30 de Mayo, 2008, 6:41: SelváticaAlaprima

Mi hijo estudia con los hijos del presidente. Salimos a llevarlos. Yo voy con la mujer del presi y uno de sus hijos en una gran limusina, en la que nos precede, va el presidente con mi hijo y sus otros dos chicos.

El colegio está situado en una colina de tierra roja. Aparcamos frente a la entrada de la cueva. Allí había un asentamiento indígena. En la parte exterior hay un salón grande, los muebles son bloques de tierra contorneados y apisonados, hay sofás, sillones, estanterías, todos de un hermoso color rojizo, traspasamos esta especie de recibidor y accedemos a otra sala donde los muebles también están empotrados a las paredes de la cueva y allí ya encontramos restos indígenas, calaveras, esqueletos hermosa y tenuemente iluminados dándole a la cueva una atmósfera acogedora e íntima. Seguimos avanzando y las galerías se suceden más o menos iguales, lo único que cambia es el número de muebles, algunos tienen más que otros, incluso hay galerías totalmente vacías. Cuando llegamos más o menos al centro de la colina, encontramos las aulas del saber, las sillas y las pizarras se hayan dispuestas en forma de teatro en la entraña misma de la cueva. Dejamos a los chicos allí, orgullosos de darles esa educación y salimos por la parte de atrás. Avanzamos unos cuantos metros y mientras ellos se suben a los coches yo volteo a mirar la colina, me siento emocionada al contemplar que por ese lado la montaña forma una especie de castillo, una fortaleza construida por la lenta labor del tiempo, el edificio termina en una torre a la que no se le pude ver la cúpula pues ésta se hunde en la barriga de las nubes.

Tengo que capturar esa imagen en mi moderna lupa de cristal para que no se esfume.

Por: Selvática

30 de Mayo, 2008, 6:25: GladysGeneral

Toda la noche estuvo repasando, como enloquecido, presa de temblores y escalofríos por los resquicios de su memoria intentando recordar todo lo que le molestaba, en esa inspección caían desde las coles de Bruselas que su madre y después su mujer, le obligaban a engullir esgrimiendo razones totalmente absurdas, hasta su timidez, rasgo que le había causado miles de dolores de cabeza, pérdidas económicas y hasta el amor de su vida. En fin, que no podía ponerse a perder el tiempo con los detalles, debía recordar cada cosa que le molestaba y apuntarla en las hojas que tenía dispuestas sobre el escritorio.

Así pasó toda la noche este buen vecino de barrio de clase media; buscaba entre fotografías, escuchaba discos, corría hasta el escritorio y sacaba legajos amarillentos del fondo de los cajones para descubrir allí periódicos viejos, manifiestos escritos impulsivamente y llenos de tachaduras de la época en que él y sus amigos redactaron las bases de un mundo feliz, pero el nerviosismo no le daba tiempo de asimilar tanta vida, mientras abría el manifiesto, en la mente se le aparecían las imágenes felices de algunos de sus familiares y sentía que el pecho se le derretía de la envidia… envidia, eso también tendría que anotarlo, entonces corría al escritorio y escribía casi ilegiblemente envvvidd pero cuando su mano dibujaba la d, ya su mente estaba registrando la imagen de su ex mujer con su mejor amigo y no podía terminar la palabra, empezaba con cellloo y entonces el auto de su rival reemplazaba el rostro de su mujer,  dejaba cellloo y garrapateaba coddicc; así se le fueron pasando los minutos, las horas hasta que una tenue luz se filtró por los resquicios que dejaba la gruesa cortina, heredada de su abuela. Rápidamente recogió de cualquier manera los papeles, se los metió en los bolsillos de su chaqueta y los que sobraban fueron a parar a los de sus pantalones, pasó una mano sobre los cabellos medio grasientos de tanto repasárselos toda la noche y salió de su casa, echó a correr por la ciudad mientras los transeúntes se iban agregando al paisaje natural de una ciudad que se despierta temprano, todo eso aumentaba su angustia, no quería que lo vieran en ese estado, no le convenía, el trato era que absolutamente nadie presenciara su acción.

Al cabo de una media hora llegó al borde de la carrilera del tren. Respiró aliviado, había llegado a tiempo, aún el cielo permanecía oscuro y probablemente, si la suerte lo acompañaba, nadie rondaría por ahí.

Tendió los papeles sobre los raíles y los iba asegurando con cinta adhesiva para que ni la más fuerte brisa los arrancara de su trágico destino. El tren debía deshacerlos a su paso. Eso le había asegurado la maga, si algún papel no era arrollado por el tren, los males volverían inexorablemente a su vida.

Terminó su labor, se retiró unos cuantos metros para observar el paso del tren, que, consultando su reloj, ya no podría tardar. Para matar el tiempo, repasó lo escrito para convencerse de que no había olvidado nada, esa tarea logró tranquilizarlo un poco. Estaba seguro de que había anotado todo, desde lo más íntimo, eso que no nos atrevemos ni a decirnos a nosotros mismos, hasta las cosas más prosaicas. Una vez que el tren con su poderío los deshiciera, él se convertiría en un ser humano puro y feliz. Empezó a soñar con su nueva vida, su mente se tomó el trabajo de crear unos minutos, unos segundos, un día y noche del hombre nuevo, libre de todas las ataduras que lo harían tan infeliz en muy pocos minutos. El tiempo pasó, los segundos se desgranaron sobre la humanidad dando paso a las horas, la ciudad se vistió con el traje de todos los días, los seres humanos que la poblaban salían de sus casas rumbo a sus obligaciones cotidianas mientras nuestro buen vecino de barrio de clase media, esperaba que el tren pasara, acurrucado bajo un letrero en el que la compañía de ferrocarriles anunciaba la cancelación de esa ruta por falta de usuarios.

