23 de Agosto, 2008, 5:56: La Dirección.General





23 de Agosto, 2008, 5:15: Charo GonzálezHablando de...




"Estaciones abandonadas esperan nuevos murmullos que hagan brillar nuevamente sus muros."

 "La ilusión no es un truco de magia, la realidad está llena de ilusiones ópticas."

 "Tres puntos en giro constante, sujetos al eje sólo pueden cambiar la dirección."

 "Exigen sin tener valor de mirar a los ojos de quien complace."

 "Cuentos de cenizas son los pasos del viento."

Por: Charo González

23 de Agosto, 2008, 5:06: JimulHablando de...





http://es.youtube.com/watch?v=Ny7GAvvAFcE

Gracias amigo infernal por darnos la oportunidad para cambiar de mundo solamente con un click sobre este link.

Buen viaje por el mundo de la magia.


23 de Agosto, 2008, 4:55: La Dirección.No, no voy a reflexionar sobre el deporte, aunGeneral

       No,  no voy a reflexionar sobre el deporte, aunque por estas fechas y dado lo que está aconteciendo uno no puede mirar para otro lado fingiendo que no pasa nada. Yo quiero contarles mi pasión por China, pero ese sentimiento es una mezcla de admiración y miedo; admiración por su cultura,  por sus obras, por su pensamiento, por la imprenta, el papel, las cometas, los paraguas, el ábaco, por nombrar sólo algunos de los inventos menos conocidos y miedo, por su carácter ancestralmente detallista, introvertido y hasta deshumanizado, que los ha impulsado a hacer lo imposible. Nadie ignora que ellos han destacado siempre en inventos que requerían de gran precisión y concentración,  en todos aquellos en los que las matemáticas juegan un papel considerable, sin olvidarnos de su literatura y filosofía.

    El papel de China en el desarrollo de Europa es mucho más grande del que imaginamos hasta el punto de que muchas de sus invenciones están presentes en nuestra vida diaria. China tuvo durante mucho tiempo un liderazgo tecnológico ya que la impresión, la navegación con el compás, la pólvora, eran tecnología punta siglos atrás y además eran instrumentos de dominación militar.

    Y sin embargo, a sabiendas de todo eso, el miedo a las culturas ajenas es una barrera que ni dos mil años de civilización occidental han podido derribar, nosotros con nuestro agotamiento cultural sentimos como amenaza el resurgimiento del dragón, y lo tememos en lo que más nos duele: el poderío económico, y lo que él representa para nuestro mundo consumista. Por eso el dragón se cierne sobre nosotros amenazando lo que hemos considerado avance de nuestra sociedad: el derecho a las vacaciones, el derecho a la individualidad, aspectos que a los chinos no les preocupa lo más mínimo, sus grandes logros han sido conseguidos a base de su laboriosidad extrema, y de su deshumanización: diez y ocho horas de trabajo en condiciones infrahumanas, con salarios mínimos, dejando de lado las comodidades más elementales, incluso sin recibir ninguna gratificación: el ejemplo lo tenemos en la fastuosa inauguración donde un millar de personas trabajaron como voluntarios para llevar a la perfección su presentación ante el mundo: la inauguración de las olimpiadas. Y la guinda: su silencio, sobre cuestiones sociales, política interna y externa y derechos humanos. Creo que ha llegado el momento en que el hombre debe reflexionar sobre si en realidad necesita consumir tanto hasta agotar el planeta, por parte de los occidentales o si es sensato matarse trabajando para satisfacer esa demanda, por parte de los orientales. Ningún extremo es saludable para la supervivencia del ser humano, se debe girar hacía una nueva concepción del universo, y este es precisamente el momento de cambiar, cuando tanto orientales como occidentales tenemos un pie en el aire.

La Dirección.


23 de Agosto, 2008, 4:29: GladysGeneral


Esta expresión se usa para nombrar aquella ropa que sirve de complemento, o salida de emergencia para el día a día. Aprovechando las rebajas, Silvia salió de casa con el fin de darle un aire a su “fondo de armario”. Después de atravesar la ciudad en el agobiante y caluroso metro, Silvia, literalmente fue vomitada a empujones, por la multitud que se asfixiaba ante las puertas de los grandes almacenes. A la hora en punto, el guardia musculoso del almacén posó sus enormes y rudas manos sobre la cerradura de la encristalada puerta y abrió echándose juiciosamente a un lado para que la multitud no lo aplastara. Silvia fue arrastrada en volandas por el primer piso del almacén y solo al cabo de unos segundos pudo colocar sus pies sobre las baldosas para poder hurgar entre los containers abarrotados de prendas a cincuenta céntimos.

