5 de Abril, 2008, 12:52: NofretAlaprima



    Voy cruzando la plaza, ya desde lejos la catedral me sorprende como siempre, y se impone a todo. Su altura desmesurada la pierde en el cielo, y el vértigo surrealista no deja lugar para ninguna otra cosa.
    Pero al fin la supero, encaminándome sin pensarlo hacia su derecha, y allí está. El cruce de calles. La 51, la cincuenta y la diagonal.
    La niña camina ligera a los saltitos hacia la 51, viene del centro, y se trepa a las rejas de la escuela normal. También busca pichones en los fosos del costado de la catedral. Quiere llegar a casa… pero no puede, así que tira y tira, y yo siento que me desgarro. Mi niña, no puedo, ya no vivimos ahí… Y mi alma quiere seguir por la 51, quiere llegar a 16, dar la vuelta y entrar. Encontrar a mi abuela esperándome con chocolate caliente, a mi madre joven y llena de vida. Tira mi niña, tira furiosa, desesperada. Le doy el gusto y camino hasta la esquina, pero mis pies deformes no me permiten alargar más el paseo, así que la arranco de su vida y me la llevo gritando. Llego a la cincuenta. Mi tierna adolescente viene de la escuela, quiere doblar… y no quiere. No quiere porque allí hay un monstruo. Pero a veces hay una prima, o una amiga, y sueños… una catarata desbordante de sueños maravillosos. No, mi niña, ya tampoco vivimos ahí. La nostalgia me retuerece.
    Y entonces asoma amenazante la vieja diagonal. La que mi niña recorría extasiada por su tapizado de florcitas lilas, por su mansión extraña, única en la ciudad… y por ese edificio amarillo. Cosa tan rara ese edificio... ¿Cómo será vivir en el aire? Piensa, mientras observa gustosa sus pies llenos de lila. Horrible, mi niña, es horrible. La diagonal me absorbe, me atrapa, la mansión queda atrás y no hay lilas (y si las hay, yo no las veo) Mi cuerpo dolorido no viene de ninguna parte, me lleva contra mi voluntad, me niego, mi alma se agarra de los paraísos de la 51, de los tilos de la cincuenta, y ahí se queda aferrada. Sin alma, me arrastro hasta el edificio amarillo. Me encorvo al trepar su escalera. Una caja me traga, me digiere, y me escupe en un agujero en lo más alto de la torre. Ya llegué, séptimo círculo del infierno…digo... séptimo piso.

Por: Nofret
5 de Abril, 2008, 12:47: ÁgataUn libro para ti


Título: La mujer justa

Autor: Sándor Márai

Editorial: Salamandra – Narrativa

 

    Este escritor nacido en 1900 - 1989  en Kassa, una pequeña población de Hungría, tuvo que esperar a que llegara el ocaso del comunismo para ser redescubierto en su país. Radicado en los Estados Unidos desde 1948, hasta 1989, año en que decidió poner fin a su existencia. 

    Su obra aún permanece en una especie de limbo, del cual las editoriales, de vez en cuando editan algo para el gran público y casi por azar caen en nuestras manos ejemplares como este de LA MUJER JUSTA, que en principio tiene nombre de telenovela, lo cual nos lleva a sospechar un tufillo raro, sin embargo, si vencemos las barreras de los prejuicios nos encontramos con una historia de pasión, mentiras, traición, crueldad y hasta complejos de clase – ¿a qué parece un culebrón? – pues sí, porque la vida misma es un eterno culebrón, que se salva de la ramplonería por la forma en qué está escrito, la manera de narrar poniendo en las voces de los personajes  que conforman la novela sus sentimientos, sus desconciertos, su búsqueda de la felicidad hacen de LA MUJER JUSTA una especie de ventana desde donde podemos ver lo que piensa, total y sinceramente una mujer después de su divorcio; un hombre ante el abandono de sus dos esposas; y por último, la amante desencantada.