Por: Gladys

30 de Mayo, 2008, 6:14: La Dirección.General

“No deje que la mente lo vuelva loco.”

“Si queremos crecer, cambiar, explorar nuevas conductas y posibilidades en nuestra vida, si queremos dejar de hacer cosas que no funcionan, hay que dejar de ser memoria…”

“Concéntrese en un único objetivo, elija lo primordial y tráigalo a la mente cada vez que pueda”

“Imagine”, “decida”, “piense” “rodéese de personas influyentes”, etc., etc.

 

 Y uno escucha estas cosas de labios de aquellos amigos más queridos, esos, por los que ponías la mano en el fuego considerándolos libre pensadores y tienes que hacer de tripas corazón, pues no quieres decepcionarte de ellos, tampoco los quieres ofender, pero en el fondo, te rechinan los dientes al sentir que te han defraudado, no era eso lo que esperabas que te dijeran.
        Cómo es posible que ellos, a quienes considerabas tan libres, te suelten ahora esa jerga de autoayuda populachera, no lo entiendes y tragas saliva intentando poner cara de inteligente para soltar alguna frase que desvíe el tema sin pasar por un mal educado corta rollos rompe pelotas.  
        En esos momentos darías cualquier cosa por recurrir al manual de instrucciones (protocolo, lo llaman las ciencias modernas), o simplemente soñar que estás en un reality y usas el control remoto de la tele cambiando el canal.
        Igual sucede que te culpas por ello y pensamientos como no debí contarle, te atormentan toda la noche. Pero si es una tontería, te dices, no debería preocuparme. No. eso no funciona, uno siempre se queda rumiando esos no debería hasta que el despertador ulula por el cuarto. Entonces, una vez que el despertador se ha silenciado, suena la alarma en tu interior. La culpa no es de tus amigos, no es de esos brujos que exhalan frases de autoayuda ya estén vestidos de hermanos cristianos o de catedráticos Honoris Causa de alguna universidad salmantina, la culpa, en mi opinión,  es de Dios o de sus publicistas que no previeron una campaña de seguimiento a dos mil años vista, por eso ha perdido participación de mercado llegando al punto de que un alto porcentaje de consumidores lo ignora olímpicamente, eso es lo malo, ya ni siquiera se debate si tenía o no razón, si existía o no, simplemente lo ignoran y eso señores es lo peor que pudo haber pasado.
        Porque ahora sin Dios que nos ayude en nuestras desgracias o, Paraíso pagado en cómodas cuotas mensuales, nos sentimos solos, huérfanos, desamparados, perdidos e indefensos. Por eso no sabemos qué hacer ni a quien recurrir para encontrar sosiego, cosa que jamás reconoceríamos a los cuatro vientos para no dejar ver nuestras debilidades. Cómo no vamos a tener el control, si hemos pasado como una gran apisonadora sobre nuestra civilización, si hemos asolado pueblos enteros simplemente porque no pensaban como nosotros
        ¿Hasta dónde ha llegado la humanidad? primero eliminamos nuestra sabiduría intuitiva, aquella que fundaba su existencia en el orden natural de las cosas, el rayo, los truenos, las tempestades, huracanes, etc.; después creamos unos dioses: Zeus, Hera y una pléyade maravillosa, a quien también le dimos la espalda. Una vez nos cansamos de ellos, nos dio por crear la leyenda de Dios, Yavé, Mahoma, Buda, etc., que también sucumbió a nuestro voraz apetito consumidor, con tan mala suerte que éste también se agotó y seguimos solos, huérfanos, desamparados, perdidos e indefensos, eso si, bien parapetados tras las teorías mágicas de auto ayuda que me promete la portada de este libro que estoy a punto de pagar en la librería más importante de mi civilizada ciudad.

La Dirección.

30 de Mayo, 2008, 5:56: YogoarHablando de...

   

