Un comienzo de año siniestro, en vista de la crisis que generaba la manifiesta y veraz infiltración del paramilitarismo en el Congreso, se atenuó con la muerte de Wilber Varela, alias "Jabón", el primero de febrero, en Barinas, Venezuela.
     Así, se cerró la vida delictiva de uno de los narcotraficantes más buscados del Cartel del Norte del Valle, quien protagonizara una sangrienta guerra por el control del tráfico de estupefacientes en esa zona del país.
    Numerosas pérdidas humanas dejó aquel trágico enfrentamiento que, en ese entonces, favoreció a la banda de "Los Mellizos", ya fortalecidas por la captura de "Don Diego" en septiembre de 2007.
    El "gran logro" en la lucha contra el narcotráfico enarbolaba las banderas urbistas, que ya se ondeaban, como presagio del respaldo multitudinario que el país le expresaría al presidente Uribe en la marcha del 4 de febrero.
    La iniciativa, que se presentaba como un aparente mecanismo apolítico de
hacer converger los esfuerzos de la ciudadanía por reclamar el fin de la  lucha armada de las Farc, al final, no lo fue tanto y se convirtió en la plataforma de un uribismo visiblemente agotado hasta ese momento.
    Entonces, la alianza siempre vigente que el mandatario colombiano parece mantener con los medios de comunicación más importantes del país hizo que la consigna de millones de compatriotas, en contra de la guerra, se transformase en el respaldo fervoroso hacia su presidente.
    No en vano, diez días antes de la majestuosa movilización, Caracol Radio reveló una encuesta en la que los colombianos declaraban respaldar casi unánime e irrestrictamente a Uribe. 80 puntos de popularidad alcanzó el mandatario, tras una consulta más bien amañada.
    Aunque suene poco revelador para muchos, bien cabe esclarecer que la consulta fue contratada por el grupo español Prisa y que fue practicada a no más de mil ciudadanos en Cali, Medellín, Barranquilla y Bogotá.
    Ante el resurgimiento de ese ferviente uribismo que, desde la "para  política", comenzaba a tambalear, la oposición intentó contrarrestar sus efectos arrolladores con una movilización similar en la que la ciudadanía señalaría al Estado como el culpable de miles de asesinatos y desapariciones forzosas enmarcadas en el delito político.
    Iván Cepeda, hijo del ex dirigente de la Unión Patriótica, UP, Manuel Cepeda Vargas, asesinado el 9 de Agosto de 1994, lideró la convocatoria para marchar a favor de las víctimas de los crímenes de Estado y del paramilitarismo, que se efectuaría el 6 de marzo.
    Con una cachetada descalificadora y calumniosa respondió el uribismo, a través del asesor presidencial José Obdulio Gaviria, quien se atrevió a asegurar que quienes salieran a apoyar esa iniciativa estarían respaldando a la guerrilla, pues aquella era la "marcha de las Farc", puntualizó.
    Las punzantes declaraciones volvieron a tener eco en la opinión que, desde entonces, libró un debate insulso e improcedente, tratando de dilucidar si la organización armada se encontraba tras la propuesta popular. Además, luego de la sentencia, seis de los organizadores de la marcha resultaron muertos y otros fueron víctimas de amenazas contra su vida.
    El primero de marzo, a cinco días de la movilización, otro chispazo de  suerte para la administración Uribe se produjo, con la muerte de "Raúl Reyes". La noticia no fue la descarada violación a la soberanía ecuatoriana por parte de las Fuerzas Militares colombianas sino su pericia para dar de baja a uno de los más importantes hombres de las Farc.
    Así, se fraguaba otro gran bocado para la arrodillada prensa nacional que dejaría de fijar su atención en el vergonzoso caso de la para política, para dedicarse a glorificar al Gobierno y su Ejército que "demostraba inigualables resultados en la lucha contra la subversión".
    No obstante el delirio que produjo una masacre en la que, además de "Reyes" murieron 21 personas más y resultaron heridas tres estudiantes mexicanas, se vino la cumbre de Río en la que América Latina, unánimemente, rechazó la abrupta invasión de los militares colombianos sobre suelo ecuatoriano.