Metió sus manos, revolvía la ropa pero sus ojos no veían los modelos, ni la calidad de la tela, ni podía distinguir si era una blusa, una camisa, un pantalón o una falda y mucho menos los precios. Sus ojos buscaban entre la multitud unas manos gruesas deformadas por la tensión de unas venas azules, unas uñas cuadradas muy bien cortadas y claro, lo que venía con eso.

Las demás personas, aprovechando su distracción le arrebataban de las manos las prendas de ropa, la empujaban, pisoteaban y sacudían a su antojo. Una voz por megafonía se imponía a los gritos: en el piso quinto todo lo que necesita para el hogar, en el segundo el escritor xx firma autógrafos, a los primeros diez compradores de su última novela se les obsequiará… Las manos del guardia de seguridad se erguían en mitad del cerebro de Silvia. Finalmente recobró la compostura, poco a poco fue saliendo del círculo de las rebajas y caminando en dirección opuesta a los clientes del almacén, se empeñó en buscar al dueño de aquellas manos.

Así fue como conoció a su personal fondo de armario, sonríe Silvia mientras contempla un viejo sueter de lana azul que ella le compró, ¿hace cuantos años? Silvia se sentó en el borde de la cama y miró sus propias manos, arrugadas, manchadas por los años vividos y recordó que en las noches de juerga sus amigos se reían de ellos llamándolos “amor de rebajas”, claro en broma, porque veinte años de felicidad no se encuentran en un container a cincuenta céntimos.

Por: Gladys
16 de Agosto, 2008, 3:50: ÁgataHablando de...


TENGO UN SUEÑO, UNA CANCIÓN PARA CANTAR
PARA AYUDARME A ENFRENTAR CUALQUIER COSA
SI VES LO MARAVILLOSO EN UN CUENTO DE HADAS
PUEDES ACEPTAR EL FUTURO, INCLUSO SI FALLAS
CREO EN LOS ANGELES
ALGO BUENO EN TODO LO QUE VE
CREO EN LOS ANGELES,
CUANDO SÉ QUE EL TIEMPO ES EL CORRECTO PARA MÍ
CRUZARÉ EL ARROYO - TENGO UN SUEÑO
 
TENGO UN SUEÑO, UNA FANTASÍA
PARA AYUDARME A ATRAVESAR LA REALIDAD
Y MI DESTINO HACE QUE VALGA LA PENA ESPERAR
EMPUJANDO A TRAVES DE LA OSCURIDAD, AÚN OTRA MILLA
CREO EN LOS ANGELES,
ALGO BUENO EN TODO LO QUE VEO
CREO EN LOS ANGELES,
CUANDO SÉ QUE EL TIEMPO ES EL CORRECTO PARA MI
CRUZARÉ EL ARROYO - TENGO UN SUEÑO
CRUZARÉ EL ARROYO - TENGO UN SUEÑO
 
TENGO UN SUEÑO, UNA CANCIÓN PARA CANTAR
PARA AYUDARME A ENFRENTAR CUALQUIER COSA
SI VES LO MARAVILLOSO EN UN CUENTO DE HADAS
PUEDES ACEPTAR EL FUTURO,  INCLUSO SI FALLAS
CREO EN LOS ANGELES
ALGO BUENO EN TODO LO QUE VE
CREO EN LOS ANGELES,
CUANDO SÉ QUE EL TIEMPO ES EL CORRECTO PARA MI
CRUZARÉ EL ARROYO - TENGO UN SUEÑO
CRUZARÉ EL ARROYO - TENGO UN SUEÑO
 Abba

Todo el mundo, al menos un momento en su vida ha tenido un sueño, si lo hicimos realidad o estamos en el proceso es algo que atañe solo a nuestra intimidad, o a esos soliloquios en los que a veces nos sumergimos.