    Un comienzo de año siniestro, en vista de la crisis que generaba la manifiesta y veraz infiltración del paramilitarismo en el Congreso, se atenuó con la muerte de Wilber Varela, alias "Jabón", el primero de febrero, en Barinas, Venezuela.
     Así, se cerró la vida delictiva de uno de los narcotraficantes más buscados del Cartel del Norte del Valle, quien protagonizara una sangrienta guerra por el control del tráfico de estupefacientes en esa zona del país.
    Numerosas pérdidas humanas dejó aquel trágico enfrentamiento que, en ese entonces, favoreció a la banda de "Los Mellizos", ya fortalecidas por la captura de "Don Diego" en septiembre de 2007.
    El "gran logro" en la lucha contra el narcotráfico enarbolaba las banderas urbistas, que ya se ondeaban, como presagio del respaldo multitudinario que el país le expresaría al presidente Uribe en la marcha del 4 de febrero.
    La iniciativa, que se presentaba como un aparente mecanismo apolítico de
hacer converger los esfuerzos de la ciudadanía por reclamar el fin de la  lucha armada de las Farc, al final, no lo fue tanto y se convirtió en la plataforma de un uribismo visiblemente agotado hasta ese momento.
    Entonces, la alianza siempre vigente que el mandatario colombiano parece mantener con los medios de comunicación más importantes del país hizo que la consigna de millones de compatriotas, en contra de la guerra, se transformase en el respaldo fervoroso hacia su presidente.
    No en vano, diez días antes de la majestuosa movilización, Caracol Radio reveló una encuesta en la que los colombianos declaraban respaldar casi unánime e irrestrictamente a Uribe. 80 puntos de popularidad alcanzó el mandatario, tras una consulta más bien amañada.
    Aunque suene poco revelador para muchos, bien cabe esclarecer que la consulta fue contratada por el grupo español Prisa y que fue practicada a no más de mil ciudadanos en Cali, Medellín, Barranquilla y Bogotá.
    Ante el resurgimiento de ese ferviente uribismo que, desde la "para  política", comenzaba a tambalear, la oposición intentó contrarrestar sus efectos arrolladores con una movilización similar en la que la ciudadanía señalaría al Estado como el culpable de miles de asesinatos y desapariciones forzosas enmarcadas en el delito político.
    Iván Cepeda, hijo del ex dirigente de la Unión Patriótica, UP, Manuel Cepeda Vargas, asesinado el 9 de Agosto de 1994, lideró la convocatoria para marchar a favor de las víctimas de los crímenes de Estado y del paramilitarismo, que se efectuaría el 6 de marzo.
    Con una cachetada descalificadora y calumniosa respondió el uribismo, a través del asesor presidencial José Obdulio Gaviria, quien se atrevió a asegurar que quienes salieran a apoyar esa iniciativa estarían respaldando a la guerrilla, pues aquella era la "marcha de las Farc", puntualizó.
    Las punzantes declaraciones volvieron a tener eco en la opinión que, desde entonces, libró un debate insulso e improcedente, tratando de dilucidar si la organización armada se encontraba tras la propuesta popular. Además, luego de la sentencia, seis de los organizadores de la marcha resultaron muertos y otros fueron víctimas de amenazas contra su vida.
    El primero de marzo, a cinco días de la movilización, otro chispazo de  suerte para la administración Uribe se produjo, con la muerte de "Raúl Reyes". La noticia no fue la descarada violación a la soberanía ecuatoriana por parte de las Fuerzas Militares colombianas sino su pericia para dar de baja a uno de los más importantes hombres de las Farc.
    Así, se fraguaba otro gran bocado para la arrodillada prensa nacional que dejaría de fijar su atención en el vergonzoso caso de la para política, para dedicarse a glorificar al Gobierno y su Ejército que "demostraba inigualables resultados en la lucha contra la subversión".
    No obstante el delirio que produjo una masacre en la que, además de "Reyes" murieron 21 personas más y resultaron heridas tres estudiantes mexicanas, se vino la cumbre de Río en la que América Latina, unánimemente, rechazó la abrupta invasión de los militares colombianos sobre suelo ecuatoriano.
    Pero como en otras ocasiones, aquel siete de marzo en el que el país fue abofeteado por todo el continente, una buena parte de los colombianos no se abstuvo de sacar pecho por el glorioso Gobierno de la mano dura.
    Previo a la firma de la declaración del pacto de Río, las autoridades anunciaron la muerte al Comandante del Frente 47 de las Farc, "Iván Ríos".     
    La valerosa acción no era más que el producto de la traición de un  hombre sanguinario que, como alias "Rojas" , asesinó al líder insurgente y certificó el hecho enviando uno de los dedos de la mano derecha del extinto jefe guerrillero. Era una "gesta heroica" que el país no dejaría de premiar con el pago de $5.000 millones de pesos.
    Así, la condena que recibimos de parte de nuestros vecinos en toda la región terminó siendo un saludo a la bandera, en virtud de los bríos que para muchos de nuestros compatriotas trajo la noticia de abatimiento de  "Ríos".    
    Ante la crisis de legitimidad que enfrentaba un Congreso casi por completo inmerso en la "para política", el presidente Uribe parecía  inmunizado. Ni la vergonzosa actuación de su primo, el senador Mario Uribe, quien intentó evadir a la justicia, logró si quiera despeinarlo. 
    Tan increíble pero ciertamente quedó demostrado el pasado 22 de abril, cuando la Fiscalía dictó medida de aseguramiento en contra del ex senador.
    Al ser alertado sobre el particular, el ex legislador aseguró que él mismo se presentaría en el búnquer del organismo en Bogotá, oportunidad  que aprovechó para refugiarse en la embajada costarricense en Colombia y pedir asilo político en ese país.
    Por el bien de la desprestigiada justicia colombiana, los ticos se negaron a brindarle refugio Mario Uribe, pero todavía queda en la memoria de quienes aún conservamos el dolor de patria esa imagen  indignante, que muchos se niegan a reconocer como tal.
    Entonces, no hubo ni la más mínima alerta de parte del alto Gobierno, pues la opinión de favorabilidad continuó vigente, a pesar de este escándalo y a pesar de la inclusión casi completa de otra bancada  uribista en la "para política" como Cambio Radical, incluyendo la presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez.
    Ya no había necesidad de generar más cortinas de humo, pero, por si las  dudas, el Gobierno siguió fortaleciéndose con una seguidilla de golpes  al narcotráfico y la subversión, que iniciaron con la muerte de uno de "Los Mellizos", la consecuente captura del restante y la reciente entrega de la sucesora de "Iván Ríos" en el Frente 47, "Karina", de quien se presume habría ordenado el asesinato del padre del presidente, Alberto Uribe Sierra, el 14 de junio de 1983.
    Más sorprendente todavía fue la extradición de los 14 ex jefes
paramilitares la semana pasada, que aparentemente desmentía la cercanía del presidente con el grupo de extrema derecha. Nadie pensó en la  posibilidad de que el repentino traslado hacia los Estados Unidos de "Macaco" y los demás ex líderes paramilitares podría significar el alto definitivo a la "para política".
    Nadie se cuestiona lo casual que se muestra el hecho de que sólo hasta hoy, horas antes de las revelaciones de la "Farc Política", las  autoridades hayan dado parte de los discos duros de los computadores de  los ex paramilitares, extraviados desde hace meses.
    No quisiéramos caer en la paranoia, tan frecuente en algunos líderes
opositores, pero resulta bastante coincidente el que todos los jefes guerrilleros muertos hayan sido reconocidos como los más importantes administradores del tráfico de drogas dentro de las Farc, una especie de  relación homóloga con los ex jefes paramilitares extraditados.
    Si se observa la relación, pareciera vislumbrarse que hay una procura sistemática por sacar del camino a los jefes del narcotráfico, cuando uno de sus más importantes representantes y declarado enemigo de la cúpula del Cartel del Norte del Valle, "El Loco Barrera", sigue delinquiendo.
    Y si a eso se le suman las versiones de algunos periodistas, que aseveran que el hijo del extinto capo, Pablo Escobar, está rearmando el Cartel de Medellín y su percepción según la cual el presidente, ese mismo de que departiera en numerosas ocasiones con algunos de sus líderes en los 80`s, estaría relacionado con él, podría armarse un rompecabezas que muchos se niegan a construir.

