dolor, la desesperación y el miedo, la
enfermedad y la locura, pero sobre todo de la muerte...”
El libro esta compuesto de una serie de capítulos llamados
libro primero: dulces olores, dulces muertos; el libro segundo: Los argonautas;
el tercero: El viaje a China, el cuarto: La vida contigo y el quinto: La
representación alucinatoria del deseo.
La prosa empezó a envolverme de una manera sutil, iba
paseando por esos lugares que el autor me describía y era un viaje enormemente
gratificante, pero en un momento determinado el camino empezó a hacerse
difícil, como si estuviese paseando por una empinada columna y me quedara sin
aire, no lograba alcanzar las cotas del autor, no podía ver nada más allá de la
línea de mi horizonte y tenía que volver a empezar la página una y otra vez,
pensando seriamente en desistir y batirme en retirada.
No entendía a donde iba a parar, las historias se me
desvanecían en el aire, me preguntaba de quien estaba hablando y no sabría
responder. Finalmente lo dejé, quizás era eso lo que quería el autor, enredar
tanto el lenguaje, dar tantas vueltas y revueltas para que el lector se canse y
lo deje en paz.
Por. Ágata
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 8:26.
en Hablando de....
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"Recordaba
que en algún cajón había guardado la foto que le atormentaba, sentía la llamada
de ésta, pero era completamente incapaz de encontrar el mueble poseedor de
dicho cajón."
"Con
suma paciencia escuchó la feroz descarga de insultos. Al fín la voz dejó de
chillar ¿qué tenía que ver toda aquella puesta en escena con el problema real?
Tal
vez podría tomar la opción de dar media vuelta y seguir, pero pensó que hacía
tiempo que no hablaban del muro de barro...
Puede
que su indignación fuese justificada, porque cuando descubres que lo que te
rodea, sea construido por tí o no, vagamente permanece firme justo cuando no
puedes prescindir de ello, la decepción suele producir rabia incontrolada.
¡Cómo
echaba de menos volver a hablar del muro de barro...!"
Por Charo González
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 8:12.
en General.
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Son las seis menos cuarto, cuatro mujeres de cierta edad se
disponen a salir de sus respectivas casas, todas hacen el mismo gesto al
mirarse en el espejo de sus respectivos e idénticos vestíbulos: guiñan los ojos para verse mejor
el rostro – tanto maquillaje no logra
borrar los años - con un gesto de la mano dan un toque al pañuelo que
llevan en el cuello – un mal viento a
esta edad puede ser peligroso – una última mirada a su atuendo y un gesto
de resignación – medianamente bien –
Una revisión al bolso para asegurarse de que las llaves están en su sitio y
salen en dirección a la cercana cafetería donde se han citado – las rodillas ya no dan para mucho –
Las cuatro mujeres llegan casi al tiempo, se saludan, los labios quedan
dibujados en las mejillas – un kleennex
lo soluciona –
Rosalía piensa en la cara que pondrán sus amigas cuando vean la
foto de su último nieto – un adorable bebé de pocos meses – María cree por su
parte que la receta del arroz caldoso provocará muchos ayyyy de sus amigas –
Alicia repasa el número de invitaciones que trajo para la comunión de su nieta,
una de las medianas – Josefa no trae nada, solo piensa en pasar bien el rato
hasta que sea la hora de irse a casa a dormir sola –
En la puerta son recibidas
por Anita, la camarera suramericana – tan
linda ella, tan educadita y tan bien puesta que va siempre – las conduce a
la mesa, las amigas se quitan los abrigos y se disponen a ordenar.
Humberto las mira por el espejo que tiene en frente de la barra –
otra vez las viejas esas, parece que no tienen nada mejor que hacer – y se pasa
la mano por los cabellos. – ¿qué piensa, alguien
que está al borde de la muerte? -Lleva más de dos horas en el café y el
cuaderno que tiene a su lado muestra la hoja en blanco – no se le ocurre nada para escribir – y encima ahora con esas parcas
detrás. – no sabe cómo quitárselas de
encima -
Yo debería más bien dedicarme a buscar un trabajo rentable y
disfrutar del billete –reflexiona- pero sé que no aguantaría mucho, y menos con
esta ansiedad, con esta desazón que no me deja en paz sin saber por qué. No, no
me van los trabajos fijos… o si me invento algo, a lo mejor - y vuelve a mirar
los periódicos del día – con tanta grasa no se ven las noticias, tendría que
venir por las mañanas temprano, antes de que lleguen los clientes, - maldita pereza - así me entero de lo que
dicen los diarios. ¿Y si me dedico a escribir sobre los inmigrantes en Europa?,
eso podría estar bien, pero nunca escucho nada que ya no se sepa, o hablar de
las mujeres maltratadas, eso tiene mucho juego y me ganaría un público
solidario con las mujeres – no que va
-
Siente el alboroto de las mujeres como ácido en sus orejas, alza
la cabeza. Las ancianas se ríen, hablan bajo, parece como si tramaran algo.
Alicia mira hacía él y las mejillas de Humberto se ponen rojas. Debió ser más
rápido. Se siente muy mal al verse pillado de esa manera. Vuelve a su hoja en
blanco y garrapatea algo sin sentido: “mujer mayor que mira a hombre joven con
visibles muestras de…” ¿Por qué no? un Lolita pasadita de años y se ríe.
Cuando levanta la mirada tropieza con la de Alicia, muy cerquita a
su rostro. Se sobresalta.
- ¿Qué pasa escritor? ¿No llega la inspiración verdad?– pregunta
Alicia sin pudores –
- Si – responde seco Humberto – mientras se maldice por tonto, -
ahora me va a preguntar que qué escribo, – si…-
- ¡Vaya que es cruel la inspiración! – dice Alicia mirando la hoja,
lee la frase pero no lo demuestra –
- No, si, si, claro es que reflexiono antes de… - alega como a la
carrera el joven escritor –
Las otras mujeres se acercan, rodean al escritor sonriéndole.
- Venga siéntese con nosotras - le dice Alicia – a lo mejor
necesita algo de… distracción.
Humberto se levanta de su silla, recoge el cuaderno y las sigue.
- Así que usted escribe – dice Rosalía con un tono muy neutro –
- Si, pero…
- No le llega la inspiración – dice Alicia –
- Si, son malos tiempos para los escritores, me imagino que añora
los bares roñosos de principios de siglo, llenos de humo, gente que habla
fuerte, beben absenta y se rodean de putas maduras… - dice María –
- O impúberes – dice Alicia -
Humberto la mira y se sonroja otra vez – ¿cómo diablos supo esa
mujer que…?
- A lo mejor echa de menos las tertulias de la bohem – recalca
María –
- Si, malos tiempos para los artistas, con tanta comunicación y
tantos medios, verdad, da la impresión de que todo el mundo se ha vuelto
escritor de la noche a la mañana – dice Alicia –
- Y a usted le gustaría hacer algo original ¿no es así? – le
pregunta Rosalía con una sonrisa enigmática en los labios.
- Por supuesto – dice Humberto – me gustaría escribir una novela
genial, algo así como el Quijote –
- El Quijote no es una novela – dice Alicia –
- Usted perdone señora, esa es tal vez la mejor novela de habla…
- Una sarta de alucinaciones, válgame Dios – dice Maria –
- Señora, no permito que en mi presencia se hable en esos términos
de, de, de, de lo que considero la Biblia de la lengua…
- La lengua – dijo Alicia mirando a sus amigas –
- Van Gogh se cortó una oreja ¿no? – preguntó con una mirada inocente
Anita, la camarera –
Humberto sintió que el estómago se le retorcía, aquellas brujas, lo
iban a enloquecer.
- Perdónenme, debo ir al baño – se disculpó Humberto –
- No hay cuidado – dijo Alicia –
Humberto se alejó en dirección al baño, las manos le sudaban y las
piernas le temblaban, a duras penas llegó a la puerta donde el dibujo del hombrecito
con paraguas le indicaba: Aquí es.