Por supuesto hablo de las canciones de Abba, hablo del musical, de la sorpresa de ver a una actriz de la talla y edad de Meryl Streep, moviendo las caderas y dando saltos de vértigo junto a otro cincuentón, Pierce Brosnan, hablo de la fantasía y el mundo idílico y a pesar de las críticas, de los aspavientos de los modernos o puristas Mamma mía, no deja indiferente a nadie, a los pocos segundos de empezar, se expande por la sala de cine esa música, lacrimosa muchas veces, pero tremendamente emotiva, la voz empieza a unirse a los actores entonando sus letras mientras los corazones reblandecen. La razón elabora teorías que al principio parecen muy lógicas e inteligentes pero que al menor descuido dejan de tener valor intelectual demostrando que los sentimientos es lo más importante para el ser humano, la idealización, la búsqueda de la felicidad y la satisfacción personal, lo demás pierde valor. Qué nos importa que sea un refrito del famoso grupo musical, que sea un gran negocio, que unos actores cincuentones traten de revivir su pasado hippie, que una niña quiera saber quienes son sus padres… todo eso pierde importancia, se disuelve en la nada pero la semilla queda ahí, como hace más de cuarenta años: es lindo tener sueños y perseguirlos.

Por: Ágata
5 de Agosto, 2008, 14:12: Ágatabogotá


    Un largo sorbo de vino apozado en el recinto de mi boca para retardar el placer, una forma como cualquiera otra de escapar al sopor de esos almuerzos interminables donde se habla de todo y nada se escucha. Mis compañeros de mesa podrían agruparse en el vasto espacio que enmarca la amistad y los conocidos, unos rostros con los ojos brillantes "efecto exceso de vinos" y experiencias de una generación puestas sobre la mesa. A mi derecha una mujer de mediana edad, cabello corto impecable, enmarcando una cara lavada, pero muy atractiva, canturrea algo por lo bajo – ella también se inventa su propia historia para soportar los interminables almuerzos, pienso – disimuladamente me acerco y logro entender lo que está cantando por lo bajo - :

    "Te recuerdo Amanda
    la calle mojada
    corriendo a la fabrica
    donde trabajaba Manuel.
    La sonrisa ancha
    la lluvia en el pelo
    no importaba nada…"

    Mis ojos se quedan agarrados al mantel, y en mis oídos ya no suena la voz de mujer sino la de un hombre con voz ronca, trato de recordar al interprete pero en seguida vuelve a cambiar y es la voz de mi madre cantando en la cocina, "te recuerdo Amanda…" yo escuchaba otra cosa, no recuerdo qué, pero la voz de mi madre se imponía y no me dejaba disfrutar de mi canción. Entonces la ruptura con la realidad es total, vuelvo a mi infancia, la sangre palpita dentro de mí, el corazón parece desbocado y sueño… vuelvo a soñar. Se ha roto la corteza que me estaba carcomiendo durante los últimos años, millones de mariposas revolotean en mi barriga, el miedo salta y se agazapa un poco más allá, sin dejar de observarme, sin embargo, confío en que la mariposa volverá a triunfar. Así que después de Amanda empiezo a escuchar trozos de aquellas canciones que llenaron mi infancia:   

    "Voy a cantar el corrido
    de un hombre que fue a la guerra
    que anduvo en la sierra herido
    para conquistar su tierra.
    Lo conocí en la batalla
    y entre tanta balacera
    el que es revolucionario
    puede morir donde quiera…"

    Con esta canción aparece la imagen de mi tío, un hombre contestatario que nunca se quedaba callado. Acompañando la imagen de mi tío proteston llega

    "Que alguien me diga si ha visto a mi esposo-, preguntaba la doña; se llama Ernesto X; tiene 40 años, trabaja de
celador en un negocio de carros. Llevaba camisa oscura y pantalón claro. Salió anteanoche y no ha regresado; no sé qué pensar. Esto antes nunca me había pasado

    Ayy cómo me gusta Rubén Blades, en este punto ya los recuerdos me avasallan, revivo las discotecas de salsa y mis caderas se mueven impulsivamente, intento recordar al viejo Willy Colón, a la diosa Celia Cruz, vuelvo a tener veinte años y

    "Me veras volar
    Por la ciudad de la furia
    Donde nadie sabe de mi
    Y yo soy parte de todos…"

     Ya no soy yo, me he convertido en una caja de resonancia en la que la música de mi vida se desparrama por la mesa, ahí está Soda Stereo, luego vienen las noches de conciertos con los Aterciopelados:

