Escuché la música unos segundos antes de descubrir el sitio a donde me llevaban, no por mi voluntad, iba encadenado,  amordazado,  y era conducido a empellones. Para decirle la verdad, no me hacía ilusiones, no esperaba nada, ni siquiera tenía esperanzas de que allí pudieran soltarme, o de que ese traslado significara, para mí, al menos un asomo de alivio. Así que la música me importaba tanto como mi suerte.

Me dejé llevar, ellos hablaban, comentaban sus asuntos particulares, que a mi me importaban un carajo, y qué escuchaba, solo porque estaba a su lado. No me importaban mis carceleros, no quería que sus rostros se me quedaran en la memoria,  ni el tono de sus voces, por eso me abstraía, para que sus experiencias no invadieran mi mundo… ni más faltaba, que ellos se metieran en mi cerebro, ya me habían dejado sin vida física, no les iba a regalar la emocional.

Al fin llegamos, era un lugar de mal aspecto, oscuro, tremendamente caluroso, excediendo en mucho su capacidad de alojamiento. La música sonó más fuerte, era una música repetitiva, e independientemente, de donde estuvieras se escuchaba con más o menor intensidad. Del techo provenían chorros de aire frío que me hacían estornudar y me producían escalofríos, pero si me mudaba de lugar, el calor me asfixiaba. Como pude, avancé hasta uno de los orificios que representaba el papel de una ventana y aspiré desesperado el olor de la estática noche, que se había quedado en estado latente, las hojas de los árboles no se movían, la luna era un adorno muerto colgado del techo, y los  hombres y mujeres que pasaban delante de mi parecían impelidos de una fuerza mecánica que imprimía a sus pasos y al movimiento de sus brazos o cabeza una acción rígida y limitada.  Yo los imité para no llamar la atención, calqué sus movimientos y logré una actuación perfecta, nadie hubiera sido capaz de descubrir mi originalidad, ni siquiera uno de esos detectores tan sagaces con que se han proveído en los últimos tiempos.

- Ahora este tequila hermano – le dijo Alvaro balbuceando las palabras debido a la borrachera que tenía-.

- No hermano, me piro, aquí yo no pinto nada.

Salió a la calle respiró aliviado prometiéndose que jamás volvería a salir. Para qué quería amigos si la ps2 era su universo.

Por: Gladys