Cerró la puerta tras de sí, estaba completamente bañado en sudor, esas
viejas, esas viejas algo tramaban – pensó – la cabeza empezó a darle vueltas, las frases de las mujeres
retumbaban en su cabeza: El quijote no es una novela… una sarta de
alucinaciones… venga con nosotras… no tiene inspiración… no tiene inspiración…
no tiene inspiración…
Se acurrucó debajo del lavamanos oprimiéndose fuertemente los ojos con la palma de las
manos intentando calmarse, cuando creyó que lo había conseguido abrió los ojos,
el cuarto de baño ahora estaba iluminado por una luz rojiza, los rostros de las
mujeres danzaban alrededor de su cara, las bocas de ellas se reían, se reían…la
oreja de Van…
Una hora más tarde nuestras amigas se levantan de la mesa, le dan
la propina a Anita quien con dulce
acento les pregunta por el joven.
- Salio de prisa – dijo Alicia – ¿se despidió de nosotras?
- No – dijo Josefa.
- Malos tiempos para los buenos modales – dijo Rosalía, sin
embargo creo que lo último que le escuche decir fue… algo de…
- Una oreja – se rió Josefa –
Salen a la calle dejando intrigada a la camarera, caminan tomadas
del brazo, desean aprovechar al máximo el tiempo que les queda antes de
despedirse.
- No pensé que fuera tan
sensible – dijo Alicia –
- Maria – susurro Rosalía - en serio piensas eso del Quijote
María la miró, se detuvo en medio de la calle, buscó en su bolso,
extrajo un papel cuidadosamente doblado y empezó a leer: Ajos tiernos, cebolla
bien picada, un ramito de perejil…
Por: Gladys
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 7:54.
en General.
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Ilana tenía el cabello largo y clarísimo casi blanco y los ojos más
bien pequeños y casi sin pupilas. Era exalumna del Pilar como casi todas las
amigas que tengo en Bucaramanga. ¿Qué más le puedo decir de ella? Tenía
brackets, pero a pesar de eso, y no sé por qué digo “a pesar”, su sonrisa era
muy bacana, muy inocente, como de niña chiquita por decirlo de alguna manera,
¿Ha visto cuando a una niña consentida le preguntan por qué hizo algo y ella no
tiene ni idea de por qué pero sonríe como pidiendo perdón? Haga de cuenta. Ella
sonreía así y yo la besaba. ¿Ha besado alguna vez una mujer con brackets? No se
enreda la lengua ni nada, es rico. Ilana besaba rico y tenía los pies fríos.
Siempre andaba de falda larga y botas militares y se ponía un montón de
manillas y collares de los que venden los artesanos de Cabecera. Tenía un
bolsito que se cerraba con una tachuela verde y allí llevaba los libros. Todos
llevábamos libros en el morral en esa época, pero ella leía cantidades, más que
cualquiera de nosotros. Le gustaba Borges porque le gustaba el ajedrez y Borges
tenía un poema sobre el ajedrez que ella me leyó la primera vez que salimos a
tomar café. Fue en el café de la UNAB Terrazas, ¿Ve usted cómo cuando uno las mira
hacia atrás las cosas encajan siempre? Yo acababa de salir de entrenamiento de
lucha libre. Le dije que si me recordaba, aunque tenía que recordarme después
de lo que había pasado en el bar. Ella pidió un sobre de azúcar, yo dos. Ilana
había vivido en una finca y no había hecho primaria y aún así había aprendido a
tocar violín y jugábamos a inventarnos canciones, ella ponía la música y yo la
letra y creo que la letra era muy mala para semejante música; sobre todo le
gustaba ir a cine, por eso casi todos los martes íbamos a ver algo, así fuera a
algún cinema comercial o a las películas que daban gratis en Casa Sur o en la Facultad de Salud. Con
ella vimos “Azul”, que era una película llena de color azul pero de la que más
me acuerdo es de “Casablanca” que la vimos en Floridablanca, porque a la salida
de esa la invité a tomar una cerveza a Sueños de Pan y luego otra por el
Pequeño Ámsterdam, porque allí eras más barato y de regreso caminando por la
27ahí fue que nos cuadramos. Claro que no duramos mucho, pero después de que
terminamos me la seguí pasando bastante con ella. Al menos hasta que se cuadró
con un tipo que me caía como una patada en el culo y empezó a portarse toda
boleta conmigo. A mí no me molestaba que saliera con él, aunque el tipo me
cayera mal, pero odiaba la barrera que significaba que ella estuviera con él.
Las mujeres conocen la mayor humillación y la mayor tortura: negar el cuerpo
que se ha entregado. Eso duele y cuando le pregunté si alguna vez íbamos a
volver a estar juntos y ella contestó que ni muerta no volvía a visitarla. La
última vez que la llamé fue para contarle que acababa de llegar de Duitama y
que me había cuadrado con una pelada de allá y para pedirle el favor de que
comiera mierda. Entenderá entonces usted que fue una
sorpresa que, cuando ya casi ni pensaba en ella, me la volviera a encontrar en
el atajo que uno agarra para ir al barrio Terrazas. No sé si usted ha ido por
allá, en lugar de seguir derecho por la iglesia de los mormones hasta llegar al
CAI, usted se va por detrás de la pizzería en ruinas, baja unas gradas, cruza
un potrero y sale de una. Es mucho más cerca, pero no se lo recomiendo cuando
llueve, porque en las gradas se forma barro y uno puede resbalarse. Yo venía
caminando desde la casa de una amiga que se llama Alejandra y que vive cerca al
estadio y estaba medio prendo porque con ella y con un amigo, al que nunca le
he sabido el nombre verdadero pero que le dicen Dani Cobain porque es muy fan
de Nirvana y de un grupo de Black Metal que el cantante se llama Dani, habíamos
hecho una fogata y tomado bastante. Acababa de empezar a bajar las escaleras
cuando la vi. Ilana estaba sentada unas gradas más abajo, recostada contra el
primer árbol. Tenía falda larga y botas militares como siempre, pero le habían
quitado los brackets y se había cortado el cabello. Le dije que me alegraba
muchísimo de verla, que sabía que había peleado con el mancito con el que
andaba pero que fresca, que nadie en el mundo es irremplazable. Le hablé rápido
de “Casablanca” y “Azul” y el violín y Borges. Le dije que con seguridad ella
aún tendría fríos los pies, que había pasado tiempo, pero no tanto, que el
tiempo le pasa a uno pero no a las cosas que recuerda.
Un rato más tarde estábamos en mi
apartamento.
Pero no le he contado cómo fue que conocí
a Ilana. ¿Usted se ha rumbeado a alguien para darle celos a otra persona? Me
imagino, todo mundo lo ha hecho alguna vez y a todo mundo se la han hecho. Aquí
usted se va a reir, va a decir “Cosas de la juventud” y va a pensar en esa
mujer por la que lo hizo, pero la gente cambia en todo excepto en la manera de
quererse. Yo en esa época, salía con Natalia Hetfield, una caleña hija de
gringos que me gustaba mucho. De ella no volví a saber porque una vez la llamé
y le dije que quería verla, que por qué no se pasaba por la casa y me dijo que
otro día porque esa tarde tenía una cita con un tipo que había conocido en un
bus y que el día anterior había pasado por mi casa y mi mamá la había tratado
muy mal. Cuando mi mamá estaba en la ciudad, porque ella vivía en Duitama y de
vez en cuando venía a visitarme un par de semanas, nunca me decía que Natalia
había ido a buscarme. Mi mamá creía que Natalia era hasta satánica por la
música que escuchaba y quedó convencida cuando la única vez que logré sentarlas
a comer juntas, en el Viejo Chiflas ella contó la historia de Elizabeth
Bathory, quedó convencida. Natalia me gustaba resto y como ya habían pasado
varias cosas con ella, estaba decidido a pedirle cuadre esa noche en un bar que
acababan de abrir a media cuadra de la Clínica Bucaramanga.