Por: Ágata

5 de Abril, 2008, 12:43: La Dirección.General


    La izquierda no ha sido capaz de imponer su modelo de desarrollo o de anular el de la derecha, vaga en un limbo teórico cuyas tesis no resisten el paso del tiempo. Por su parte la derecha no sabe bien para donde coger, a veces coquetea con el centro para retroceder cada vez que le conviene. Vivimos una época en que los políticos de cualquier ideología,  no se preocupan de los problemas reales de los pueblos, sus discursos vacíos recurren desesperadamente a filosofías obsoletas centradas en las clases obreras, comunistas, socialistas o demócratas, según les convenga o siguiendo los consejos de sus asesores de imagen,  dejando de lado la expresión colectiva, a la vez que se escudan en ella para cautivar nuevos adeptos,  su esfuerzo se centra en conseguir el poder, desde cualquier esquina en que se encuentren: veamos los casos, en Italia Berlusconi y su poder económico centrado prioritariamente en los medios masivos de comunicación; Sarkozy en Francia encandilando tanto a la prensa rosa como a la política con apariciones oportunas y muy bien montadas para causar el mayor impacto mediático posible; Bush en Estados Unidos, con su prepotencia al atribuirse paladín del bien de la humanidad, lo que le da derecho a arrasar pueblos, exterminar culturas y apoderarse de riquezas; Putin tejiendo en silencio pero laboriosamente una red que le permita perpetuarse en el poder para dignificar a la santa madrecita Rusia y devolverle su gloria, Chávez, apela al patriotismo desde la esquina de lo popular, aprovecha sus condiciones histriónicas para insuflar su discurso con frases que exaltan las lágrimas y enardecen los corazones.

    No importa de que lado se esté o que bandera esgriman, los políticos saben la importancia del poder, del dominio y la manipulación y dedican su vida entera a perfeccionar sus tácticas, olvidando la razón de ser de un político: lo social, la gente.

    No quedan opciones y cada vez más el hombre librepensador es expulsado de su paraíso particular, condenado a vivir en el exilio.

La Dirección.


5 de Abril, 2008, 12:24: Giovanni GonzálezHablando de...

Las Farc mintieron, el Gobierno colombiano y la prensa… también 

El pequeño Emmanuel, a quien el país reconoció como el hijo de la guerra, ha retornado a los brazos de su madre, que después de seis años de cautiverio goza de su libertad. Cabe cuestionarse qué tan humanas han sido las pretensiones de quienes lo permitieron.

 

    Como ha sucedido a lo largo de la era Uribe, también en el caso de Emmanuel la prensa colombiana dejó ver su tendenciosidad y el oportunismo que precede a su deber de informar veraz e imparcialmente. Una vez más la falta de ética fue la nota predominante de la labor mediática; esa que siembra y acrecienta los odios ya existentes en nuestras sociedades, mucho menos humanas y conscientes, mucho más crueles y volátiles.

    Como en el caso de la parapolítica, de los falsos positivos de las autoridades, de la cercanía del alto Gobierno con la mafia, entre otras realidades deformadas u omitidas, cuando no soslayadas, los medios nacionales desplegaron sus apolilladas banderas uribistas y el pequeño Emmanuel se convirtió en el trofeo de guerra de un Gobierno que, antes de la noticia, se encontraba al borde de la crisis.

    Otra vez la opinión cayó en el juego. Otra vez creyó en la victoria del bien, sin siquiera preguntarse por qué quienes en su nombre tendrían derecho a abanderarse, necesariamente, debían estar del lado del uribismo y lo malos –la guerrilla y toda la oposición- estarían del otro lado.

    Así, quien se atreviese a cometer el pecaminoso acto del disentimiento, sin duda alguna, guerrillero sería y con el nombre del mal se cobijaría. Una casería de brujas se lanzaba entonces y los enemigos del establecimiento serían condenados, sin el menor cuestionamiento de parte bastos sectores de la opinión nacional hacia la administración Uribe.

    Para beneplácito de la coalición de Gobierno, la noticia no era que una víctima de la guerra que el mismo Estado engendró estaba próximo a alcanzar la libertad que en cuatro años de vida le era desconocida.

    La rescatable no era que Doña Clara Rojas por fin tendría entre sus brazos a su nietecito, gracias a la satanizada mediación de la senadora Piedad Córdoba y la del presidente venezolano Hugo Chávez.

    Lo plausible no era que por primera vez en la era Uribe uno de esos colombianos víctimas de la guerra recobraría la libertad y no en virtud de la política de seguridad democrática, injustificadamente elogiada, sino como producto del diálogo y del consenso, totalmente adversos a la postura uribista.

    Emmanuel, como todas las víctimas de esta guerra era la presea que se disputaban los fetiches del poder. Era el arma política que convertiría a su poseedor en un mesías; en el hacedor de la verdad; en el más firme persecutor de la paz. Emmanuel era no menos que un comodín y así lo vieron desde el presidente Chávez, pasando por la coalición uribista, hasta RCN y Caracol.