    "Buscas en mis bolsillos pruebas de otro cariño
    Pelos en la solapa, esta sonrisa me delata
    Labial en la camisa, mi coartada está hecha
    Trizas
    Estoy en evidencia, engañar tiene su ciencia.
    Estoy hasta la coronilla, tú no eres mi media
    Costilla
    Ni la octava maravilla…"

    Las madrugadas cantando desafinada a Carlos Vives y su

    "Como la luna que alumbra
    por la noche los caminos
    como las hojas al viento
    como el sol espanta al frío
    Como la tierra a la lluvia…
    como el mar espera al rio
    así espero tu regreso
    a la tierra del olvido…."

    y por último las poéticas letras de la barranquillera con fuego en sus caderas: 

    "No se puede vivir con tanto veneno,
    La esperanza que me dio tu amor
    No me la dio más nadie,
    Te juro, no miento…"

     Ya no puedo más, decido despedirme de ese almuerzo eterno, me voy a la playa a caminar, lo hago de prisa, mientras el agua juega con mis pies desnudos yo le doy las gracias a todos los que llenaron de música y poesía mi vida, mi existencia… cae la noche, volví a encontrarme con mi esencia. A todos Gracias totales.

Sé que podré sobrevivir gracias a la música con que nací.

Por Ágata

 

5 de Agosto, 2008, 14:02: SelváticaF1 Portal Sur


Justo acababa de pillar un asiento libre en el autobús articulado, no me fue fácil a esa hora y con tanta gente persiguiendo el mismo objetivo, pero lo había logrado, claro, gracias a un codazo disimulado y a un empellón en el que un golpe de freno me catapultó hacía la única silla libre a mi alcance. Con el rostro aliviado y un resoplido de satisfacción terminé de sentarme y acomodar mi enorme bolso sobre las rodillas sin mirar a la gente por miedo a que me recriminaran o a que, para mi desgracia, hubiera una señora mayor mirándome desconsolada.  Pero como al final uno no puede estar siempre mirando obsesivamente por la ventana, decidí echar un vistazo a la gente que iba de pie a mi lado, pensando, con resignación, en que si veía a alguien mayor, inválido o embarazada, tendría que cederle mi sitio, con todo el fastidio que ello me causaba y con el dolor de pies que me acosaba después de tres horas caminando por oficinas burocráticas que parecían enredarse a mi paso, y que me llevaban a hacer colas interminables para  un sello aquí, una firma allí, un depósito de x dinero, un sobre adicional, etc. etc., por un momento maldije la educación que me dieron en casa, la solidaridad de la que antes me vanagloriaba se redujo al mínimo, aunque cueste reconocerlo ahora, no me quería levantar de mi sitio, por eso rogaba que no hubiese nadie necesitado a mi alrededor.

       Al primer vistazo el alma me volvió al cuerpo, junto a mi hombro derecho, se hallaba un hombre joven, estudiante tal vez, fuerte, vigoroso, ese podría aguantar el trayecto de pie, a su lado una chica joven, tal vez su pareja, otra que no necesitaba mi lugar, un poco más lejos un par de adolescentes alborotadores, así que mi imagen estaba a salvo. No tendría que cederle mi puesto a nadie y así continué por varios minutos. Incluso llegué a dormitar un poco, tenía tiempo y para cuando me despertara ya sería momento de bajarme, entonces podría respirar tranquila y sin remordimientos de conciencia.  Cerré los ojos, me conecté a mi nuevecito mp4 y con el arrullo de mis canciones preferidas huí de este mundo tan hostil por unos minutos; en realidad hasta la siguiente parada, y es que, ese día estaba señalado para poner a prueba mi conciencia social.  La ví en el andén, era absolutamente imposible ignorarla, no medía más que 50 cms. tenía el cabello largo y abundante, lo que destacaba aún más el tamaño de su enorme cabeza, sus manos regordetas asían con fuerza su cartera sin mirar a nadie. Decidida, alistaba su tarjeta prepago para ingresar al autobús. Nunca había visto un enano en persona, y la imagen que tenía de ellos era la de los cuentos de hadas y algún que otro reportaje en los diarios o como suceso de circo. Empecé a sentirme mal por ella, por las miradas que causaba, por lo que pensaría la gente, por las burlas de algunos o la indiscreción de otros, por las dificultades que conlleva vivir en un mundo que no está a nuestra altura, y sobre todo, por mi, por estar pensando precisamente en eso. Intuí que la línea que divide la razón de la locura es muy delgada, y que muy fácilmente se puede caer en el racismo y la intolerancia, comprendí lo que sienten los blancos cuando ven a los negros, a los católicos cuando visitan países musulmanes, o cuando alguien nos habla de las ablaciones;  comprendí o más bien sentí el temor que nos produce estar al lado de alguien diferente a nosotros. Un miedo muy difícil de erradicar por más educación para la tolerancia que nos hayan inculcado, por más organismos internacionales, es un miedo propio de nuestra naturaleza, esa bestia que llevamos dentro y que se nos escapa al menor descuido y luego… ahí tenemos las grandes masacres de la humanidad, esas son las consecuencias de nuestra naturaleza. Por supuesto, eso no me consoló, le cedí mi silla y me pregunté si esa actitud se debía a un sentimiento de solidaridad o de miedo a mi bestia interior.