El bar se llamaba Calabozo. Los destinos se deciden siempre en bares con
nombres curiosos. Esa noche le invitaría una cerveza y bailaríamos un rato y
luego le invitaría otra y nos la tomaríamos bailando y así hasta que ella
dijera “Estoy cansada, sentémonos un rato” y nos sentaríamos a la mesa y yo le
diría “Natalia, yo propongo cuadre” y ella diría “Yo he estado pensando lo
mismo. Ya han pasado muchas cosas”. Pero el sábado había noche de “tome la
cerveza que pueda” y todos terminaron yendo al bar. “Todos” es Alejandra &
Dani y Andrés & Ariadna y Fernando & la nueva novia de Fernando. Habían
cambiado todas las luces por lámparas ultravioleta, la gente miraba los dibujos
secretos en las cédulas de ciudadanía y los billetes de mil. Sobre la barra
había un despertador que sonaría a las dos de la mañana. Hasta esa hora se
serviría toda la cerveza que cada uno quisiera. Había mucho humo y mucha gente,
Natalia estaba de un mal genio mortal. A las dos menos cinco, todos los tipos
del bar estábamos al lado de la barra vaciando y volviendo a llenar los vasos.
Cuando el reloj sonó y el barman nos amenazó con un palo de golf, un deporte
que por demás hay que ser muy imbécil para practicar en Bucaramanga, volví a la
mesa y Natalia no estaba allí. La encontré estaba con un tipo al lado de la
ventana. “Ven te presento a mi novio, volvimos que días” dijo.
Y yo qué piedra tan hijueputa.
Primero por creer que ella iba a
cuadrarse conmigo y segundo porque yo sabía que al tipo acababa de conocerlo. Fue en ese momento exacto cuando vi por
primera vez a Ilana. Voltear la cabeza, verla. Todo en una sola acción. Estaba sentada en una mesa, sola y
fumando un Pielroja ella solo fuma Pielroja, aunque eso lo supe después. Sonaba
una de Rage, y todo mundo saltaba y gritaba now you do what they told ya ta-ta
ta…now you do what they told ya ta-ta ta…y ella sin embargo quieta, estática y
extática y etstática pensando en quién sabe qué cosa, vestida con falda larga y
botas militares. Sobre todo sola en una mesa frente a una silla desocupada en
un bar en el que no había lugar, como si quién sabe qué cosa, un cono de luz
diferente a la ultravioleta del bar la protegiera. No le dije nada. Tenía
derecho a sentarme en esa silla. Ella dijo que podía sentarme en las dos si quería,
que ella se iba. Yo le dije que también me iba, que me había sentado sólo para
amarrarme los zapatos. Ella podría también estar sentada allí sólo para
amarrarse los zapatos, amarrar sus botas debía tardar otras. Ya estábamos
bajando las escaleras cuando empezó a sonar una canción de Queen que me gusta
mucho ¿usted la ha escuchado?, es la que dice mamma mia mamma mia que después
un grupo mexicano versioneó en español hasta que en un concierto un fan subió
gritando “Por Freddy Mercury” y mató al cantante de catorce puñaladas. Yo lo
hubiera hecho también ¿Usted no?. A mí me gusta Queen. Me gusta mucho. Fue por
eso que le pedí a Ilana que nos devolviéramos a escucharla. La mesa estaba
ocupada, el cono protector se había deshecho. Nos sentamos en el piso. Natalia
estaba sentada en frente de nosotros. Yo podía verla, en ultravioleta, a través
de las piernas de la gente que bailaba y veía que ella me miraba, que en lugar
de cerveza tenía entre sus manos, una botella de Moscatel barato, que si estaba
agarrando esa botella con la misma fuerza en los dedos con la que uno se aferra
a un salvavidas, era porque estaba triste y estaba sola. Y no importó, ¿sabe?
mientras la música cambiaba de opera ligera a guitarra heavymetalera, besé a
Ilana con la única intención de que Natalia me viera y mientras la besaba abrí
un poco los ojos. Natalia se había ido. En el momento en el que mi teléfono
sonara y fuera ella le diría que no había sido más que un beso. Pero no sólo Natalia no volvió a llamarme
en mucho tiempo sino que no fue sólo un beso. Ni mucho menos. Nunca un beso es nada más que un beso. A la madrugada Ilana y yo seguíamos
besándonos en la Carrera
33 frente a un letrero en la pared blanca del Club Unión que decía “Dios te
ama”. La última broma que hice mientas Ilana subía a un taxi tenía algo que ver
con el amor de Dios y con lo difícil que debía ser desamarrar su botas. La primera broma que hice en mi
apartamento luego de encontrarla en el atajo que uno toma para ir al barrio
Terrazas, tenía que ver con Dios y con lo difícil que era desamarrar sus botas.
“No voy a acabar nunca” dije esperando
que ella sonriera.
Yo todavía pienso mucho en Ilana, aunque
pienso en muchas otras cosas. Hay talleres para ocuparse pero de todas maneras
uno tiene un montón de tiempo para pensar, para leer también. Yo leía antes de
conocerla, pero con ella empecé a leer de verdad, ¿Me entiende?, a Filemón de Sausage, a Cátulo, los clásicos.
Todos esos libros que ve ahí son clásicos, me los trajo un profesor que se
llama el profesor Medina. Él nos hacía talleres, pero hace rato no viene. Ahora
viene el hermano Pedro, un pastor evangélico, pero yo no voy a verlo. Fui una
vez pero había un ángel tomando apuntes de lo que decía. Entonces prefiero
quedarme leyendo. ¿De pronto usted podría decirme cuál es el mayor clásico de
la literatura francesa? A mí me gusta Baudelaire, me gusta decir “Es hora de
embriagarnos” aunque ya no tome nada. Pero no sé si Baudelaire es el mayor
clásico de la literatura francesa. Tal vez usted sabe. Ese otro libro es de
Borges. Me lo trajo el doctor Aguas, pero ahí no está el poema del ajedrez
y por eso no lo he leído. Los pequeños son de filosofía. Algunos de los
compañeros de acá leen mucha filosofía. Mucha.¿Vio al tipo de está ahí sentado
con un trapo rojo amarrado al cuello? Ese es Supermán, es uno de los tipos con
los que se puede hablar de filosofía. En realidad se llama Federico. Yo lo
conocí antes de que los dos llegáramos aquí. Estábamos con Ilana en Calisón. Él
la sacó a bailar. Luego salimos con él un par de veces, pero él rara vez se
acuerda. Todas las mañanas a las ocho y cuarto Federico se para en la mitad del
patio y se echa un discurso. Hoy nos habló de las tarántulas, ayer de los
relegados o algo así. A veces se corta las yemas de los dedos con un vidrio y
se pone a escribir en el piso cosas con la sangre. Él lleva rato aquí, otros
duran menos. Las mujeres sobre todo. A la familia le da miedo que den con algún
degenerado y se las llevan para la casa. Por aquí pasó una muchacha super
bonita que se volvió loca de tanto ver luces en el cielo. Hubo otro que se
fritó el cerebro de tanto comer hongos en La
Mesa. La novia venía a verlo y él decía que
ella era un fantasma, que ella estaba muerta, y ella le trataba de acariciar el
cabello y él le decía que no, que ella estaba muerta y con Federico decíamos
que la novia era bonita, que aunque estuviera muerta era bonita y antes más.
Sausage dice que la muerte embellece, yo lo había pensado antes de leerlo. Con
Federico siempre hablamos de las visitas de los demás, hay que hablar de algo,
¿No cree?. El otro que está allá no habla mucho, pero a él también lo vi antes
afuera. Tenía rastas hasta la cintura y se paraba en la mitad de la calle 36 a insultar a todo el que
pasaba y ahora que lo raparon se sienta en un rincón. A mí también me raparon
cuando entré y me dio mucha rabia porque llevaba desde que salí de prestar el
servicio en la policía dejándome el cabello, porque cuando estaba en el equipo
de lucha tenía que pelear con el entrenador para que no me obligaran a cortarme
el cabello. También Ilana tenía el cabello corto cuando volví a verla. ¿Quiere
ver una foto? No de Ilana, una foto mía con el cabello largo. Ese libro es un
álbum de fotos, creo que en casi todas tengo el cabello largo, las fotos con el
cabello largo son las que uno con más cariño recuerda. Esta es cuando estaba en
el equipo de lucha. Esta es en un lago cerca de Paipa en un paseo que hicimos.