    Cuando el presidente del vecino país anunció la liberación del pequeño, su madre y la ex senadora Consuelo González, un sospechoso silencio y una hipócrita complacencia se dejaron observar en las huestes uribistas. Ningún portavoz se inventó excusa alguna, como antes había acaecido, y parecía que esta vez nadie frenaría esta respuesta humanitaria a las tensiones de la guerra. Un hecho que indudablemente realzaría la imagen de un Chávez fuertemente criticado en Colombia

    La impaciencia difundida desde los medios se hizo extensiva a la sociedad civil y mientras propios y extraños clamaban porque Doña Clara Rojas por fin se reencontrara con su hija y Emmanuel, tanto como las familiares del ex senadora Consuelo González anhelaban abrazar a su pariente, en el alto Gobierno nadie se pronunciaba.

    No obstante, Chávez sugería tranquilidad y se mostraba confiado en hacerse a la victoria política que significaba el hecho, al ser el principal gestor, junto con la senadora Piedad Córdoba, de este gesto unilateral que tendrían las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc. 

    Quien ríe de último ríe mejor, reza el adagio popular, y a carcajadas lo hizo el Gobierno Colombiano cuando el último día del 2007 anunció que gracias a la llamada de un desconocido habría localizado al pequeño Emmanuel en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF. Emmanuel no estaba en poder de las Farc y era el Estado quien había dado con su paradero.  

    Así, aparentemente fue desmentida la postura de los insurgentes, quienes horas antes anunciaron la suspensión de la liberación aduciendo ser objeto de la persecución de la fuerza pública, cuando el presidente Uribe reiteraba que las operaciones militares se habían suspendido mientras se producía esta liberación.

    Nadie se preguntó por qué el presidente inició su discurso diciendo que desde hacía tiempo le venían siguiendo la pista a ese niño para luego rectificar e indicar que había sido tras los datos suministrados por un informante como habían logrado ubicar el paradero del menor. No había por qué cuestionar tan improcedentes detalles, pues la gran revelación demostraba que las Farc eran los enemigos de la paz y que el presidente Chávez era su escudero.

     "Las Farc mienten, el gobierno colombiano cumple" era lo que pregonaban de manera concluyente el presidente Uribe y el alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, luego de conocer la maravillosa coincidencia que era encontrar al menor entre no se sabe cuántos miles más, justo cuando un Estado vecino cercano a la oposición, estuvo a punto adjudicarse su liberación.

    Una vez más las indulgencias recaían sobre el Gobierno Nacional. La mediación de Chávez y Piedad Córdoba en el retorno a la libertad de Consuelo González y Clara Rojas habían pasado a un segundo plano, luego de que la gestión de nuestro Gobierno permitió el reencuentro entre el pequeño Emmanuel y su madre.

    La euforia fue tal que las declaraciones de Consuelo González al periodista William Parra de Telesur no nos dejaron considerar la parte que condenaba y desmentía al Gobierno Uribe y sí la que convertía a los guerrilleros de las Farc en los más temibles terroristas. 

    Tal vez la indignación que produjo el conocer las condiciones en las que los insurgentes mantuvieron cautivos a Consuelo González, privó a nuestros medios de retransmitir al país la verdadera revelación: que efectivamente el Ejército Nacional tenía ubicada la ruta que recorrían los secuestrados y que los guerrilleros a cargo de la operación se vieron obligados a suspenderla, debido a los bombardeos de los que fueron objeto.  

    Las Farc mentían, incuestionablemente, pero el Gobierno Colombiano también, por partida doble, y demostrando que su mayor interés no era el de encontrar a Emmanuel sino el de frustrar toda la iniciativa de liberar a los tres secuestrados. 

    Al final, muy pocos cuestionaron la actitud de un gobierno que, obviamente, conocía el paradero de Emmanuel mucho antes de lo expuesto y que hizo cuanto estuvo a su alcance por frustrar la liberación de los secuestrados, únicamente por el afán de evitar la reivindicación de sus detractores políticos.  

    Gracias al soslayo de los medios de comunicación, el caso de Emmanuel no fue otra prueba del indolente oportunismo que han expuesto en numerosas ocasiones el presidente y sus copartidarios, como tampoco lo fue la campaña de desprestigio que inició en contra de la oposición para arrebatarle la alcaldía de Bogotá y tampoco lo serán su notable sectarismo, totalitarismo y maquiavelismo.

    Mientras el uribismo cuente con una plataforma tan eficiente como la que le ofrecen los medios, jamás se verá afectado por las mil y una pruebas de su cercanía con la mafia y el paramilitarismo. Nunca será noticia el crecimiento negativo de nuestra economía, debido al elevado gasto público, sobre todo destinado al equipamiento de las fuerzas militares y no lo serán todos los dramatismos sociales que ha dejado su administración.