Por: Selvática

 

 


5 de Agosto, 2008, 13:46: Charo GonzálezHablando de...


"Compañero del sendero recuérdame cuando pierdas, mi silueta, de vista en algún recodo."

"Abraza con la mirada el contorno de tu imagen reflejada, habla con tus ojos cuando dejan de mirarte."

"Desde lejos las luces de la ciudad forman figuras serpenteantes, vidas, sueños, lamentos… desde lejos anuncian con dulce lenguaje la quietud que disfrazan, las historias de las que el sol cambiará los finales."

"Nos miramos y no nos vemos, nos vemos y giramos el rostro".

"Formamos el contorno de nosotros mismos y el de los otros, tranformando las siluetas en sobras que se colorean al reconocerlas."

"Como dulces caramelos saboreemos los momentos, como amargos frutos silvestres dejemos a un lado del camino los recuerdos."


Por: Charo González

5 de Agosto, 2008, 13:30: GladysGeneral


Yo era feliz. No era para menos, ya casi iba a terminar mi carrera de abogado, me faltaban dos semestres pero la vida se me torció disfrazada de “gran oportunidad”. Por esos días me dieron la noticia de que podía hacer prácticas en un juzgado, un poco lejos de mi lugar de residencia, pero bien valía la pena, por fin podía aplicar todos mis conocimientos, por fin me enfrentaría a un caso real. Esa era la “gran oportunidad” que había esperado desde que empecé a estudiar. Ya estaba cansado de los estúpidos ejemplos de mis maestros, en los que la solución resultaba obvia y predecible. Al fin mi talento encontraba un reto. Emocionado me frotaba las manos y daba una y otra vuelta por mi habitación calculando el tiempo que tardaría en llegar al juzgado para entrevistarme con mi primera clienta, porque era una mujer, un caso de divorcio, en fin, la cosa a lo mejor a simple vista no tenía mayor interés, pero era mi primer caso, algo que yo iba a resolver y dependiendo de cómo iniciara, así me iría el resto de mi vida. ¡Pendejo que es uno, señor!

Acicalado, perfumado y bien peinado me di un último vistazo ante el espejo y salí a la calle. Por esos años yo vivía en la carrera tercera, y de ahí hasta la Caracas, donde tenía que tomar el transporte, quedaba un buen trecho, así que como no me fiaba de la puntualidad en los alimentadores, decidí caminar hasta la estación del recién estrenado transmilenio. Esa mañana no me fijaba en las montañas, ni me daba cuenta del frescor del ambiente, como tenía por costumbre. Ese día respiraba un aire nuevo y estaba contento con él, con mi ciudad y mi caso. Aunque fuera un trivial divorcio. El mundo era completo, redondo y sin aristas punzantes.

Esperé unos cinco minutos, me entretuve leyendo por encima del hombro el periódico que otro hombre tenía desplegado y me enteré a medias de las noticias del día. Cuando el vehículo se detuvo, subí en volandas, empujado por los demás pasajeros y en cuanto pude me abrí paso hasta la parte central, donde había menos gente, pensando en pillar la primera silla en cuanto se me presentara la ocasión. El viaje era largo y no quería cansarme. Pero la ciudad no desfiló ante mis ojos, nunca conseguí sentarme y me perdí el despertar de las gentes, sus rostros, sus prisas, sus vidas y cotidianidades de un día cualquiera. Finalmente el vehículo se detuvo en la última estación, ahí debía acercarme hasta un puesto de policía y de allí me conducirían hasta el juzgado. Esas eran las instrucciones que me habían dado.