Esta es bien bacana, es con el doctor Patarroyo y nos la tomaron cuando vino a
dictar una conferencia a la UIS.
Yo le digo a la gente de acá que soy amigo de Patarroyo y más
de uno me cree. También les gusta mucho la foto del lago, aunque la última vez
que mi mamá vino me dijo que ya se había secado. La que está al lado mío es mi
novia de Duitama, la que tuve después de Ilana. Ella nunca ha venido, pero me
manda decir con mi mamá que es porque ha estado ocupada porque ahora entró a la
universidad en Bogotá. De todas maneras como sé que mi mamá y ella se ven en
Duitama, le escribo seguido. Mi mamá viene cada dos meses más o menos, son ocho
horas de carretera y lo dijo Daville citando a Sausage “El dinero va y viene.
Sobre todo, va”. Cuando mi mamá viene siempre estoy
contento. De resto hay días buenos y malos. Aunque a veces se me saltan las
letras como en los libros que uno encuentra cuando está soñando acá me sobra el
tiempo para leer. Si he dormido bien me levanto temprano, recibo las pastillas,
me baño, leo un rato y después de escribir salgo al patio y hago algunos rollos
de lucha libre, como para que no se me olvide. Los compañeros me dicen “El Hijo
del Santo” y “Mascarita Sagrada” aunque que si estoy muy empepado termino
estrellándome contra el piso y todos se ríen. A mí no me importa tampoco, yo me
río con ellos. Eso en los días buenos, porque hay noches en las que el frío no
me deja dormir. Entonces no me levanto, ni siquiera para escuchar el discurso
diario de Federico y no me tomo las pastillas y me duelen los huesos y paso
toda la mañana pensando en cómo seguirá el mundo allá afuera y primero es en si
arreglaron algún parque o si hicieron un puente nuevo en alguna parte de
Bucaramanga, y hasta allí está todo bien, pero luego llegan todas. Usted sabe,
todas al tiempo con sus preguntas, Ilana y Natalia y mi novia de Duitama, todas
como si fueran transparentes, y se acercan y me muerden el cuello y me torturan
con sus cuerpos que tengo tan cerca y no puedo tocar me gritan que por qué he
sido tan hijueputa con ellas. Yo sé que para no verlas sólo tendría que
salir de aquí, pero no me dejan salir y le juro que hay días que agarro la
pared a cabezazos y entonces termino por gritarle, a Ilana, a mi novia de
Duitama que no lee mis cartas, a todo mundo, que yo no hice nada malo, que
después de lo que fue la mejor noche de mi vida, volví a amarrarle a Ilana sus
botas militares y la dejé tan linda y tan muerta como la había encontrado unas
horas antes, recostada contra el primer árbol que hay por el atajo que uno coge
para ir al barrio Terrazas.
Por: Ricardo Abdahllah
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 7:47.
en General.
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Un niño entra a una tienda y le enseña la mano con unas cuantas monedas a un anciano ante el mostrador. Le dice que quiere comprar una hora para su mamá.
¿Para qué? Conteste usted, ¿por qué ese espabilado niño quiere estar una hora con su mamá?
La escena nos lleva a la ternura. Que un niño, en estos tiempos que corren quiera estar con su mamá, es un sueño para algunas madres, irrealizable; pues por norma, los chicos las prefieren bien lejos.
Pero no hay que echar campanas al vuelo, por lo menos no todavía, esa escena corresponde a un anuncio de televisión, que usa, inteligentemente, el amor filial para vender un producto. Pobres ilusas las que creyeron que era un entrañable recuerdo familiar.
Y es que cada vez el papel de los padres se diluye en una interminable vorágine de teorías. Los padres dinosaurios eran unos tiranos que imponían absolutamente todo a sus hijos, desde su educación, hasta la pareja con que iban a vivir el resto de sus vidas; de ahí tanto trauma en la humanidad. Luego pasaron a ser absolutamente permisivos, abiertos, dialogantes y la cosa tampoco mejoró, aquello de que tu padre es tu mejor amigo produjo un efecto boomerang, los traumas siguen siendo el principal motivo de suicidio. Los términos medios no han ayudado mucho, pues se han quedado en eso, en educación a medias y ahí tenemos a hijos que matan a sus padres para no verlos sufrir.
Es hora ya de que nos preguntemos qué mundo queremos vivir, que miremos de frente esta realidad y que comprendamos que la buena educación no da frutos en los mejores colegios, ni con becas jugosas, que ayudan, es verdad, y cada vez deberían cubrir espectros más amplios en la sociedad, pero no debemos contentarnos con eso; la verdadera educación, la trascendental es la que se recibe en el día a día, en la cotidianidad del hogar, en la comprensión, el amor, la relación con los miembros familiares.
Y de esos hogares somos responsables los mayores, resulta obvio en principio, pero no debe ser tanto, cuando un publicista pensó que podía llamar la atención de los padres hacía la compra de un producto, apelando a la necesidad de compañía materna de ese niño, hijo del siglo XXI. Sin embargo, no debemos engañarnos respecto a las intenciones comerciales del publicista, su naturaleza es esa, obligarnos a comprar usando cualquier método que tenga a mano, al fin y al cabo, nuestra sociedad siempre encuentra un filón aprovechable para comprar y vender.
La Dirección.
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:52.
en Alaprima.
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Voy cruzando la plaza, ya desde lejos la catedral me
sorprende como siempre, y se impone a todo. Su altura desmesurada la pierde en
el cielo, y el vértigo surrealista no deja lugar para ninguna otra cosa. Pero
al fin la supero, encaminándome sin pensarlo hacia su derecha, y allí está. El
cruce de calles. La 51, la cincuenta y la diagonal. La niña camina ligera a
los saltitos hacia la 51, viene del centro, y se trepa a las rejas de la escuela
normal. También busca pichones en los fosos del costado de la catedral. Quiere
llegar a casa… pero no puede, así que tira y tira, y yo siento que me desgarro.
Mi niña, no puedo, ya no vivimos ahí… Y mi alma quiere seguir por la 51, quiere
llegar a 16, dar la vuelta y entrar. Encontrar a mi abuela esperándome con
chocolate caliente, a mi madre joven y llena de vida. Tira mi niña, tira
furiosa, desesperada. Le doy el gusto y camino hasta la esquina, pero mis pies
deformes no me permiten alargar más el paseo, así que la arranco de su vida y me
la llevo gritando. Llego a la cincuenta. Mi tierna adolescente viene de la
escuela, quiere doblar… y no quiere. No quiere porque allí hay un monstruo. Pero
a veces hay una prima, o una amiga, y sueños… una catarata desbordante de sueños
maravillosos. No, mi niña, ya tampoco vivimos ahí. La nostalgia me retuerece.
Y entonces asoma amenazante la vieja diagonal. La que mi niña recorría
extasiada por su tapizado de florcitas lilas, por su mansión extraña, única en
la ciudad… y por ese edificio amarillo. Cosa tan rara ese edificio... ¿Cómo será
vivir en el aire? Piensa, mientras observa gustosa sus pies llenos de lila.
Horrible, mi niña, es horrible. La diagonal me absorbe, me atrapa, la mansión
queda atrás y no hay lilas (y si las hay, yo no las veo) Mi cuerpo dolorido no
viene de ninguna parte, me lleva contra mi voluntad, me niego, mi alma se agarra
de los paraísos de la 51, de los tilos de la cincuenta, y ahí se queda aferrada.
