·      Aún recuerdo aquella habitación funcional con mesas y sillas verdes, sencillas y prácticas, unas luces de neón y un montón de libros aburridos, y allí estaba, entre ellos Las Mil y una noches. Aburrido y cansado de estar sentado sin hacer nada, comencé a leerlo. Nunca podré olvidar aquellas historias de autor desconocido.

·      La cara de aquella escéptica bibliotecaria fue todo un poema al preguntarle con una curiosidad pasmosa dudas sobre el libro,  a las que difícilmente podía responder. Después de aquel castigo en la biblioteca, vinieron más visitas no obligatorias. Aquella mujer y yo terminamos siendo amigos, incluso me dejaba leer libros de su biblioteca particular. Gracias a ella hoy soy escritor, por eso le dedico mi novela “De Castigo: Escritor”

 

Jimul