Por: Yogoar

 

 

 

      

17 de Mayo, 2008, 8:17: Jimulminirelatos



  • Hijos míos, cuando vuestras buenas acciones superen en cantidad  a las malas, en la hora de vuestra muerte, el cuerpo se quedará en la tierra, elevándose el alma hasta el Infinito. Imaginad que soy el alma. (Agarra con fuerza una cantidad nada despreciable de globos inflados con Helio. Elevándole como una pluma). ¿Lo véis?, mi alma es tan pura que se eleva sin obstáculo alguno.

Los niños miran atónitos como el cuerpo del cura se eleva sin encomendarse a Dios ni a nadie, perdiéndose entre las nubes.

Hoy, 8 días después algunos hablan del poder de sus palabras, considerando un milagro su desaparición y elevación en los cielos. Las malas lenguas hacen referencia a un cuerpo no identificado enmarañado entre la porquería espacial que orbita alrededor de la Tierra.

 

Por: Jimul

17 de Mayo, 2008, 8:00: SelváticaAlaprima

 

Voy a dormir en la casa de unos amigos. Una enorme casa de campo. Pequeñas colinas interrumpen el horizonte de un día gris.

Nos han asignado una enorme cama para tres. Me cubro con la manta. Busco el calor en los cuerpos de mis hermanas. Cuando me siento relajada algo se desliza sobre mi vientre. Me pongo rígida, miro hacía mis piernas y a la altura de las rodillas emerge la cabeza de una serpiente moviéndose sinuosamente mientras asoma y oculta su larga lengua bífida.

El terror me paraliza. Mis hermanas me tranquilizan: esas serpientes no son venenosas. Es cuestión de acostumbrarse.

Yo no puedo fingir que eso no se desliza por mi cuerpo, pero intento ignorarla. Cierro los ojos, al cabo de un rato, cuando los vuelvo a abrir veo que mi cuerpo está totalmente cubierto de diminutas serpientes cascabel, han nacido sobre mí millones de ellas.

Mi hermana para calmarme me acerca el teléfono, llamamos al médico, mi madre dice que no puede pagar el costo extra de que él venga a casa. El médico me contesta y me dice que no pasa nada, que no le haga caso.

Yo les hago un gesto de silencio con la mano y me quedo totalmente rígida esperando que desaparezcan las serpientes.

