14 de Junio, 2008, 7:22: SelváticaAlaprima

 

En la negra noche
mi rostro había tomado el lugar de la luna
mi mismo rostro
mis ojos
la misma curvatura de los labios
la redondez de los pómulos
la ondulación de la barbilla.
Sin embargo
los cabellos no terminaban de acomodarse
parecían tener vida propia.

Por: Selvática
14 de Junio, 2008, 7:06: GladysGeneral

 

    ¿Por qué no soy capaz de vivir unos segundos sin ti?
    ¿Por qué saltas a mis pensamientos intermitentemente como las pelotas del pin ball?
    Si estoy despierta apareces a mi lado o te metes en mi barriga.
    Si sueño, te deslizas por mis pestañas y apareces en la mitad de la montaña que justo, voy a escalar, o colgado de la luna que alumbra mis fantasías.
    Si camino por las calles, saltas entre las baldosas, jugueteas de rama en rama, apareces tras de mi cabeza en los cristales de las vitrinas y juegas con los rostros muertos de los maniquís.
    Estás ahí, siempre estarás ahí y apenas hoy me doy cuenta de lo afortunada que soy, pues a diferencia de los demás mortales, soy la única mujer que posee dos sombras.  

II

    Esta noche he recobrado el placer de andar, recuerdo perfectamente todo lo que sentí justo antes de tal acontecimiento.
    Mi cuerpo gravitaba sobre las luces de la ciudad, no podía abandonar esos atardeceres bogotanos y aunque mi partida ya se estaba retrasando, aunque por algunos instantes la gama de colores se enturbiara, no podía abandonarla, debían esperarme un poco, darme tiempo para asimilar la separación, ¿acaso no entienden lo duro qué es abandonar lo que nos ha acompañado por años?
    Pero mi deseo era una brizna de polvo ante la inmensidad, mi ciudad, sus luces, sus murmullos, sus gentes, sus olores, sus alientos, empezaron a materializarse en una sustancia viscosa que se abría paso como un enorme torrente formando caminos sinuosos a mi alrededor; las montañas mutaban en areniscas asfixiantes mientras la luna iba alumbrando el caos imponiendo su impronta de plata en el universo; en ese momento mis piernas volvieron a agitarse, se irguieron firmes dibujando sobre el paisaje lunar mi cuerpo y sus dos sombras, los  tres empezamos a vagar por el universo recién estrenado, redescubriendo una nueva dimensión en las motas de polvo que nos rodeaban. De repente, una pequeña piedra ya no era una piedra, sino un mundo que cabía perfectamente en la palma de mi mano, las farolas de las calles dejaban de ser un invento de este siglo y se convertían en las proyecciones de mi cuerpo dividido en tres; la floristería de la esquina, la papelera a rebozar, el restaurante oscuro donde los hombres se desgañitan en un intento de cantarle a la inmensidad que ellos siguen siendo los reyes, en medio de los vapores a ajo frito en la sartén de la doña.
    Y mis rodillas cumplían su objetivo, y mis muslos obedecían, las plantas de mis pies se colocaban una detrás de otra, plenas de sentir a su lado a sus dos negros compañeros…
    Entonces la vimos.
    Su cuerpo descansaba apoyado junto a un carro que empezaba igualmente a derretirse en la desembocadura de una calle ciega…
    Lucía el mismo vestido que mi memoria guardaba desde que la ví por primera vez, hace como quince años atrás, un vestido negro salpicado de flores blancas, diminutas, los senos casi le saltaban del pecho amenazando con romper la tela y desbordarse en un torrente de carne blanca, la falda, que apenas le cubría las montañas de celulitis de sus muslos se levantó con un golpe de viento y en ese segundo agradecí a la naturaleza el dejarme entre ver, al menos fugazmente y por última vez, el pubis más experto del callejón ciego, en ese segundo imaginé más que ví el vello negro como tibia pelusa entre las piernas. Imaginé la calidez, la humedad, el olor…
    Pero al levantarse la falda, lo que descubrí con horror fue un gran trozo de carne rosada de piel de estómago colgándole sobre le pubis como una horrible enagua de carne.
    Yo quise avanzar, cerrar los ojos, seguir caminando indiferente, pero mis dos sombras se negaron, rebeldes se aferraron al cemento y me  impidieron seguir caminando, me clavaron en el pavimento y cuando lograron reducirme a la inmovilidad, tuve la certeza de que ahora yo formaba parte de aquel callejón ciego…
    Tener dos sombras tiene su precio, y aún me están esperando, donde quieran que vayan los muertos.