    Así, por más Emmanueles que pululen en la selva debido a la soberbia de nuestro mandatario, la realidad seguirá fuera de nuestro alcance y los Uribes seguirán reproduciéndose y acrecentando su poder, en virtud de las falacias que permite nuestra democracia, más débil y nociva de lo que muchos reconocen.    

Por Giovanni González Arango / Redactor / 8º A. N.

5 de Abril, 2008, 12:13: Ricardo Suárez R.Hablando de...

   


    Aquí en Colombia, suceden tantas situaciones, sin tregua,   que las unas desplazan vertiginosamente a las otras, y uno apenas alcanza a registrarlas, sin que se hayan asimilado debidamente.

Por ejemplo, nunca entendí bien porque Colombia no coordinó con el gobierno de Ecuador  el golpe al campamento de las Farc, en donde murió Raúl Reyes. Parece  que anteriores intentos de operativos conjuntos no habían arrojado resultados positivos, por eso las Fuerzas Armadas decidieron actuar por  su cuenta. Creo que si hay tantas evidencias (como parece que las hay) de campamentos de las Farc en territorio ecuatoriano, Colombia ha debido y debería generar una presión a ese país, y si ellos no actuaran como se  esperara, entonces hacer una denuncia internacional. En todo caso Colombia dio un golpe duro a las Farc, y la reacción de Ecuador no se hizo esperar, una reacción, a mi parecer, desmedida, sobreactuada. Y la parte de Venezuela que avivó el avispero no fue menos. Chávez rompió relaciones con Colombia y mandó militarizar la frontera. Tengo que confesar que a mi me entusiasmó Chávez en su primera etapa. Creí que un hombre con esa nueva visión, que no hacía parte de la clase política tradicional, ni de los grandes poderes, podía sacar a Venezuela adelante, resolver problemas sociales atrasados. Cuando le dieron el golpe, aunque muchos lo aplaudieron, yo lo lamenté, pues me parecía que de esta manera se boicoteaba una gran posibilidad política, de espíritu democrático. De pronto, este hombre con  mucha resistencia pero al que muchos creímos, se desató en una delirante campaña bolivariana, vociferando ideas populistas en la región, interviniendo ostentosamente en países vecinos, resucitando implícitamente modelos que  habían colapsado estrepitosamente en muchos lugares del mundo, reiterando egolátricamente su mesianismo y,  todo esto, deplorablemente, sin haber resuelto los grandes problemas de su país. Peor aún, mientras Chávez arenga públicamente en América latina, Venezuela al  parecer se complica, se polariza y se descompone social y políticamente.

      Sí, una desilusión. Hoy, lo que en un momento pareció una posibilidad, se redujo a una colorida charada, que casi todo el mundo repele y no le conceden importancia. A mi la verdad me pareció insólito cuando el  gobierno aceptó que fuera mediador frente a el problema de los  secuestrados de las Farc. Sin embargo allí se enredó, quiso torpemente autopublicitarse sin medida, se congració abiertamente con las Farc y terminó vinculado a ellas y desprestigiado. Me molestaba mucho como de manera casi chabacana le pedía a Uribe que le autorizara encuentros con la cúpula de las Farc. Daba la sensación que, por el tono que utilizaba, para él éste era un asunto corriente, algo casi folclóriko que podía resolver  fácilmente. Si para quienes creímos en algún momento en él nos fastidiaba con esta trivialización, imagínense como podría ser para sus permanentes detractores. En fin, del Chávez inicial, que pudo generar expectativa y posibilidades, sólo va quedando un sainete pobre, al que además le caen  encima todos los posibles contradictores. Y sus permanentes desafíos a Estados Unidos tampoco le ayudan mucho.

      Del presidente Correa me extraña que haya llevado el asunto a semejantes  extremos radicales. Se entiende que su gobierno sea de izquierda y que no deba complacerse con una intervención militar de Colombia. ¿Pero acaso no se da cuenta que estos campamentos no eran temporales, y que allí se guarecían las cabezas de una organización perseguida como terrorista? Creo que también aprovecha para cobrar protagonismo y derrochar demagogia, pero tengo la impresión que no le paran tantas bolas. Por otra parte a las Farc ya las tienen super ubicadas y que es el problema de los secuestrados el que les sirve de escudo y protección. Por otra parte resulta amargamente paradójico, que la organización que alguna  vez nació con el ideal de cambio para el país hoy se haya convertido en un obstáculo para resolver los graves problemas de nuestro país. Pues a mi me parece que tanto esfuerzo, tanto recurso y tanta atención política dedicados a este problema con las Farc, desplazan la mira y la prioridad de los sentidos y muy serios problemas que viven los colombianos. Lo de la  muerte de Reyes me pareció que se cobró con un triunfalismo excesivo y un poco crudo, algo raro, pues Uribe, aunque es firme y categórico no es ostentoso en sus victorias.

