La izquierda no ha sido capaz de imponer su modelo de desarrollo o de anular el de la derecha, vaga en un limbo teórico cuyas tesis no resisten el paso del tiempo. Por su parte la derecha no sabe bien para donde coger, a veces coquetea con el centro para retroceder cada vez que le conviene. Vivimos una época en que los políticos de cualquier ideología,  no se preocupan de los problemas reales de los pueblos, sus discursos vacíos recurren desesperadamente a filosofías obsoletas centradas en las clases obreras, comunistas, socialistas o demócratas, según les convenga o siguiendo los consejos de sus asesores de imagen,  dejando de lado la expresión colectiva, a la vez que se escudan en ella para cautivar nuevos adeptos,  su esfuerzo se centra en conseguir el poder, desde cualquier esquina en que se encuentren: veamos los casos, en Italia Berlusconi y su poder económico centrado prioritariamente en los medios masivos de comunicación; Sarkozy en Francia encandilando tanto a la prensa rosa como a la política con apariciones oportunas y muy bien montadas para causar el mayor impacto mediático posible; Bush en Estados Unidos, con su prepotencia al atribuirse paladín del bien de la humanidad, lo que le da derecho a arrasar pueblos, exterminar culturas y apoderarse de riquezas; Putin tejiendo en silencio pero laboriosamente una red que le permita perpetuarse en el poder para dignificar a la santa madrecita Rusia y devolverle su gloria, Chávez, apela al patriotismo desde la esquina de lo popular, aprovecha sus condiciones histriónicas para insuflar su discurso con frases que exaltan las lágrimas y enardecen los corazones.

    No importa de que lado se esté o que bandera esgriman, los políticos saben la importancia del poder, del dominio y la manipulación y dedican su vida entera a perfeccionar sus tácticas, olvidando la razón de ser de un político: lo social, la gente.

    No quedan opciones y cada vez más el hombre librepensador es expulsado de su paraíso particular, condenado a vivir en el exilio.

La Dirección.