Sin alma, me arrastro hasta el edificio amarillo. Me encorvo al trepar su
escalera. Una caja me traga, me digiere, y me escupe en un agujero en lo más
alto de la torre. Ya llegué, séptimo círculo del infierno…digo... séptimo piso.
Por: Nofret
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:47.
en Un libro para ti.
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Título: La mujer justa
Autor: Sándor Márai
Editorial: Salamandra – Narrativa
Este escritor nacido en 1900 - 1989 en Kassa, una pequeña población de Hungría,
tuvo que esperar a que llegara el ocaso del comunismo para ser redescubierto en
su país. Radicado en los Estados Unidos desde 1948, hasta 1989, año en que
decidió poner fin a su existencia.
Su obra aún permanece en una especie de limbo, del cual las
editoriales, de vez en cuando editan algo para el gran público y casi por azar
caen en nuestras manos ejemplares como este de LA MUJER JUSTA, que en principio
tiene nombre de telenovela, lo cual nos lleva a sospechar un tufillo raro, sin
embargo, si vencemos las barreras de los prejuicios nos encontramos con una
historia de pasión, mentiras, traición, crueldad y hasta complejos de clase –
¿a qué parece un culebrón? – pues sí, porque la vida misma es un eterno
culebrón, que se salva de la ramplonería por la forma en qué está escrito, la
manera de narrar poniendo en las voces de los personajes que conforman la novela sus sentimientos, sus
desconciertos, su búsqueda de la felicidad hacen de LA MUJER JUSTA una especie
de ventana desde donde podemos ver lo que piensa, total y sinceramente una mujer
después de su divorcio; un hombre ante el abandono de sus dos esposas; y por
último, la amante desencantada.
Por: Ágata
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:43.
en General.
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La izquierda no ha sido capaz de imponer su modelo de
desarrollo o de anular el de la derecha, vaga en un limbo teórico cuyas tesis
no resisten el paso del tiempo. Por su parte la derecha no sabe bien para donde
coger, a veces coquetea con el centro para retroceder cada vez que le conviene.
Vivimos una época en que los políticos de cualquier ideología, no se preocupan de los problemas reales de
los pueblos, sus discursos vacíos recurren desesperadamente a filosofías
obsoletas centradas en las clases obreras, comunistas, socialistas o demócratas,
según les convenga o siguiendo los consejos de sus asesores de imagen, dejando de lado la expresión colectiva, a la
vez que se escudan en ella para cautivar nuevos adeptos, su esfuerzo se centra en conseguir el poder,
desde cualquier esquina en que se encuentren: veamos los casos, en Italia Berlusconi
y su poder económico centrado prioritariamente en los medios masivos de
comunicación; Sarkozy en Francia encandilando tanto a la prensa rosa como a la
política con apariciones oportunas y muy bien montadas para causar el mayor
impacto mediático posible; Bush en Estados Unidos, con su prepotencia al
atribuirse paladín del bien de la humanidad, lo que le da derecho a arrasar
pueblos, exterminar culturas y apoderarse de riquezas; Putin tejiendo en
silencio pero laboriosamente una red que le permita perpetuarse en el poder
para dignificar a la santa madrecita Rusia y devolverle su gloria, Chávez,
apela al patriotismo desde la esquina de lo popular, aprovecha sus condiciones
histriónicas para insuflar su discurso con frases que exaltan las lágrimas y enardecen
los corazones.
No importa de que lado se esté o que bandera esgriman, los
políticos saben la importancia del poder, del dominio y la manipulación y
dedican su vida entera a perfeccionar sus tácticas, olvidando la razón de ser
de un político: lo social, la gente.
No quedan opciones y cada vez más el hombre librepensador es
expulsado de su paraíso particular, condenado a vivir en el exilio.
La Dirección.
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:24.
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Las Farc mintieron, el Gobierno colombiano y la prensa… también
El pequeño
Emmanuel, a quien el país reconoció como el hijo de la guerra, ha retornado a
los brazos de su madre, que después de seis años de cautiverio goza de su
libertad. Cabe cuestionarse qué tan humanas han sido las pretensiones de
quienes lo permitieron.
Como ha sucedido
a lo largo de la era Uribe, también en el caso de Emmanuel la prensa colombiana
dejó ver su tendenciosidad y el oportunismo que precede a su deber de informar
veraz e imparcialmente. Una vez más la falta de ética fue la nota predominante
de la labor mediática; esa que siembra y acrecienta los odios ya existentes en
nuestras sociedades, mucho menos humanas y conscientes, mucho más crueles y
volátiles.
Como en el caso
de la parapolítica, de los falsos positivos de las autoridades, de la cercanía
del alto Gobierno con la mafia, entre otras realidades deformadas u omitidas,
cuando no soslayadas, los medios nacionales desplegaron sus apolilladas
banderas uribistas y el pequeño Emmanuel se convirtió en el trofeo de guerra de
un Gobierno que, antes de la noticia, se encontraba al borde de la crisis.
Otra vez la
opinión cayó en el juego. Otra vez creyó en la victoria del bien, sin siquiera
preguntarse por qué quienes en su nombre tendrían derecho a abanderarse,
necesariamente, debían estar del lado del uribismo y lo malos –la guerrilla y
toda la oposición- estarían del otro lado.
Así, quien se
atreviese a cometer el pecaminoso acto del disentimiento, sin duda alguna,
guerrillero sería y con el nombre del mal se cobijaría. Una casería de brujas
se lanzaba entonces y los enemigos del establecimiento serían condenados, sin
el menor cuestionamiento de parte bastos sectores de la opinión nacional hacia
la administración Uribe.
Para beneplácito
de la coalición de Gobierno, la noticia no era que una víctima de la guerra que
el mismo Estado engendró estaba próximo a alcanzar la libertad que en cuatro
años de vida le era desconocida.
La rescatable no
era que Doña Clara Rojas por fin tendría entre sus brazos a su nietecito,
gracias a la satanizada mediación de la senadora Piedad Córdoba y la del presidente
venezolano Hugo Chávez.
Lo plausible no
era que por primera vez en la era Uribe uno de esos colombianos víctimas de la
guerra recobraría la libertad y no en virtud de la política de seguridad
democrática, injustificadamente elogiada, sino como producto del diálogo y del
consenso, totalmente adversos a la postura uribista.
Emmanuel, como
todas las víctimas de esta guerra era la presea que se disputaban los fetiches
del poder. Era el arma política que convertiría a su poseedor en un mesías; en
el hacedor de la verdad; en el más firme persecutor de la paz. Emmanuel era no
menos que un comodín y así lo vieron desde el presidente Chávez, pasando por la
coalición uribista, hasta RCN y Caracol.
Cuando el
presidente del vecino país anunció la liberación del pequeño, su madre y la ex
senadora Consuelo González, un sospechoso silencio y una hipócrita complacencia
se dejaron observar en las huestes uribistas. Ningún portavoz se inventó excusa
alguna, como antes había acaecido, y parecía que esta vez nadie frenaría esta
respuesta humanitaria a las tensiones de la guerra. Un hecho que indudablemente
realzaría la imagen de un Chávez fuertemente criticado en Colombia
La impaciencia
difundida desde los medios se hizo extensiva a la sociedad civil y mientras
propios y extraños clamaban porque Doña Clara Rojas por fin se reencontrara con
su hija y Emmanuel, tanto como las familiares del ex senadora Consuelo González
anhelaban abrazar a su pariente, en el alto Gobierno nadie se pronunciaba.
No obstante,
Chávez sugería tranquilidad y se mostraba confiado en hacerse a la victoria
política que significaba el hecho, al ser el principal gestor, junto con la
senadora Piedad Córdoba, de este gesto unilateral que tendrían las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc.
Quien ríe de
último ríe mejor, reza el adagio popular, y a carcajadas lo hizo el Gobierno
Colombiano cuando el último día del 2007 anunció que gracias a la llamada de un
desconocido habría localizado al pequeño Emmanuel en el Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar, ICBF. Emmanuel no estaba en poder de las Farc y era el
Estado quien había dado con su paradero.