      Sí, aún subsisten en algunos de mi generación una rara decepción por los  ideales que nunca se dieron. Pero en cuanto a Reyes, en la época del  Caguán, por donde desfilaron admirativas o por lo menos coincidentes  muchas organizaciones sociales del país, él era, de los jefes, el que más parecía reacio, desconfiado, arrogante, intransigente. A mí nunca me gustó el gobierno de Pastrana. O mas exactamente Pastrana, por su frivolidad y  ligereza. Pero nadie puede desconocer que abrió una valiosa puerta en la negociación política, para la paz. Las Farc, hábilmente la utilizaron, se sirvieron de ella dándose un inusitado baño de popularidad, luego se burlaron  del asunto y la despreciaron con un portazo. Fue una gran oportunidad.

      Ahora las cosas son distintas. Son como son.
  

Por: Ricardo Suárez R.

5 de Abril, 2008, 10:54: Creación del grupo caelanocheGeneral



-¿Otra vez, Elvira?- dijo doña Esther, sacudiendo un libro en la cara de Elvira.

Elvira le tenía terror a su jefa. O más bien, asco. Era una vieja completamente insoportable, que hacía de su trabajo una desgracia.

-No sé, doña Esther, yo siempre tengo todo ventilado, limpio los estantes, las cubiertas de los libros… pero nunca los abro, yo no tengo nada que ver con eso…- Era mentira, en sus escasos ratos de ocio, Elvira adoraba perderse entre las letras de cuanto libro le llamara la atención -.

-Pero por algo tiene que ser, ya va más de una docena de libros que nos devuelven porque no se pueden leer, y estuve viendo que en las estanterías hay más.

-¿No será algún hongo… o humedad?

-Justamente… ¿No será que usted no mantiene la higiene del lugar como es debido? Esta noche me voy a quedar a ver bien cuántos libros están en ese estado… ¡Esto es un desastre,  no puede ser!... ¿Qué se queda mirándome? Siga limpiando, antes de que no quede un libro legible.

- "Cómo me gustaría verla culo para arriba refregando los estantes, qué sabrá lo que es el dolor de espalda, siempre pintadita y perfumada, atendiendo a los clientes toda estirada, como si ella hubiera escrito los libros. Por qué no se morirá de una vez, vieja de m…" Elvira siguió mascullando su impotencia, como todos los días.

A la mañana siguiente, al bajar del ómnibus que la dejaba casi en la puerta de la biblioteca, vio una aglomeración de gente, tres patrulleros y una ambulancia negra. El lugar estaba cerrado y precintado. Entre los curiosos se encontró con su compañera Susana, y se acercó a preguntarle qué había pasado.

-Es doña Esther, la encontraron muerta hoy temprano, parece que está desde anoche.

Elvira sintió primero un ataque de culpa, que fue rápidamente reemplazado por un gozo creciente. Pero puso cara de circunstancia:

-Pobre… ¿Qué le pasó? ¿Entraron ladrones?

-Parece que no, no tiene ninguna herida.

-Habrá sido un infarto… Tenía tan mal carácter, siempre se hacía mala sangre por cualquier cosa… - Elvira no podía evitar dejar traslucir cuánto la odiaba, pero decir ahora que era una vieja de… no sería apropiado.

-¿Y si fue el asesino de las bibliotecas?

-¿Quién???

-¡No me digas que no sabes nada! Ya pasó en otras bibliotecas, salió en el noticiero. Encuentran empleados muertos, y nadie sabe qué les pasó.

Elvira se fastidió. El gozo que la embargaba se había velado.

-¿En otras bibliotecas de Buenos Aires?

-No, de todo el mundo. Supongo que mañana estará cerrado por duelo, pero pasado tenemos que venir… ¿No te da miedo? Yo creo que las bibliotecas están malditas, por eso se muere gente y se borran los libros. Me da una angustia cuando me tengo que quedar hasta tarde sola limpiando…

-A mí miedo no me… daba. ¿Lo de que se borran los libros también está pasando en otros lados? ¡Y doña Esther que me echaba la culpa a mí! ¡Vieja de…! Bueno, digo… Que en paz descanse…

 

 Nofret

 

II

 

La gran fiesta de aquella ciudad de provincias se presentaba fría y neblinosa, la gente del lugar no recordaba una Semana Santa con tanta niebla, los pasos de las procesiones caminaban perdidos por las callejuelas de la vieja ciudad.

