Con la billetera vacía en la mano, Julian contempla desolado al dependiente mientras le devuelve  más de la mitad de los libros de su hijo menor, pues los del mayor agotaron su presupuesto. "Eso le pasa por ser vago y repetir", es lo que va a decirle a su hijo mientras la lista de libros tiembla en sus manos. Su mujer, muy hábil ella en el manejo de los recursos del hogar, le consuela con la idea de que pueden ahorrarse los libros de  Manolito, precisamente porque está repitiendo.

Que no mujer, le dice. Que a Manuel, a pesar de repetir curso hay que comprarle todos los libros nuevos.

¡Ay que joderse!, exclama la mujer, mientras se van acercando más y más padres indignados con las editoriales.

Todo comenzó cuando un buen día - para las editoriales, claro - se reunieron  sus ejecutivos de marketing y  dictaron sentencia. "O ponemos a leer a los españoles o  cerramos el negocio". Estos brillantes cerebros, después de días y días de deliberación pensaron que loro viejo no aprende a hablar y que esa es una verdad como la copa de un pino, entonces, mal harían ellos en tratar de cambiar los hábitos de varios millones de adultos españoles más interesados en los devaneos de doña marquesa que en los de Don Quijote y su inseparable "parner" Sancho. Pues si no podemos con los adultos, saquemos provecho de sus retoños. El sentimiento paternal salvaría el negocio. Los padres venderían su alma al diablo por educar a sus hijos. Ya está, así se le dio un aire nuevo al negocio de las editoriales. Desde entonces, cada año cambian los libros de texto. Y no es que nuestro mundo durante 365 días sufra modificaciones sustanciales que justifiquen tales cambios, que se sepa, Francia no se ha movido de su sitio, el río Amazonas sigue corriendo entre las selvas suramericanas,  1 + 1 siguen siendo 2, H20 sigue apareciendo en las tablas periódicas de toda la vida. ¿Qué cambian los métodos de enseñanza?, pues claro, pero es a los profesores a quienes corresponde actualizar la forma en que enseñan los contenidos, para eso estudiaron pedagogía y que ya dejen de quejarse de que se sienten menospreciados. Todos estos factores  contribuyeron  a crear el caldo de cultivo donde germinaron los avaros intereses de la editoriales, cada año en España éstas aumentan sus ingresos, ya astronómicos, gracias a los padres de familia, que como compradores cautivos, se endeudan hasta las orejas para que sus hijos al menos terminen la ESO,  a sabiendas de que un alto porcentaje de ellos no logra el título de graduado escolar. Según el informe Pisa, realizado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que sitúa a España por debajo de la media internacional, y bajando cada vez más en matemáticas y lectura; esas cifras hablan del fracaso escolar en nuestro país como el más alto de la Unión. En resumen el 30% de los alumnos fracasan, frente al 14,8% en la Unión Europea. (ver artículo publicado en El País, del 5 de octubre de 2008)

En este campo de batalla donde caen por igual alumnos y padres, los gobiernos se tiran la pelota como en un partido de tenis, mientras las editoriales se forran, nadie parece darse cuenta de nada, a nadie le importa hacer una auditoria a las editoriales y mientras tanto los padres acuden  a préstamos con intereses usureros para poder enseñarle a nuestros hijos que la capital de Francia es París. Yo es que a las editoriales....!!!!!

Por: La Dirección