Así,
aparentemente fue desmentida la postura de los insurgentes, quienes horas antes
anunciaron la suspensión de la liberación aduciendo ser objeto de la
persecución de la fuerza pública, cuando el presidente Uribe reiteraba que las
operaciones militares se habían suspendido mientras se producía esta
liberación.
Nadie se
preguntó por qué el presidente inició su discurso diciendo que desde hacía
tiempo le venían siguiendo la pista a ese niño para luego rectificar e indicar
que había sido tras los datos suministrados por un informante como habían
logrado ubicar el paradero del menor. No había por qué cuestionar tan
improcedentes detalles, pues la gran revelación demostraba que las Farc eran
los enemigos de la paz y que el presidente Chávez era su escudero.
"Las
Farc mienten, el gobierno colombiano cumple" era lo que pregonaban de
manera concluyente el presidente Uribe y el alto comisionado para la paz, Luis
Carlos Restrepo, luego de conocer la maravillosa coincidencia que era encontrar
al menor entre no se sabe cuántos miles más, justo cuando un Estado vecino
cercano a la oposición, estuvo a punto adjudicarse su liberación.
Una vez más las
indulgencias recaían sobre el Gobierno Nacional. La mediación de Chávez y
Piedad Córdoba en el retorno a la libertad de Consuelo González y Clara Rojas
habían pasado a un segundo plano, luego de que la gestión de nuestro Gobierno
permitió el reencuentro entre el pequeño Emmanuel y su madre.
La euforia fue
tal que las declaraciones de Consuelo González al periodista William Parra de
Telesur no nos dejaron considerar la parte que condenaba y desmentía al
Gobierno Uribe y sí la que convertía a los guerrilleros de las Farc en los más
temibles terroristas.
Tal vez la
indignación que produjo el conocer las condiciones en las que los insurgentes
mantuvieron cautivos a Consuelo González, privó a nuestros medios de
retransmitir al país la verdadera revelación: que efectivamente el Ejército
Nacional tenía ubicada la ruta que recorrían los secuestrados y que los
guerrilleros a cargo de la operación se vieron obligados a suspenderla, debido
a los bombardeos de los que fueron objeto.
Las Farc
mentían, incuestionablemente, pero el Gobierno Colombiano también, por partida
doble, y demostrando que su mayor interés no era el de encontrar a Emmanuel
sino el de frustrar toda la iniciativa de liberar a los tres
secuestrados.
Al final, muy
pocos cuestionaron la actitud de un gobierno que, obviamente, conocía el
paradero de Emmanuel mucho antes de lo expuesto y que hizo cuanto estuvo a su
alcance por frustrar la liberación de los secuestrados, únicamente por el afán
de evitar la reivindicación de sus detractores políticos.
Gracias al
soslayo de los medios de comunicación, el caso de Emmanuel no fue otra prueba
del indolente oportunismo que han expuesto en numerosas ocasiones el presidente
y sus copartidarios, como tampoco lo fue la campaña de desprestigio que inició
en contra de la oposición para arrebatarle la alcaldía de Bogotá y tampoco lo
serán su notable sectarismo, totalitarismo y maquiavelismo.
Mientras el
uribismo cuente con una plataforma tan eficiente como la que le ofrecen los
medios, jamás se verá afectado por las mil y una pruebas de su cercanía con la
mafia y el paramilitarismo. Nunca será noticia el crecimiento negativo de
nuestra economía, debido al elevado gasto público, sobre todo destinado al
equipamiento de las fuerzas militares y no lo serán todos los dramatismos sociales
que ha dejado su administración.
Así, por más
Emmanueles que pululen en la selva debido a la soberbia de nuestro mandatario,
la realidad seguirá fuera de nuestro alcance y los Uribes seguirán
reproduciéndose y acrecentando su poder, en virtud de las falacias que permite
nuestra democracia, más débil y nociva de lo que muchos reconocen.
Por Giovanni
González Arango / Redactor / 8º A. N.
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:13.
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Aquí en Colombia,
suceden tantas situaciones, sin tregua, que
las unas desplazan vertiginosamente a las otras, y uno apenas alcanza a
registrarlas, sin que se hayan asimilado debidamente.
Por ejemplo, nunca entendí bien porque Colombia
no coordinó con el gobierno de Ecuador el golpe al campamento de las Farc, en donde
murió Raúl Reyes. Parece que anteriores
intentos de operativos conjuntos no habían arrojado resultados positivos, por
eso las Fuerzas Armadas decidieron actuar por
su cuenta. Creo que si hay tantas evidencias (como parece que las hay)
de campamentos de las Farc en territorio ecuatoriano, Colombia ha debido y
debería generar una presión a ese país, y si ellos no actuaran como se esperara, entonces hacer una denuncia
internacional. En todo caso Colombia dio un golpe duro a las Farc, y la
reacción de Ecuador no se hizo esperar, una reacción, a mi parecer, desmedida,
sobreactuada. Y la parte de Venezuela que avivó el avispero no fue menos. Chávez
rompió relaciones con Colombia y mandó militarizar la frontera. Tengo que confesar
que a mi me entusiasmó Chávez en su primera etapa. Creí que un hombre con esa
nueva visión, que no hacía parte de la clase política tradicional, ni de los
grandes poderes, podía sacar a Venezuela adelante, resolver problemas sociales
atrasados. Cuando le dieron el golpe, aunque muchos lo aplaudieron, yo lo
lamenté, pues me parecía que de esta manera se boicoteaba una gran posibilidad
política, de espíritu democrático. De pronto, este hombre con mucha resistencia pero al que muchos creímos,
se desató en una delirante campaña bolivariana, vociferando ideas populistas en
la región, interviniendo ostentosamente en países vecinos, resucitando
implícitamente modelos que habían
colapsado estrepitosamente en muchos lugares del mundo, reiterando
egolátricamente su mesianismo y, todo
esto, deplorablemente, sin haber resuelto los grandes problemas de su país.
Peor aún, mientras Chávez arenga públicamente en América latina, Venezuela
al parecer se complica, se polariza y se
descompone social y políticamente.
Sí, una
desilusión. Hoy, lo que en un momento pareció una posibilidad, se redujo a una
colorida charada, que casi todo el mundo repele y no le conceden importancia. A
mi la verdad me pareció insólito cuando el
gobierno aceptó que fuera mediador frente a el problema de los secuestrados de las Farc. Sin embargo allí se
enredó, quiso torpemente autopublicitarse sin medida, se congració abiertamente
con las Farc y terminó vinculado a ellas y desprestigiado. Me molestaba mucho
como de manera casi chabacana le pedía a Uribe que le autorizara encuentros con
la cúpula de las Farc. Daba la sensación que, por el tono que utilizaba, para él
éste era un asunto corriente, algo casi folclóriko que podía resolver fácilmente. Si para quienes creímos en algún
momento en él nos fastidiaba con esta trivialización, imagínense como podría
ser para sus permanentes detractores. En fin, del Chávez inicial, que pudo
generar expectativa y posibilidades, sólo va quedando un sainete pobre, al que
además le caen encima todos los posibles
contradictores. Y sus permanentes desafíos a Estados Unidos tampoco le ayudan
mucho.
Del
presidente Correa me extraña que haya llevado el asunto a semejantes extremos radicales. Se entiende que su
gobierno sea de izquierda y que no deba complacerse con una intervención
militar de Colombia. ¿Pero acaso no se da cuenta que estos campamentos no eran
temporales, y que allí se guarecían las cabezas de una organización perseguida
como terrorista? Creo que también aprovecha para cobrar protagonismo y
derrochar demagogia, pero tengo la impresión que no le paran tantas bolas. Por
otra parte a las Farc ya las tienen super ubicadas y que es el problema de los
secuestrados el que les sirve de escudo y protección. Por otra parte resulta
amargamente paradójico, que la organización que alguna vez nació con el ideal de cambio para el país
hoy se haya convertido en un obstáculo para resolver los graves problemas de
nuestro país. Pues a mi me parece que tanto esfuerzo, tanto recurso y tanta
atención política dedicados a este problema con las Farc, desplazan la mira y
la prioridad de los sentidos y muy serios problemas que viven los colombianos.
