Hace poco, haciendo un trabajo de investigación en la biblioteca, y mientras revisaba unos periódicos de 1903 me encontré con una noticia que denunciaba “la trata de blancos”. Se refería a mafias organizadas que captaban hombres en países como Alemania, Holanda, Bélgica, España y algunos más de Europa para llevárselos al nuevo mundo. Cada hombre era pagado a 0,08 centavos, el precio aumentaba si el hombre venía acompañado de su familia. Estos además tenían que costearse el viaje y una vez en tierras americanas, eran abandonados y el dinero desaparecía…

¿A qué la historia les suena?

          Ha transcurrido más de un siglo y la humanidad no ha cambiado absolutamente nada. Esa noticia podría ser de un día como hoy, y en vez de europeos en bancarrota, los protagonistas proceden de Senegal, Sierra Leona, Marruecos o Sur América.

          Cuando leo estas noticias, cuando miro a mí alrededor me pregunto ¿por qué no cambiamos? Es que acaso todos estos años de historia que cargamos a nuestras espaldas no nos sirven de experiencia, es que los holocaustos, las matanzas, las guerras, cuyas cicatrices aún están abiertas, no nos sirven de freno. Como no hallo respuestas, me pregunto si la cultura ha contribuido en algo para amansar al animal salvaje que llevamos dentro, lamento no poder dar una respuesta positiva.

          Una pregunta me ronda la cabeza desde que leí la noticia, ¿sirve de algo la cultura? ¿Nos hace mejores seres humanos?  Si no es así, debería serlo, de lo contrario no avanzamos, nos movemos en espiral y en cada sacudida nos llevamos por delante a muchos seres humanos, incluidos nosotros mismos.

La Dirección