Un niño entra a una tienda y le enseña la mano con unas cuantas monedas a un anciano ante el mostrador.  Le dice que quiere comprar una hora para su mamá.

¿Para qué? Conteste usted,  ¿por qué ese espabilado niño quiere estar una hora con su mamá?

La escena nos lleva a la ternura. Que un niño, en estos tiempos que corren quiera estar con su mamá, es un sueño para algunas madres, irrealizable; pues por norma, los chicos las prefieren bien lejos.

Pero no hay que echar campanas al vuelo, por lo menos no todavía, esa escena corresponde a un anuncio de televisión, que usa, inteligentemente, el amor filial para vender un producto. Pobres ilusas las que creyeron que era un entrañable recuerdo familiar.

Y es que cada vez el papel de los padres se diluye en una interminable vorágine de teorías. Los padres dinosaurios eran unos tiranos que imponían absolutamente todo a sus hijos, desde su educación, hasta la pareja con que iban a vivir el resto de sus vidas; de ahí tanto trauma en la humanidad. Luego pasaron a ser absolutamente permisivos, abiertos, dialogantes y la cosa tampoco mejoró, aquello de que tu padre es tu mejor amigo produjo un efecto boomerang, los traumas siguen siendo el principal motivo de suicidio. Los términos medios no han  ayudado mucho, pues se han quedado en eso, en educación a medias y ahí tenemos a hijos que matan a sus padres para no verlos sufrir.

Es hora ya de que nos preguntemos qué mundo queremos vivir, que miremos de frente esta realidad y que comprendamos que la buena educación no da frutos en los mejores colegios, ni con becas jugosas, que ayudan, es verdad, y cada vez deberían cubrir espectros más amplios en la sociedad, pero no debemos contentarnos con eso; la verdadera educación, la trascendental es la que se recibe en el día a día, en la cotidianidad del hogar, en la comprensión, el amor, la relación con los miembros familiares.

Y de esos hogares somos responsables los mayores, resulta obvio en principio, pero no debe ser tanto, cuando un publicista pensó que podía llamar la atención de los padres hacía la compra de un producto, apelando a la necesidad de compañía materna de ese niño, hijo del siglo XXI. Sin embargo, no debemos engañarnos respecto a las intenciones comerciales del publicista, su naturaleza es esa, obligarnos a comprar usando cualquier método que tenga a mano, al fin y al cabo, nuestra sociedad siempre encuentra un filón aprovechable para comprar y vender.

 

La Dirección.