Lo de la muerte de Reyes me pareció que
se cobró con un triunfalismo excesivo y un poco crudo, algo raro, pues Uribe,
aunque es firme y categórico no es ostentoso en sus victorias.
Sí, aún
subsisten en algunos de mi generación una rara decepción por los ideales que nunca se dieron. Pero en cuanto a
Reyes, en la época del Caguán, por donde
desfilaron admirativas o por lo menos coincidentes muchas organizaciones sociales del país, él
era, de los jefes, el que más parecía reacio, desconfiado, arrogante,
intransigente. A mí nunca me gustó el gobierno de Pastrana. O mas exactamente
Pastrana, por su frivolidad y ligereza.
Pero nadie puede desconocer que abrió una valiosa puerta en la negociación política,
para la paz. Las Farc, hábilmente la utilizaron, se sirvieron de ella dándose
un inusitado baño de popularidad, luego se burlaron del asunto y la despreciaron con un portazo.
Fue una gran oportunidad.
Ahora las
cosas son distintas. Son como son.
Por: Ricardo Suárez R.
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 10:54.
en General.
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-¿Otra vez, Elvira?- dijo doña Esther, sacudiendo un libro en la cara de Elvira.
Elvira le tenía terror a su jefa. O más bien, asco. Era una vieja completamente insoportable, que hacía de su trabajo una desgracia.
-No sé, doña Esther, yo siempre tengo todo ventilado, limpio los estantes, las cubiertas de los libros… pero nunca los abro, yo no tengo nada que ver con eso…- Era mentira, en sus escasos ratos de ocio, Elvira adoraba perderse entre las letras de cuanto libro le llamara la atención -.
-Pero por algo tiene que ser, ya va más de una docena de libros que nos devuelven porque no se pueden leer, y estuve viendo que en las estanterías hay más.
-¿No será algún hongo… o humedad?
-Justamente… ¿No será que usted no mantiene la higiene del lugar como es debido? Esta noche me voy a quedar a ver bien cuántos libros están en ese estado… ¡Esto es un desastre, no puede ser!... ¿Qué se queda mirándome? Siga limpiando, antes de que no quede un libro legible.
- "Cómo me gustaría verla culo para arriba refregando los estantes, qué sabrá lo que es el dolor de espalda, siempre pintadita y perfumada, atendiendo a los clientes toda estirada, como si ella hubiera escrito los libros. Por qué no se morirá de una vez, vieja de m…" Elvira siguió mascullando su impotencia, como todos los días.
A la mañana siguiente, al bajar del ómnibus que la dejaba casi en la puerta de la biblioteca, vio una aglomeración de gente, tres patrulleros y una ambulancia negra. El lugar estaba cerrado y precintado. Entre los curiosos se encontró con su compañera Susana, y se acercó a preguntarle qué había pasado.
-Es doña Esther, la encontraron muerta hoy temprano, parece que está desde anoche.
Elvira sintió primero un ataque de culpa, que fue rápidamente reemplazado por un gozo creciente. Pero puso cara de circunstancia:
-Pobre… ¿Qué le pasó? ¿Entraron ladrones?
-Parece que no, no tiene ninguna herida.
-Habrá sido un infarto… Tenía tan mal carácter, siempre se hacía mala sangre por cualquier cosa… - Elvira no podía evitar dejar traslucir cuánto la odiaba, pero decir ahora que era una vieja de… no sería apropiado.
-¿Y si fue el asesino de las bibliotecas?
-¿Quién???
-¡No me digas que no sabes nada! Ya pasó en otras bibliotecas, salió en el noticiero. Encuentran empleados muertos, y nadie sabe qué les pasó.
Elvira se fastidió. El gozo que la embargaba se había velado.
-¿En otras bibliotecas de Buenos Aires?
-No, de todo el mundo. Supongo que mañana estará cerrado por duelo, pero pasado tenemos que venir… ¿No te da miedo? Yo creo que las bibliotecas están malditas, por eso se muere gente y se borran los libros. Me da una angustia cuando me tengo que quedar hasta tarde sola limpiando…
-A mí miedo no me… daba. ¿Lo de que se borran los libros también está pasando en otros lados? ¡Y doña Esther que me echaba la culpa a mí! ¡Vieja de…! Bueno, digo… Que en paz descanse…
Nofret
II
La gran fiesta de aquella ciudad de provincias se presentaba fría y neblinosa, la gente del lugar no recordaba una Semana Santa con tanta niebla, los pasos de las procesiones caminaban perdidos por las callejuelas de la vieja ciudad.
Y llegó la noche del miércoles santo, aquella procesión siempre había tenido algo muy especial. Su indumentaria sencilla y campestre (una capa utilizada por los pastores para protegerse del frío y la lluvia); unos faroles con luz mortecina de velas, el sonido lúgubre de instrumentos solemnes de viento (trombón, bombardino), y una talla del Cristo llamado por el pueblo "de la calavera", junto con unas rudas matracas, hacían de esta procesión algo más que un desfile al uso. Las calles angostas y empedradas, aumentaban el ambiente de funeral y tragedia.
El miércoles santo de aquella Semana Santa del 2008, iba a tener un ingrediente más para aumentar la leyenda. En el momento en que todo el pueblo se congregaba en la reducida plaza empedrada y con una cruz de piedra en el medio para escuchar el Miserere castellano, interpretado por el coro, compuesto por algunos hermanos de la Cofradía, se produjo algo inesperado: de la cruz de piedra, comenzó a brotar sangre que se mezclaba con tinta negra, en un hilillo fino pero incesante. Poco a poco se inundó la plaza de gente asustada, miraba aterrada hacia un lado y otro, unos rezaban de rodillas y la mayoría se quedaron petrificados. Alguien dio la voz de alarma:
- Allí, allí… ¡¡¡Mirad!!!
Una capa alistana se perdía entre la niebla, al tiempo que una jauría exaltada le seguía el rastro, dejando la plaza vacía. Pronto se internaron en la Avenida. del Mengue, la valla protectora impidió que descarrilaran como ovejas en los brazos del río Duero; éste, ajeno una vez más a las confabulaciones humanas, acunaba en su regazo una niebla densa, y justo en el medio, una luz roja persistente se iba alejando dirección oeste. Al cabo de 5 minutos, la gente volvió de nuevo a la plaza, y allí encontraron algo aún más espectacular: el párroco de la iglesia había sido crucificado boca abajo y de cara a la cruz de piedra de la plaza, junto a su cabeza, una Biblia aparecía abierta en blanco, con un charco de tinta junto al lomo del libro.
Jimul
III
- Buenas hermano, ¿qué tal todo por aquí?
- Tranquilo más bien, ahí le dejo las llaves y me voy pitando porque no me quiero perder el partido.
- Váyase de una, que yo me doy una vuelta y después enciendo la tele, ¿en qué canal lo pasan?
- En Caracol, creo. Nos vemos.
- Chao.
Antonio acompañó a su compañero hasta la puerta principal de la biblioteca, se dieron la mano y volvió a su puesto. Se quitó la gorra, y encendió el aparato de televisión. Localizó el canal pero como estaban presentando entrevistas, decidió hacer la ronda por la sala general. Su cuerpo delgado, casi enjuto, pequeño y cetrino proyectaba una sombra achatada sobre las paredes de la sala, avanzó por entre las mesas casi de puntillas, tantos años trabajando de celador en la biblioteca y aún no se acostumbraba a ese silencio de tumba. Apagó algunas luces, disminuyó la intensidad de las lámparas del centro, avanzó hasta el pasillo, desembocando en la hemeroteca, escogió unos cuantos periódicos, apagó un lector de textos que se había quedado encendido y volvió a la sala. Consultó su reloj. Aún faltaba un cuarto de hora para que empezara el partido, así que decidió buscar un libro para entretenerse por si se aburría de los periódicos. Escogió uno de Vargas Llosa y otro de un tal Truman Capote. No necesitaba más.