    Pero como en otras ocasiones, aquel siete de marzo en el que el país fue abofeteado por todo el continente, una buena parte de los colombianos no se abstuvo de sacar pecho por el glorioso Gobierno de la mano dura.
    Previo a la firma de la declaración del pacto de Río, las autoridades anunciaron la muerte al Comandante del Frente 47 de las Farc, "Iván Ríos".     
    La valerosa acción no era más que el producto de la traición de un  hombre sanguinario que, como alias "Rojas" , asesinó al líder insurgente y certificó el hecho enviando uno de los dedos de la mano derecha del extinto jefe guerrillero. Era una "gesta heroica" que el país no dejaría de premiar con el pago de $5.000 millones de pesos.
    Así, la condena que recibimos de parte de nuestros vecinos en toda la región terminó siendo un saludo a la bandera, en virtud de los bríos que para muchos de nuestros compatriotas trajo la noticia de abatimiento de  "Ríos".    
    Ante la crisis de legitimidad que enfrentaba un Congreso casi por completo inmerso en la "para política", el presidente Uribe parecía  inmunizado. Ni la vergonzosa actuación de su primo, el senador Mario Uribe, quien intentó evadir a la justicia, logró si quiera despeinarlo. 
    Tan increíble pero ciertamente quedó demostrado el pasado 22 de abril, cuando la Fiscalía dictó medida de aseguramiento en contra del ex senador.
    Al ser alertado sobre el particular, el ex legislador aseguró que él mismo se presentaría en el búnquer del organismo en Bogotá, oportunidad  que aprovechó para refugiarse en la embajada costarricense en Colombia y pedir asilo político en ese país.
    Por el bien de la desprestigiada justicia colombiana, los ticos se negaron a brindarle refugio Mario Uribe, pero todavía queda en la memoria de quienes aún conservamos el dolor de patria esa imagen  indignante, que muchos se niegan a reconocer como tal.
    Entonces, no hubo ni la más mínima alerta de parte del alto Gobierno, pues la opinión de favorabilidad continuó vigente, a pesar de este escándalo y a pesar de la inclusión casi completa de otra bancada  uribista en la "para política" como Cambio Radical, incluyendo la presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez.
    Ya no había necesidad de generar más cortinas de humo, pero, por si las  dudas, el Gobierno siguió fortaleciéndose con una seguidilla de golpes  al narcotráfico y la subversión, que iniciaron con la muerte de uno de "Los Mellizos", la consecuente captura del restante y la reciente entrega de la sucesora de "Iván Ríos" en el Frente 47, "Karina", de quien se presume habría ordenado el asesinato del padre del presidente, Alberto Uribe Sierra, el 14 de junio de 1983.
    Más sorprendente todavía fue la extradición de los 14 ex jefes
paramilitares la semana pasada, que aparentemente desmentía la cercanía del presidente con el grupo de extrema derecha. Nadie pensó en la  posibilidad de que el repentino traslado hacia los Estados Unidos de "Macaco" y los demás ex líderes paramilitares podría significar el alto definitivo a la "para política".
    Nadie se cuestiona lo casual que se muestra el hecho de que sólo hasta hoy, horas antes de las revelaciones de la "Farc Política", las  autoridades hayan dado parte de los discos duros de los computadores de  los ex paramilitares, extraviados desde hace meses.
    No quisiéramos caer en la paranoia, tan frecuente en algunos líderes
opositores, pero resulta bastante coincidente el que todos los jefes guerrilleros muertos hayan sido reconocidos como los más importantes administradores del tráfico de drogas dentro de las Farc, una especie de  relación homóloga con los ex jefes paramilitares extraditados.
    Si se observa la relación, pareciera vislumbrarse que hay una procura sistemática por sacar del camino a los jefes del narcotráfico, cuando uno de sus más importantes representantes y declarado enemigo de la cúpula del Cartel del Norte del Valle, "El Loco Barrera", sigue delinquiendo.
    Y si a eso se le suman las versiones de algunos periodistas, que aseveran que el hijo del extinto capo, Pablo Escobar, está rearmando el Cartel de Medellín y su percepción según la cual el presidente, ese mismo de que departiera en numerosas ocasiones con algunos de sus líderes en los 80`s, estaría relacionado con él, podría armarse un rompecabezas que muchos se niegan a construir.

Por: Yogoar