“No deje que la mente lo vuelva loco.”

“Si queremos crecer, cambiar, explorar nuevas conductas y posibilidades en nuestra vida, si queremos dejar de hacer cosas que no funcionan, hay que dejar de ser memoria…”

“Concéntrese en un único objetivo, elija lo primordial y tráigalo a la mente cada vez que pueda”

“Imagine”, “decida”, “piense” “rodéese de personas influyentes”, etc., etc.

 

 Y uno escucha estas cosas de labios de aquellos amigos más queridos, esos, por los que ponías la mano en el fuego considerándolos libre pensadores y tienes que hacer de tripas corazón, pues no quieres decepcionarte de ellos, tampoco los quieres ofender, pero en el fondo, te rechinan los dientes al sentir que te han defraudado, no era eso lo que esperabas que te dijeran.
        Cómo es posible que ellos, a quienes considerabas tan libres, te suelten ahora esa jerga de autoayuda populachera, no lo entiendes y tragas saliva intentando poner cara de inteligente para soltar alguna frase que desvíe el tema sin pasar por un mal educado corta rollos rompe pelotas.  
        En esos momentos darías cualquier cosa por recurrir al manual de instrucciones (protocolo, lo llaman las ciencias modernas), o simplemente soñar que estás en un reality y usas el control remoto de la tele cambiando el canal.
        Igual sucede que te culpas por ello y pensamientos como no debí contarle, te atormentan toda la noche. Pero si es una tontería, te dices, no debería preocuparme. No. eso no funciona, uno siempre se queda rumiando esos no debería hasta que el despertador ulula por el cuarto. Entonces, una vez que el despertador se ha silenciado, suena la alarma en tu interior. La culpa no es de tus amigos, no es de esos brujos que exhalan frases de autoayuda ya estén vestidos de hermanos cristianos o de catedráticos Honoris Causa de alguna universidad salmantina, la culpa, en mi opinión,  es de Dios o de sus publicistas que no previeron una campaña de seguimiento a dos mil años vista, por eso ha perdido participación de mercado llegando al punto de que un alto porcentaje de consumidores lo ignora olímpicamente, eso es lo malo, ya ni siquiera se debate si tenía o no razón, si existía o no, simplemente lo ignoran y eso señores es lo peor que pudo haber pasado.
        Porque ahora sin Dios que nos ayude en nuestras desgracias o, Paraíso pagado en cómodas cuotas mensuales, nos sentimos solos, huérfanos, desamparados, perdidos e indefensos. Por eso no sabemos qué hacer ni a quien recurrir para encontrar sosiego, cosa que jamás reconoceríamos a los cuatro vientos para no dejar ver nuestras debilidades. Cómo no vamos a tener el control, si hemos pasado como una gran apisonadora sobre nuestra civilización, si hemos asolado pueblos enteros simplemente porque no pensaban como nosotros
        ¿Hasta dónde ha llegado la humanidad? primero eliminamos nuestra sabiduría intuitiva, aquella que fundaba su existencia en el orden natural de las cosas, el rayo, los truenos, las tempestades, huracanes, etc.; después creamos unos dioses: Zeus, Hera y una pléyade maravillosa, a quien también le dimos la espalda. Una vez nos cansamos de ellos, nos dio por crear la leyenda de Dios, Yavé, Mahoma, Buda, etc., que también sucumbió a nuestro voraz apetito consumidor, con tan mala suerte que éste también se agotó y seguimos solos, huérfanos, desamparados, perdidos e indefensos, eso si, bien parapetados tras las teorías mágicas de auto ayuda que me promete la portada de este libro que estoy a punto de pagar en la librería más importante de mi civilizada ciudad.

La Dirección.