Por: Selvática

17 de Mayo, 2008, 7:54: GladysGeneral


Desde que se despertó sintió que este viernes sería perfecto. Tenía el ánimo optimista, su cuerpo respondía a los estiramientos matinales de forma adecuada, un poco como agradeciéndole  ponerlo a punto; el desayuno le supo delicioso y la ropa que decidió lucir era de lo mejor que contenía su armario.
    Al llegar a la oficina se enteró de que el jefe estaba de viaje, lo que significaba poco trabajo y le ahorraría el esfuerzo de disimular que se hallaba desbordado. Los compañeros también se hallaban de buen humor, bromeaban por cualquier cosa, las secretarias parecían más sexis que Angelina Jolie y en el ambiente se palpaba la expectación de lo que podría traerle la noche.
    Después del almuerzo lo llamó Manuel, su amigo de las grandes juergas, quedaron para ir al teatro a ver a una famosa cantante de jazz que estaba de gira por el país, luego irían a bailar con unas amigas y terminarían la noche…
    Cumplió toda la tarde con las pocas labores que le quedaban, incluso tuvo tiempo de actualizar el archivo de los recibos de caja menor, una actividad que detestaba, pero que ese día, incluso le causó placer. No jugó al solitario, y se asombró por ello, pero no tenía ganas - es un juego insulso y tonto - que sólo le sube la adrenalina cuando está el jefe pues tiene que estar pendiente de que no lo descubra. Jugar al solitario con absoluta libertad no tiene gracia, concluyó.
    Cuando dieron las seis, el sentimiento de libertad y felicidad fue tan abrumador que tuvo que esperar un rato frente al espejo para poder asimilarlo. Al cabo de unos minutos reconoció ese rostro como suyo,  se supo atractivo, bien vestido, con dinero, aunque no le sobraba, no se quejaba y lo mejor: toda la noche de un maravilloso viernes por delante.
    Salió, fue al encuentro de su amigo. Caminaron por la Jiménez en medio de la humanidad que se apresuraba para empezar la noche, confundidos en sus millones de historias, como decía aquella canción del salsero famoso; entraron a un bar de la zona,  empezaron a paladear el sabor de la cerveza mientras esperaban la hora de entrar al teatro, contemplando por la ventana el ir y venir de la gente, susurrándose apenas sucesos sin importancia que les habían ocurrido durante la semana que no se habían visto, pues la amistad con Manuel se reducía a las juergas, él trabajaba en una empresa de comercio exterior, cerca de su propia oficina, se veían sólo los fines de semana y lo pasaban bien, les gustaba la misma música, las mismas discotecas, además algún que otro evento, preferentemente musical, por eso iban esa noche al teatro Colón. Habían estudiado en la misma universidad, empezaron juntos el primer semestre, pero Manuel lo adelantó casi un año, cuando él perdió un semestre que lo obligó a actualizar asignaturas y ya no pudo alcanzarlo, desde esa época su relación se había estabilizado  nutriéndose de los fines de semana, ¿Cuándo fue la primera vez que salieron juntos? Debió ser como en el noventa y nueve o dos mil, la fecha no la recordaba, pero si tenía y hasta saboreaba lo que hicieron, fue una noche lluviosa, de esas jartas noches bogotanas en que la llovizna empapa en cámara lenta todos los resquicios de la ciudad, habían salido de la universidad, se encontraron en un bar de chapinero con otros compañeros de la facultad y de pronto uno de ellos dijo que había una fiesta en Cajica, en casa de una buena amiga y que todos estaban invitados. Manuel y él por supuesto no la conocían, pero no importaba, los viernes uno es amigo de todo el mundo. Salieron del bar, caminaron hasta la parada de la flota y se encaminaron a la tal fiesta. El bus los dejó en la mitad de la población, pero nadie estaba muy seguro de dónde quedaba la casa, empezaron a dar vueltas por el pueblo hasta que sus pasos los llevaron fuera de la población y así, sin darse cuenta empezaron a caminar por un sendero enfangado, los zapatos se les quedaban pegados, las botas de los pantalones empezaron a pesarles y la llovizna ya les estaba calando las costillas mientras las luces del pueblo iban quedando a sus espaldas. Por estar mirando donde ponían los pies, casi tropiezan con un hombre montado en un burro que los contemplaba en silencio, totalmente estático en medio de la noche y bajo la lluvia. Cuando lograron espabilarse del susto preguntaron por la casa y el campesino los condujo hasta allí. Eso era todo lo que recordaba de aquella primera vez que salieron juntos, lo de después fue lo típico de una fiesta donde casi nadie se conoce, todo el mundo quiere aparecer simpático y se bebe más de la cuenta para olvidar las propias soledades.
        Ya es hora – le dijo Manuel –
    Se encaminaron al Colón, se confundieron con la gente y disfrutaban del ambiente mientras buscaban su lugar. Poco a poco la gente ocupó sus respectivos asientos y palcos, los murmullos se fueron acallando, las luces se atenuaron. Manuel se recostó en su silla y se relajó para disfrutar del concierto. Él, en cambio se sentía incómodo, parecía que la cerveza le había sentado mal, empezó a temer que la excesiva alegría de todo el día iba a terminar precisamente cuando la noche comenzaba tan bien. Su incomodidad se debía a un ardor de estómago, una llama en la mitad de su barriga le quemaba las tripas, que en su defensa, se endurecían duplicando su tamaño y por lo tanto, inflaban su estómago. Tuvo que desabrocharse el primer botón del pantalón y ni aún así alivió la presión. Disimuladamente se daba masajes sobre la barriga y por algunos instantes el dolor desaparecía pero era un alivio muy fugaz, en menos de un segundo éste le atacaba con más virulencia; entre tanto una luz se encendió en el centro del escenario descubriendo a una hermosa mujer rubia vestida con un traje de color plata que se inclinaba ante él - bueno a él le parecía que ella se dirigía en exclusiva a su persona – luego le guiñó un ojo y se encaminó sensualmente hasta el piano que la esperaba a la izquierda del escenario, se sentó y sus manos acariciaban las teclas, mientras él sentía que tenía el piano en su pecho y que cada una de sus costillas eran las teclas de ese instrumento maravilloso, que con su sonido aliviaba todas sus tristezas. Luego surgió la voz ronca de ella, una voz que parecía brotar de las ancestrales gargantas  negras que poblaron el Mississipi, rasgándole el alma, despedazándosela y lanzando los jirones al aire. Él se desintegró, perdió la conciencia, por un tiempo, cantante-música, cantante-hombre, fueron la misma esencia ascendiendo hasta el techo rococó del teatro Colón para traspasarlo hasta el infinito de la noche bogotana. Cuando se encontraba a millones de kilómetros luz de la tierra un ruido sordo lo fue rescatando de su abstracción, era como si le hubiesen lanzado una soga y ésta se hubiera arrollado a su vientre atrayéndolo a la realidad, rescatando cada una de sus partículas, cohesionándolas en un todo que tenía una vida terrenal, un trabajo tradicional y un amigo que pateaba enfurecido el piso del teatro Colón en compañía de toda una muchedumbre que gritaba enfurecida improperios que él no lograba entender.
    Esto es el colmo, exigía Manuel, nos tienen que devolver las entradas, es una estafa, un insulto que no vamos a tolerar y su grito se ahogaba entre los gritos de la multitud que exigía la devolución del dinero.

 

Vámonos de aquí – le dijo Manuel enfurecido – cómo se atreven a cancelar el concierto sin avisarnos con tiempo.


Por: Gladys    

 

 

17 de Mayo, 2008, 7:45: ÁgataUn libro para ti

                                          
Volver...