Una vez en el juzgado, un soldado joven me dijo que el capitán se disculpaba por no atenderme él mismo, pero complicaciones de última hora se lo impedían, así que él mismo me acompañaría. No tardaríamos mucho. Me aseguró.

Yo tuve una especie de premonición, de recelo o desconfianza. La cosa no parecía muy profesional, desde luego, pero a veces, hay casos, que…

Decidí no romperme más el cerebro con divagaciones, me concentré y repasé algunas teorías pertinentes a ese tipo de  casos  y me dejé conducir por el joven soldado. Nos subimos a una patrulla y él me entregó el expediente, que empecé a ojear.

“Hombre, de sesenta años, empleado de un prestigioso banco de crédito. Mujer, de cincuenta y cinco, modista de profesión. Dueña de una importante y prestigiosa boutique de alta costura. Al hombre se le conocía por su carácter fuerte, autoritario y extremadamente riguroso. Ella, por el contrario, a pesar de ser una exitosa mujer de negocios, exhibe rasgos sumisos y dependientes. Interrogada una testigo de primer orden, empleada por horas, en la casa de los señores XX manifiesta que el matrimonio, era más bien un arreglo de conveniencia pues los señores jamás se dirigían la palabra, el señor sólo abría la boca para comer y si la esposa le replicaba algo, él le lanzaba unas miradas fulminantes. La vida práctica de este matrimonio estaba regida por un reglamento de no más de diez puntos, que el señor había mandado enmarcar en ojilla de oro y que colgaba en la pared del comedor. Los puntos, según la empleada eran, como sigue:

1º.- Cada uno de nosotros dos, viviremos de sus propios recursos.

2º.- Yo pagaré la mitad de los gastos comunes y tu la otra mitad, haciendo, cada uno, lo que guste de su resto de peculio.

3º.- Sólo entiendo por gastos comunes los que hayan sido autorizados por mí.

4º.-  Para evitar confusiones, solo pagaré con recibos.

5º.- Comeré fuera casi siempre y cuando lo haga en casa, será de lo que yo compre y como yo lo guise.

6º.-Sólo necesitamos para el servicio de la casa, una empleada que venga una hora al día, excepto los domingos, y en esa hora, como en todas las demás, la única responsable será mi mujer.

Cuenta la empleada que cada vez que el marido quería decirle algo a su mujer le dejaba una nota en el comedor, “necesito las  zapatillas rojas” o “si no planchan mejor mis cuellos y puños, te cortó el cuello…”

Yo empecé a sentirme mal, me dio un  mareo, no sólo por lo que estaba leyendo, sino por el como. Nunca he podido leer cuando voy en un vehículo y el movimiento de la patrulla me producía náuseas. Cerré el expediente. Para calmarme un poco empecé a respirar lentamente, recordando unos ejercicios de yoga, junté los dedos para realizar una profunda y metódica respiración.

Al cabo de una media hora llegamos, nos condujeron por un pasillo y el joven soldado pidió que le acompañara al salón donde la mujer me esperaba.

Entré sintiendo que el corazón se me escapaba del pecho, sentada en un sofá forrado en imitación cuero me esperaba una mujer mayor, aún muy atractiva, delgada, de cabeza pequeña y cuello largo, de rostro redondo, grandes pómulos y ojos verdosos, divinos, como jamás había visto. Rápidamente se levantó, se me acercó, me tendió su mano y me la estrechó fuertemente, como lo hacen habitualmente los hombres para demostrar quien es el más fuerte. El soldado nos dejó solos. Nos sentamos uno al lado del otro y ahí empezó mi caída libre. Sentí que una corriente eléctrica me erizaba todos los vellos del cuerpo, la mujer no dijo nada, se puso a escribir y me pasaba notas con los arreglos que esperaba del divorcio.

 

 

Al cabo de una hora, cuando yo ya estaba completamente desquiciado, me pasó el último y definitivo letrero. Por supuesto, después de despedirnos asistí a la cita, sabía que no debía involucrar cama y profesión, pero quién mantiene el tipo con una mujer así. Sobretodo, me moría por escuchar su voz, pero ella siempre se negó, un día y otro y otro hasta que pasa lo que pasa.


Por: Gladys