Y llegó la noche del miércoles santo, aquella procesión siempre había tenido algo muy especial. Su indumentaria sencilla y campestre (una capa utilizada por los pastores para protegerse del frío y la lluvia); unos faroles con luz mortecina de velas, el sonido lúgubre de instrumentos solemnes de viento (trombón, bombardino), y una talla del Cristo llamado por el pueblo "de la calavera", junto con unas rudas matracas, hacían de esta procesión algo más que un desfile al uso. Las calles angostas y empedradas, aumentaban el ambiente de funeral y tragedia.

El miércoles santo de aquella Semana Santa del 2008, iba a tener un ingrediente más para aumentar la leyenda. En el momento en que todo  el pueblo se congregaba en la reducida plaza empedrada y con una cruz de piedra en el medio para escuchar el Miserere castellano, interpretado por el coro, compuesto por algunos hermanos de la Cofradía, se produjo algo inesperado: de la cruz de piedra, comenzó a brotar sangre que se mezclaba con tinta negra, en un hilillo fino pero incesante. Poco a poco  se inundó la plaza de gente asustada, miraba aterrada hacia un lado y otro, unos rezaban de rodillas y la mayoría se quedaron petrificados. Alguien dio la voz de alarma:

- Allí, allí… ¡¡¡Mirad!!!

Una capa alistana se perdía entre la niebla, al tiempo que una jauría exaltada le seguía el rastro, dejando la plaza vacía. Pronto se internaron en la Avenida. del Mengue, la valla protectora impidió que descarrilaran como ovejas en los brazos del río Duero; éste, ajeno una vez más a las confabulaciones humanas, acunaba en su regazo una niebla densa, y justo en el medio, una luz roja persistente se iba alejando dirección oeste. Al cabo de 5 minutos, la gente volvió de nuevo a la plaza, y allí encontraron algo aún más espectacular: el párroco de la iglesia había sido crucificado boca abajo y de cara a la cruz de piedra de la plaza, junto a su cabeza, una Biblia aparecía abierta en blanco, con un charco de tinta junto al lomo del libro.

 

Jimul

 

III

 

- Buenas hermano, ¿qué tal todo por aquí?

- Tranquilo más bien, ahí le dejo las llaves y me voy pitando porque no me quiero perder el partido.

- Váyase de una, que yo me doy una vuelta y después enciendo la tele, ¿en qué canal lo pasan?

- En Caracol, creo. Nos vemos.

- Chao.

Antonio acompañó a su compañero hasta la puerta principal de la biblioteca, se dieron la mano y volvió a su puesto. Se quitó la gorra, y encendió el aparato de televisión. Localizó el canal pero como estaban presentando entrevistas, decidió hacer la ronda por la sala general. Su cuerpo delgado, casi enjuto, pequeño y cetrino proyectaba una sombra achatada sobre las paredes de la sala, avanzó por entre las mesas casi de puntillas, tantos años trabajando de celador en la biblioteca y aún no se acostumbraba a ese silencio de tumba. Apagó algunas luces, disminuyó la intensidad de las lámparas del centro, avanzó hasta el pasillo, desembocando en la hemeroteca, escogió unos cuantos periódicos, apagó un lector de textos que se había quedado encendido y volvió a la sala. Consultó su reloj. Aún faltaba un cuarto de hora para que empezara el partido, así que decidió buscar un libro para entretenerse por si se aburría de los periódicos. Escogió uno de Vargas Llosa y otro de un tal Truman Capote. No necesitaba más.

Revisó los baños, los pasillos, y se dispuso a preparar un café. Dejó los libros y los periódicos en su escritorio, dio un golpe a la tele a ver si mejoraba la imagen, pues el viejo trasto ya estaba pidiendo reemplazo. Se sirvió una taza grande, sin azúcar y mientras lo saboreaba se sentó echando el espaldar hacía atrás y colocando los pies sobre la tapa del escritorio.

El locutor presentaba excusas a la audiencia, el partido se retrasaba por problemas de luz en el  Maracaná, así que decidió llamar a su mujer y entretenerse un rato.

