Son ya muchas las voces que acusan al escritor
peruano de incurrir en plagio. Cuando se presentó la primera reclamación nadie
hizo caso de ella por proceder de un autor desconocido, sin embargo, con el
paso del tiempo, medios de comunicación peruanos como el diario El Comercio
y Perú 21 presentaron sendas denuncias,
es ahí cuando la noticia empieza a trascender y se habla de hasta 27 casos, 16
de los cuales se han demostrado plenamente.
Por su parte, las explicaciones del propio
autor (acusa a su secretaria) son, por decir lo menos, infantiles.
Apartándonos del delito, ya las
autoridades harán su trabajo – espero - me pregunto sobre los motivos qué
pueden llevar a un autor al plagio: podría ser pereza, falta de inspiración,
ligereza al elegir, pensar e investigar acerca de un tema, o simplemente oportunismo,
¿para qué reinventar la rueda?
Cualquiera que sea la causa, es innegable
que se incurre en un fraude, que conlleva a una pérdida de credibilidad por
parte de sus lectores y conocidos, pues los artistas, desde la antigüedad
inspiran un halo especial que los ubica por encima del bien y del mal. La gente
generalmente cree que son inmunes a las debilidades de los demás mortales, los
encuentran objetivos, o poseedores de una inteligencia superdotada que les
permite ver más allá de lo que a los otros les es negado, por eso, sus
seguidores creen a pie juntillas sus teorías, debaten fervorosamente sus tesis,
analizan los posibles motivos que los llevan a culminar en determinadas teorías
e incluso se han convertido en íconos culturales decisivos en el desarrollo
histórico de la humanidad.
Por eso, no es raro que a un artista
caído, las masas lo apabullen, es lógico, los ha defraudado, ha mostrado sus
pies de barro y eso es inaceptable.
¿Por qué? Sencillamente porque con sus actos
fraudulentos nos grita que es igual a nosotros, que no posee nada divino y que,
en el fondo, era una ilusión a la que nos aferrábamos para creer que en nuestra
existencia podría suceder, algún día, algo maravilloso. No hay salvación,
nuestros pies dejan huellas de lodo… a menos que renuncie a su “divinidad” y
reconozca públicamente su fraude.
La Dirección.