    Por: Gladys

 

 

14 de Junio, 2008, 7:02: Charo GonzálezHablando de...



"Parecen signos de desprecio, pero son formas de afrontar la desazón de lo inevitable, es simplemente la necesidad de tener espacio cuando en todo momento nos parece que nos falta el aire."

"Prescinden de la conveniencia del que paso a paso construye un sendero seguro para los suyos. Próximos a sentirse dioses planean sobre una Tierra desgastada, rota y amarga. Piensan que con su "inteligencia" y su "poder" podrán recuperar, comprar, aquello que perdieron LA VERGÜENZA"

"Lagunas en el lenguaje, pasajes en puntos suspensivos, punto y seguido de historias sin personajes. En la leyenda de un ser que se comunica con simbolos gráficos existe la creencia que así perdurará tras el fin de su existencia."

"Donde las siluetas se vuelven estátuas los escultores desdibujan su alma" 

"Frente a la chimenea había permanecido toda la tarde, las llamas le habían hecho viajar sin necesidad de moverse y el crepitar de la leña le había susurrado canciones antiguas. Ahora ya no las oía, la noche había llegado y el fuego había extinguido con él la última estrofa. ¿Por qué no habré puesto un tronco más? se preguntaba frente al vértigo, ¿Por qué no lo habré puesto?."

Por: Charo González


14 de Junio, 2008, 6:29: La Dirección.Hablando de...


Han adivinado. Precisamente en esa fecha se inaugurarán los juegos olímpicos en el gran imperio. Nadie quedará impávido ante lo que va a acontecer, incluso aquellos para quienes el deporte es indiferente.

La razón del interés suscitado es, por supuesto, el país que lo organiza, China representa a una gran civilización en la que leyenda y la realidad rivalizan.  Leyendas como la de asegurar la inmortalidad teniendo relaciones sexuales con jóvenes castos, o máximas que nos aconsejan ser tan flexibles como las ramas de bambú, que se inclinan ante la adversidad sin partirse, para luego erguirse con mayor ímpetu, o esta otra que me viene a la memoria, habla de la filosofía de un campesino, quien creía que su universo no sólo consistía en los pocos metros cuadrados de superficie de su terreno para cultivar, sino todo lo que podía abarcar hacía arriba, hasta el cielo, o hacía abajo hasta las antípodas; también tenemos su cine, su teatro, arquitectura y esa estética rojo-dorado que envuelve todo lo oriental con un aura intrigante en la que nos solemos introducir los occidentales de una manera imprudente, juzgando, criticando o adoptando sus credos con ardor religioso como sucedió con las teorías de Mao principalmente América Latina y a cuyo fanatismo le debemos tantos muertos.

Los imperios se construyen día a día, la cultura de un pueblo se abona cada segundo y a sus ciudadanos compete cuidarla, abonarla y expandirla, esto estaría muy bien si en ese proceso de expansión no se avasallara a las minorías, pero la realidad es otra, a lo largo de los milenios hemos visto desaparecer civilizaciones enteras bajo las dictaduras de la fuerza, o los subterfugios de la política. Cada cierto tiempo la humanidad sacude sus alfombras y la fisonomía se transforma, ¿estaremos viviendo esos momentos? Podría ser, la fecha misma tiene un aire intrigante y premonitorio, el ocho, a las ocho del octavo mes del octavo año del milenio…parece algo sacado de los arcanos de Nostradamus, ¿a qué si? Pero no hay que preocuparse, ese día, todos estaremos viendo el maravilloso espectáculo de inauguración ya sea de cuerpo presente o por la tele y durante los próximos días organizaremos nuestra cotidianidad para ver qué hacen nuestros deportistas… si los monjes tibetanos se encierran en sus templos, en callada protesta, nos diremos que ellos son así, nadie va a boicotear nuestro más grande espectáculo del verano, mientras vamos contando las medallas que ganan nuestros deportistas. El ocho a las ocho…

La Dirección