Lo excitante de partir es el regreso, y no es solamente una frase hecha, como casi todo lo que oímos por ahí, en el ascensor, en los encuentros furtivos con conocidos, de los cuales ni el nombre recordamos. No hablo del regreso físico de un lugar geográfico a otro, me refiero a los espacios imaginarios, a ese territorio inmenso que solemos abandonar por ocho horas de trabajo o tonterías de ese tipo con demasiada ligereza.

Ese regreso siempre es excitante, nos preguntamos ansiosos si volveremos a sentir, con la misma intensidad las emociones ya vividas, si los olores, las texturas o los sabores serán los mismos y nos producirán ese placer que nos impulsa a sonreír cuando caminamos a solas por la calle.

Ese nerviosismo y esa ansiedad me asaltaron cuando me paseaba por los pasillos de la biblioteca pública y me detuve ante Dostoievski. ¿Cómo sería leerlo ahora después de tantos años? Me detuve un rato dudando, mi mano iba por sus libros sin decidirme a tomar ninguno, mientras mi mente revivía los años universitarios cuando todos amábamos la literatura rusa, cuando todo el mundo era nuevo y uno desarrugaba pliegues para observarlos con atención. Era consciente de que ya había visto mucho, de que ya había llenado vacíos con los clásicos y había dado paso a los nuevos, algunos con mejor fortuna que otros, pero no podía decidirme. Cerré los ojos y dejé que mi mano decidiera por mí: Crimen y castigo fue en mi cartera a casa.

No voy a hablar del libro, ni del autor, no tiene sentido, dado su carácter de clásico de la literatura universal, lo que si quiero compartir con ustedes, son los sentimientos que volvieron a aflorar mientras lo leía y los sucesos que estaban en la actualidad, justo esa semana habían capturado al hombre que encerró veinticuatro años a su hija en un sótano, que la violó y mantuvo en cautiverio a los hijos que concibió con ella. ¿Qué lo llevó a actuar así? y sobre todo, ¿por qué piensa que no hizo nada malo?.

¿Qué que tiene esto que ver con el libro?

La naturaleza humana, la capacidad de hacer o no daño, los motivos que nos impulsan a tales extremos y por último, la certeza de que en nuestra condición humana conviven la maldad y la bondad en igual medida. Por eso, volviendo al libro, en mi imaginario infinito, supe que no hay que abandonar a los clásicos tanto tiempo.

Por: Ágata

 

17 de Mayo, 2008, 7:38: Charo GonzálezHablando de...



"Fruto de nuestra pasividad son las incongruencias de nuestra sociedad"

"Transmitir el sentir de nuestros sentidos renueva la capacidad de los mismos y deja espacio a más experiencias, viejas por el mundo y nuevas por la vida."

"Que decidan los pensamientos si desean continuar siendo nuestros"

"Entretenidos en elucubraciones y actos perdemos la coraza de la retaguardia."

"En la versátil lucidez de un segundo de inspiración se encuentra el momento liberador del prisionero que llevamos dentro."

"Las pasiones desvelan el verdadero rostro del paseante anónimo."

Por:Charo González




17 de Mayo, 2008, 7:22: Ricardo AbdahllahGeneral


Lo que hacemos es observar a la gente y no le voy a dar más vueltas al asunto. Nos gusta y a nadie le hacemos daño, porque nadie sabe que desde el último piso de un edificio del barrio Terrazas dominamos Bucaramanga. ¿Algo de miedo? Sí, por supuesto, un amigo medio paranoico dice que el miedo siempre triunfa y algún día esto terminará y tal vez termine mal, pero mientras tanto las pasamos bien. Martín, que es el dueño del telescopio, aunque últimamente soy yo el que más lo utiliza, dijo que deberíamos inventar un nombre para nuestro pequeño club de observadores, pero yo no creo que eso sea tan importante. A Johanna Bach, que desde hace un tiempo es la novia de Martín, sí le parece bien lo del nombre, pero no se le ocurre ninguno. Así que por ahora somos voyeuristas anónimos.

“¿Voyeuristas Inc. no sonaría bien?”.