Antonio hablaba en voz baja, por costumbre, pues se hallaba completamente solo, las palabras cariñosas salían de sus labios despacio, mientras sus ojillos brillantes recorrían la estancia para detenerse en sus manos, contemplaba sus uñas pero estaba pendiente de la voz de María que le hablaba de su trabajo como secretaria, y de un curso al que la empresa la obligaba a asistir.

Una especie de goteo suave llamó en un momento su atención y pensó que ya estaba lloviendo, se lo dijo a María quien le contesto que por su barrio no llovía; Antonio recordó a su compañero, que en esos momentos estaría esperando el bus para irse a su casa, seguro que se empaparía, pues esas lluvias repentinas son muy traicioneras.

Una media hora estuvo hablando con María hasta que empezó el partido, se despidió y prometió llamarla en cuanto finalizara.

Se acomodó, se concentró en el partido y gritaba o se ponía de pie a medida que transcurría la acción, cosa que no pasaba muy a menudo pues el juego estaba resultando bastante aburrido, ninguno de los equipos se atrevía a atacar. Antonio pensó – ¿y para jugar así viajan tan lejos?, les hace falta verraquera, eso es lo que les falta sí señor.

 

El goteo se hacía más fuerte, pero Antonio seguía viendo el partido aunque a veces lanzaba grandes bostezos a la pantalla.

Una vez concluida la primera parte, decidió darse una vuelta por los pasillos, el ruido del goteo se hacía cada vez más fuerte a medida que se acercaba a la sala general. – Debe ser por la marquesina del techo – se dijo dándose la vuelta para volver a su escritorio; sin embargo al avanzar casi pierde el equilibrio, había pisado un líquido viscoso y se agachó a mirar, palpó y le dio la impresión de que era aceite o algo parecido, comprobó con sus dedos la consistencia y no supo qué podría ser.

De lejos oyó la voz del locutor. La segunda parte del partido estaba por empezar.

 Dudó entre volver a su sitio o echar una ojeada a la sala general,

para ver qué diablos era esa mierda. Se decidió a abrir la puerta y todo parecía estar igual a como lo había dejado antes, sin embargo por el suelo se veían chorreones del mismo líquido. Siguiendo con la linterna los caminos sinuosos llegó hasta los estantes traseros, de allí parecía manar aquello. Se acercó, estiró el mentón como para poder oler, pero solamente el olor de los libros llegó a su nariz, y sin embargo pensó en el olor de los cementerios.

Revisó las paredes, no había grietas, tomó uno de los libros que estaba a su alcance, lo abrió y el libro estaba completamente blanco.

A la mañana siguiente la biblioteca no abrió sus puertas al público. Nadie le informa a María dónde está su marido Antonio y en la morgue hay un cadáver totalmente desangrado e imposible de identificar pues no tiene huellas dactilares, ni muelas, y su piel está tan fosilizada que es casi imposible determinar su ADN.

 

Gladys

 

IV

 

          Dos semanas después, cuando María salió a fumarse un cigarro tras la penúltima conferencia del curso que su empresa le obligaba a hacer – reciclaje profesional, le habían dicho – la asaltó una muchacha con gabardina, sombrero y pipa en la boca.

          - Es usted María Doscientos?, la esposa del desaparecido Antonio Cien mil que trabajaba en una Biblioteca de Bogotá, como vigilante nocturno?

          - Así es - contesto nerviosa, llevaba dos semanas en vilo intentando rehacer su vida normal sin conseguirlo - ¿sabe dónde se encuentra?

          - Verá usted – explicó la mujer ataviada de Sherlock – creo que su marido corrió la misma suerte que Doña Esther, mi jefa en una biblioteca de Buenos Aires.

          - ¿Ester? – preguntó extrañada María.

          - No, no, Esther, con te-hache, es que era extranjera, supongo.

          - ¡Ah!

          - Bien, soy Elvira Uno. Trabajaba de dependienta en una librería, allí, como en otras muchas librerías y bibliotecas, dejó su huella el Asesino de las bibliotecas.

          - ¿El Asesino de las bibliotecas?, ¿quiere decir que mi marido fue asesinado?

          - Eso me temo señora. Lo siento mucho o I"m sorry so much, que diría nuestro amigo Holmes.

          - ¿¿¿???.

          -Es igual, no me haga caso, ando practicando mi Inglés, my English, ¿sabe?, para mi viaje a Londres. Allí también han ocurrido varios asesinatos del mismo estilo.

          - ¿En las bibliotecas de Londres?

          - ¡Hum…! , no, allí actúa el asesino del cumpleaños, que es el hermano gemelo del asesino de las bibliotecas, es igual, pero asesina sólo a personas que cumplen años, les tira de las orejas hasta que se desangran.