Revisó los baños, los pasillos, y se dispuso a preparar un café. Dejó los libros y los periódicos en su escritorio, dio un golpe a la tele a ver si mejoraba la imagen, pues el viejo trasto ya estaba pidiendo reemplazo. Se sirvió una taza grande, sin azúcar y mientras lo saboreaba se sentó echando el espaldar hacía atrás y colocando los pies sobre la tapa del escritorio.
El locutor presentaba excusas a la audiencia, el partido se retrasaba por problemas de luz en el Maracaná, así que decidió llamar a su mujer y entretenerse un rato.
Antonio hablaba en voz baja, por costumbre, pues se hallaba completamente solo, las palabras cariñosas salían de sus labios despacio, mientras sus ojillos brillantes recorrían la estancia para detenerse en sus manos, contemplaba sus uñas pero estaba pendiente de la voz de María que le hablaba de su trabajo como secretaria, y de un curso al que la empresa la obligaba a asistir.
Una especie de goteo suave llamó en un momento su atención y pensó que ya estaba lloviendo, se lo dijo a María quien le contesto que por su barrio no llovía; Antonio recordó a su compañero, que en esos momentos estaría esperando el bus para irse a su casa, seguro que se empaparía, pues esas lluvias repentinas son muy traicioneras.
Una media hora estuvo hablando con María hasta que empezó el partido, se despidió y prometió llamarla en cuanto finalizara.
Se acomodó, se concentró en el partido y gritaba o se ponía de pie a medida que transcurría la acción, cosa que no pasaba muy a menudo pues el juego estaba resultando bastante aburrido, ninguno de los equipos se atrevía a atacar. Antonio pensó – ¿y para jugar así viajan tan lejos?, les hace falta verraquera, eso es lo que les falta sí señor.
El goteo se hacía más fuerte, pero Antonio seguía viendo el partido aunque a veces lanzaba grandes bostezos a la pantalla.
Una vez concluida la primera parte, decidió darse una vuelta por los pasillos, el ruido del goteo se hacía cada vez más fuerte a medida que se acercaba a la sala general. – Debe ser por la marquesina del techo – se dijo dándose la vuelta para volver a su escritorio; sin embargo al avanzar casi pierde el equilibrio, había pisado un líquido viscoso y se agachó a mirar, palpó y le dio la impresión de que era aceite o algo parecido, comprobó con sus dedos la consistencia y no supo qué podría ser.
De lejos oyó la voz del locutor. La segunda parte del partido estaba por empezar.
Dudó entre volver a su sitio o echar una ojeada a la sala general,
para ver qué diablos era esa mierda. Se decidió a abrir la puerta y todo parecía estar igual a como lo había dejado antes, sin embargo por el suelo se veían chorreones del mismo líquido. Siguiendo con la linterna los caminos sinuosos llegó hasta los estantes traseros, de allí parecía manar aquello. Se acercó, estiró el mentón como para poder oler, pero solamente el olor de los libros llegó a su nariz, y sin embargo pensó en el olor de los cementerios.
Revisó las paredes, no había grietas, tomó uno de los libros que estaba a su alcance, lo abrió y el libro estaba completamente blanco.
A la mañana siguiente la biblioteca no abrió sus puertas al público. Nadie le informa a María dónde está su marido Antonio y en la morgue hay un cadáver totalmente desangrado e imposible de identificar pues no tiene huellas dactilares, ni muelas, y su piel está tan fosilizada que es casi imposible determinar su ADN.
Gladys
IV
Dos semanas después, cuando María salió a fumarse un cigarro tras la penúltima conferencia del curso que su empresa le obligaba a hacer – reciclaje profesional, le habían dicho – la asaltó una muchacha con gabardina, sombrero y pipa en la boca.
- Es usted María Doscientos?, la esposa del desaparecido Antonio Cien mil que trabajaba en una Biblioteca de Bogotá, como vigilante nocturno?
- Así es - contesto nerviosa, llevaba dos semanas en vilo intentando rehacer su vida normal sin conseguirlo - ¿sabe dónde se encuentra?
- Verá usted – explicó la mujer ataviada de Sherlock – creo que su marido corrió la misma suerte que Doña Esther, mi jefa en una biblioteca de Buenos Aires.
- ¿Ester? – preguntó extrañada María.
- No, no, Esther, con te-hache, es que era extranjera, supongo.
- ¡Ah!
- Bien, soy Elvira Uno. Trabajaba de dependienta en una librería, allí, como en otras muchas librerías y bibliotecas, dejó su huella el Asesino de las bibliotecas.
- ¿El Asesino de las bibliotecas?, ¿quiere decir que mi marido fue asesinado?
- Eso me temo señora. Lo siento mucho o I"m sorry so much, que diría nuestro amigo Holmes.
- ¿¿¿???.
-Es igual, no me haga caso, ando practicando mi Inglés, my English, ¿sabe?, para mi viaje a Londres. Allí también han ocurrido varios asesinatos del mismo estilo.
- ¿En las bibliotecas de Londres?
- ¡Hum…! , no, allí actúa el asesino del cumpleaños, que es el hermano gemelo del asesino de las bibliotecas, es igual, pero asesina sólo a personas que cumplen años, les tira de las orejas hasta que se desangran.
- ¡Ahhh!
- En fin, María, ahora marcho hacia Zamora, donde acaban de descubrir a un sacerdote crucificado bocabajo con una Biblia en blanco. ¿Le gustaría acompañarme en esta aventura detectivesca? Me vendría bien una compañera en plan Watson o Sancho Panza, ya sabe.
- Sí, iré con usted. No descansaré hasta que encontremos al asesino de mi marido, era tan bueno él…
María se compró una gabardina en la primera tienda que encontró y las dos mujeres, como si llevasen toda la vida trabajando juntas, salieron rumbo a Zamora en busca de más pistas que las condujesen hacia el Asesino de las bibliotecas.
Cerro
V
Las dos mujeres atravesaron finalmente una de las puertas de la BNF, ya les había tomado un buen tiempo ponerse de acuerdo sobre por cuál de las cuatro torres deberían comenzar su búsqueda.
- "No me pueden acabar de gustar las bibliotecas modernas" dijo una.
- "¿Por?"
- "Hay como algo, un presagio, como si ayudaran a esos profetas de lo libros digitales"
- "La BNF es linda, mira el Sena a un lado, al otro lado las vías de tren, uno diría que es un símbolo de viaje, el libro entre los trenes y los ríos"
- "No me hables de viajes, hemos andado por todo el mundo escuchando historias absurdas, de lo único que no nos han hablado es de ovnis"
- "No íbamos a terminar nunca si seguíamos escuchando a la gente. Ya la muerte de Esther anunciaba que el asesino estaba en los libros"
- "¿El Hongo?"
- "No. O no necesariamente, pero la clave debería estar en los libros. Si uno busca a un ladrón de ganado hay que buscar en las vacas"
- "Los libros no son ganado"
- "Con mayor razón, el asesino de las bibliotecas tenía que seguir algún patrón que estuviera dentro de los libros"
- "En ese caso, la BNF va bien, es la única biblioteca donde los edificios tienen forma de libros. La clave debe estar dentro de libros que están dentro de libros"
- "Sí, pero el asesino debe ser un buen lector, y un buen lector no piensa en metaliteraturas, la metaliteratura es repugnante"
- "¿Si no era eso porque no ir a la biblioteca del congreso de Estados Unidos?, allí hay aún más libros"
- "Está gastada como lugar, todas las teorías de conspiración tienen una escena en la Library"
- "Pero aquí hay una conspiración, cuatro personas muertas alrededor del mundo"
- "Sabes como es de delicada la frontera, algunos asuntos oscuros y tienes "Leviatán", muchos y tienes un beast seller"
- "De todas maneras estamos entrando a un libro lleno de libros, eso debe querer decir algo"
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