No del todo. No se puede poner un nombre a la ligera.
La primera noche llegué a visitar a Eduardo y Martín me abrió la puerta. Me dijo que Eduardo estaba encerrado con Ilana en el cuarto y que no los molestáramos, que mejor mirara lo que había conseguido. En el balcón nos esperaba Johanna con un montón de tubos y lentes que trataba de ajustar de alguna manera, parando sólo para tomar algo de vino de la botella de Moscatel que tenía al lado. Con una ronda compartida por los tres el equipo estuvo completo y desde entonces hemos seguido siendo los mismos con tal cual invitado que se aburre rápido. Una noche vinieron Alejandra de Merak y Dani C. con el cuento de que querían ver las estrellas y nos descuadraron el equipo para al final decidir ir a verlas de cerca al Páramo de
Berlín. Al otro día regresar a contarnos que la lluvia no los perdonó y casi mueren de hipotermia. Ilana y Eduardo también nos acompañan a veces, pero tienen como mala suerte para este asunto y nunca logran ver nada. Las ciudades, y Bucaramanga sobre todo, exigen algo de coqueteo antes de desnudarse y por supuesto, se necesita saber coquetear. Las primeras noches las gastamos ajustando todas las piezas que el señor Brownstone, el papá de Martín, le había enviado desde Nirvana. Armar un telescopio no es fácil y menos para un ebrio y menos para tres ebrios: Martín y yo con los cócteles que él preparaba con licor robado del bar donde trabajaba y Johanna con su Moscato o Dubbonet o Nightrain o Grajales o St. Emillion o lo que fuera porque ella veía el beber exclusivamente vino como un destino independiente del precio y la marca. Esos días prácticamente vivimos donde Eduardo y Martín, pero últimamente sólo me reúno con ellos los viernes y los sábados, que son los días en que hay más para ver. Johanna en cambio más o menos se quedó a vivir del todo, aunque me parece que el asunto de la observación ya no le despierta el mismo entusiasmo que le vi la noche que terminamos de unir todas las piezas marca SODAL OPAR TX-E, que supusimos importadas de algún ya inexistente país de Europa Oriental. Hacer que a través del telescopio se logrará ver algo diferente a una mancha fuera de foco tomo al menos la misma cantidad de tiempo, pero superadas las cuestiones técnicas (que incluyen las cuestiones ópticas) comienza la parte realmente difícil que es encontrar escenas que valgan la pena para ser observadas. Digo situaciones porque, salvo la sesión sin éxito de Dani y Alejandra, nuestra intención nunca fue que el telescopio sirviera para mirar al cielo. Lo interesante está en la tierra, las cosas de los hombres, no de las estrellas que los rigen. El apartamento, en el último piso de un edificio en la Carrera 45, tenía de entrada una buena panorámica, pero una buena panorámica es nada para quien no tiene ojos abiertos, buenos músculos en el cuello y paciencia de pastilla en el frasco de un seguro suicida. Un proverbio Tuareg dice “Los detalles se aprenden en la práctica” y lo que vale para los cazadores de gacelas del Sahara vale para quien caza con un telescopio de segunda. Hay, por ejemplo, que favorecer las cortinas traslúcidas sobre las abiertas, que seguramente serían el primer objetivo de un inexperto: Nadie hace nada interesante frente a una cortina abierta, pero las traslúcidas dan una confianza que invita casi a hacer algo que no esté del todo bien, meterse los dedos en las orejas por ejemplo, sólo por el hecho de saber que nadie podrá observar ese acto. Las primeras noches desmoralizan y también nos pasó a nosotros al punto de que estábamos a punta de desarmar y empacar de nuevo el telescopio en un gesto que significaría nuestra adhesión a la creencia casi unánime de que en Bucaramanga nunca pasa nada. Entonces vimos dos escenas, un tipo calvo navegando en Internet y una pareja de ancianos viendo televisión. Ninguna de las dos situaciones tenía nada de particular, pero eso era parte de su encanto. No que las personas hicieran sus cosas de siempre mientras las observábamos, sino que las hacían aunque los observáramos. De ahí lo inofensivo del pasatiempo. El calvo trabajó en el computador hasta que se aburrió y los ancianos vieron televisión hasta que nosotros nos aburrimos. En las semanas siguientes vimos una partida de crucigrama animada con tequila, un tipo llorando por teléfono y pateando la pared, una mujer joven bailando mientras barría su cuarto, una dama que preparó para el almuerzo salmón ahumado y para la noche sopa de pajarilla, dos jóvenes, él sin camisa y ella con blusa negra, que se hacían señas de un edificio a otro y una familia perfecta: padres jóvenes y dos niñas monitas como de ocho y tres años, auto rojo estacionado frente a la casa, comiendo cereal importado y sonrientes a la mesa. Vivían en un tercer piso cerca de nuestro puesto de observación y aunque aparte de las cortinas traslúcidas tenían otras gruesas no las cerraban nunca. Eduardo los vio una vez y dijo que parecían salidos de una propaganda de televisores. Yo en ese momento no entendí la comparación.
Esas eran las cosas de todos los días.
El sueño, o mejor, los sueños de los observadores como nosotros, pueden resumirse en captar una instantánea de sexo o crimen, las dos fuerzas románticas por excelencia. Para la primera no necesitamos esperar mucho tiempo. Cinco semanas después de empezar nuestras observaciones nos dimos cuenta que con algo de trabajo y dependiendo de si el viento movía una palma que nos cortaba la línea directa podíamos enfocar sobre las ventanas de tres cuartos en un motel sobre la carretera antigua a Floridablanca. Siempre son las mujeres quienes cierran la cortina y si me lo preguntan diría que no es que los hombres no la noten abierta sino que les encantaría que los vieran, pero eso lo pienso sin saber lo que se dice en los cuartos. La única vez que una cortina permaneció abierta fue, entonces, porque ella decidió abrirla. Los dos jugaron en la bañera y se persiguieron por todo el cuarto hasta atraparse, pero luego, cuando Martín y Johanna ya habían decidido imitarlos y yo seguía solo en el balcón, sacaron no sé de dónde dos libros y se pusieron a leer en el momento en que la pequeña complicidad, de la que yo debería ser testigo, parecía inevitable. Amaneció, en todo caso y siguieron leyendo y se fueron ya bien entrada la mañana.