          - ¡Ahhh!

          - En fin, María, ahora marcho hacia Zamora, donde acaban de descubrir a un sacerdote crucificado bocabajo con una Biblia en blanco. ¿Le gustaría acompañarme en esta aventura detectivesca? Me vendría bien una compañera en plan Watson o Sancho Panza, ya sabe.

          - Sí, iré con usted. No descansaré hasta que encontremos al asesino de mi marido, era tan bueno él…

          María se compró una gabardina en la primera tienda que encontró y las dos mujeres, como si llevasen toda la vida trabajando juntas, salieron rumbo a Zamora en busca de más pistas que las condujesen hacia el Asesino de las bibliotecas.

 

 

Cerro

 

V

 

Las dos mujeres atravesaron finalmente una de las puertas de la BNF, ya les había tomado un buen tiempo ponerse de acuerdo sobre por cuál de las cuatro torres deberían comenzar su búsqueda.

- "No me pueden acabar de gustar las bibliotecas modernas" dijo una.

- "¿Por?"

- "Hay como algo, un presagio, como si ayudaran a esos profetas de lo libros digitales"

- "La BNF es linda, mira el Sena a un lado, al otro lado las vías de tren, uno diría que es un símbolo de viaje, el libro entre los trenes y los ríos"

- "No me hables de viajes, hemos andado por todo el mundo escuchando historias absurdas, de lo único que no nos han hablado es de ovnis"

- "No íbamos a terminar nunca si seguíamos escuchando a la gente. Ya la muerte de Esther anunciaba que el asesino estaba en los libros"

- "¿El Hongo?"

- "No. O no necesariamente, pero la clave debería estar en los libros. Si uno busca a un ladrón de ganado hay que buscar en las vacas"

- "Los libros no son ganado"

- "Con mayor razón, el asesino de las bibliotecas tenía que seguir algún patrón que estuviera dentro de los libros"

- "En ese caso, la BNF va bien, es la única biblioteca donde los edificios tienen forma de libros. La clave debe estar dentro de libros que están dentro de libros"

- "Sí, pero el asesino debe ser un buen lector, y un buen lector no piensa en metaliteraturas, la metaliteratura es repugnante"

- "¿Si no era eso porque no ir a la biblioteca del congreso de Estados Unidos?, allí hay aún más libros"

- "Está gastada como lugar, todas las teorías de conspiración tienen una escena en la Library"

- "Pero aquí hay una conspiración, cuatro personas muertas alrededor del mundo"

- "Sabes como es de delicada la frontera, algunos asuntos oscuros y tienes "Leviatán", muchos y tienes un beast seller"

- "De todas maneras estamos entrando a un libro lleno de libros, eso debe querer decir algo"

- "El problema con estos casos que parecen un cuento policíaco es que uno tiene una ecuación y sólo conoce el signo "igual"

- "¿Por dónde empezamos?"

- "Por la A, tenemos que seguir un orden"

Ninguna de las dos quiso siquiera pensar cuánto tiempo les tomaría encontrar una pista que podría saltar en el libro de Abdagamec que tenían en frente o el de Zwziengitz que las esperaba en la torre de enfrente. Sobre todo, y eso pensaban las dos, existía la posibilidad de que la pista no fuera tan evidente y al llegar al final (la última frase de Zwiengitz es "y ella ha estado esperando, pero cada vez deja más tiempo entre sus visitas a la estación de tren") tuvieran que volver a comenzar con el "Existió un momento en el que todas estas cosas no eran ciertas y ni siquiera imaginables"  que servía de inicio al libro de Abdagamec.

          - Aún en ese caso, y en el caso de que tuvieran que pasar dos o tres veces por cada libro de la BNF, esa era una perspectiva optimista, porque existía también la posibilidad de que la clave no estuviera en los libros, o incluso de que el asesino no leyera o no le importara leer.

- "SI es así tenderemos que pensar en otra hipótesis" dijo una de ellas. A ninguna de las dos se les ocurrió que exactamente catorce meses después, cuando apenas fueran en Borges, sólo una de ellas podría  salir de ese libro de vidrio y concreto que las encerraba y tendría que hacerlo evadiendo al mismo tiempo a los policías y a los reporteros.

 

          Ricardo Abdahllah

5 de Abril, 2008, 10:31: L.D.General


Se acabó la expectativa!!!!
Nuestro equipo lo logró, se enfundaron en sus viejas gabardinas, recorrieron el mundo entero sin amilanarse ante los innumerables peligros en busca del asesino de bibliotecas hasta que...

L.D.