Ilana decía, luego supe que la idea no era de ella, que somos piezas con las que Dios juega ajedrez y que Dios es la pieza de ajedrez con la que juega un Dios más grande. Desde nuestra torre de vigías hemos visto sobretodo gente que juega póker y ventiuna. Hemos visto discusiones, esfuerzos culinarios, bailes y un par de robos pequeños. Niños que juegan video durante horas, un violinista que mira todo el tiempo la partitura con su instrumento en la mano pero no toca jamás y un gordo de gafas que gasta sus noches mirando pornografía dura en Internet. Una noche muy clara alcanzamos a ver un tropel en Provenza y a tres borrachos mechudos de saco y corbata huyéndole a otro en pantaloneta y con un machete en la mano. De todo esto importa sobre todo el gordo, porque él fue la primera persona en la que nos interesamos, digamos que de manera constante. El protagonista, no el hecho, no lo que pasa un en un día sino lo que le pasa siempre aunque entonces nos movía una pregunta más bien concreta ¿Es posible que alguien pase todas sus noches viendo porno? y la respuesta es sí. El gordo las pasaba, de lunes a domingo, una y otra vez. Con el tiempo y agotada la pregunta, dejamos de observarlo, pero esa idea de observación constante la aplicamos a la familia perfecta por la casualidad simple de que el auto se les dañó al día siguiente a aquel en el que habíamos decidido dejar de mirar al gordo.
Así nos fuimos dando cuenta, por ejemplo, que el papá se enciende un porro todos los días después de que su esposa sale con las niñas para el colegio (creemos que ella es profesora o psicóloga porque siempre sale y regresa con las niñas en el bus escolar) y después el tipo sale a trabajar vestido con saco y levando en la mano la corbata que debe ponerse antes de entrar a la ofician y que no se quita al regresar a casa, cuando las niñas están listas para irse a dormir.
“Se los dije” dijo Eduardo cuando le contamos acerca de la familia perfecta en una noche en la que la niebla que sube de Ciudad Norte hacía imposible cualquier observación “como de propaganda de televisores”.
Esa fue la primera gran noche, porque entonces entendí lo que Eduardo había querido decir.
La segunda gran noche fue hace tres meses. Johanna había sido la primera en notar que la mamá de la familia perfecta ya no llegaba con las niñas y ahora la traía un tipo que la dejaba a media cuadra de la casa despidiéndola con un beso en la boca. No creo que llevaran mucho tiempo, porque nos hubiéramos enterado y al papá de la familia perfecta tampoco debió costarle mucho trabajo descubrirlo. Era sábado, la mamá de la familia perfecta salió temprano con las niñas y nosotros cumplíamos un año de observaciones. Martín, para conmemorar la ocasión, preparó un cóctel que llamó “Voyeur” y con el primera trago supe que debía tener hasta whisky Indio Pedro porque lo sentí bajar por mi garganta tratando de frenar su caída agarrándose con uñas de ácido sulfúrico, pero al otro lado del tubo el papá de la familia perfecta bebía tanto como nosotros. Hay noches que avanzan como avalanchas, convencidas desde el principio de que no dejarán sobrevivientes. Hacia la madrugada, ya ebrios en el punto de que dormíamos por ratos, Martín dio la voz de alarma. El papá de la familia perfecta caminaba de un lado a otro de la habitación con un revólver en la mano. A veces se detenía apuntando hacia una silla vacía y luego se metía el revólver a la boca. La situación exigía por supuesto que hiciéramos algo.
“¿Cómo qué?” dijo Martín mientras servía aún otro vaso de su coctel.
“No podemos llamar a la policía” dijo Johanna. “¿Cómo les vamos a explicar?”
“Van a pensar que si los vigilamos es para secuestrarlos”
En eso tenía razón. La gente andaba muy paranoica en Bucaramanga. Había comenzado a pensar en ir frente a la puerta para advertir a la mamá de la familia perfecta en cuanto llegara.
“No podemos hacer eso” dijo Johanna.
“Él no está preparando un regalo de cumpleaños” dije. Johanna y Martín me miraron casi con lástima y apostaría que pensaron expulsarme antes de que Martín me explicara con tono de profesor de primaria.
“No podemos hacer nada más que observar” dijo. Johanna tomaba otro trago de vino mientras miraba.
“La policía no va a creer que queríamos secuestrar a la persona a la que le vamos a salvar la vida” dije.
“Dije lo de la policía por decirlo” dijo Johanna y pasó para pasar el trago “la razón es que nosotros no somos del tipo de los bomberos voluntarios que miran desde el cerro Morrorrico para avisar de los incendios”
“Somos observadores, lo que hacemos es ob-ser-var”
Pocas cosas son tan ofensivas como una palabra dicha por sílabas.
“No estamos haciendo un documental” dije “tampoco tenemos estatutos o algo así”
“¿Por qué la gente odia los policías?” dijo Martín.
“¿Porque le pegan a los demás?”
“Porque intervienen. El ladrón tiene unas causas que lo explican. Roba por algo. La víctima debería defenderse, el policía rompe el equilibrio”
A Johanna no le quedaba mucha paciencia cuando dijo que finalmente había dos razones.
“La ética y la práctica y conste que odio ponerme a utilizar palabras complicadas. La ética es la del camarógrafo de la National Geographic que sabe que no puede salvar un hipopotamito. La práctica es que si intervenimos hoy, en dos semanas estaremos ayudando a resolverle los problemas al mundo
“Otra cosa” dijo Martín “No sabemos lo que ha pasado antes. Sólo una parte. A lo mejor ella ha hecho cosas horribles”
Era el “sólo una parte” lo que más me sonaba de todo. Sólo sabía, para empezar, lo que Martín y Johanna habían hablado frente a mí, pero ignoraba lo que se habían dicho cada vez que se iban al cuarto de Martín o cuando ella lo esperaba a la salida del bar y subían caminando de la mano por el atajo que uno toma para llegar a Terrazas. A ellos los había mirado tan de lejos como al papá de la familia perfecta, al otro lado del telescopio.
Ya casi amanecía cuando la mamá de la familia perfecta bajó del carro que la traía todos los días dando un portazo y sin besar al conductor. Se supone que sólo podía verla pero me parecía escuchar sus pasos mientras subía las escaleras hacia su apartamento justo mientras el papá abría del todo la cortina traslucida y apuntaba hacia la puerta.
“Está llorando” dijo Johanna y aunque ya me había convencido de que Dios no sabe jugar ajedrez y sólo ve la partida pensando que existen reglas, me sentí tranquilo pensando que después de llorar nadie dispara.

Por: Ricardo Abdahllah

 

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