Todos los días a las seis de la tarde, cuando su trabajo se lo permitía, se tomaba unos minutos para fantasear sentado en el banco de una plaza en la calle Felicidad. Siempre provisto de su pequeña bolsa de gominolas que iba engullendo una, cuidando de reservar las rojas para el final porque eran las que más le gustaban. La distancia entre su trabajo y la calle de la Felicidad se medía en unas veinte gominolas  entre blancas, verdes, amarillas y finalmente rojas.

Le gustaba sentir la dureza del azúcar contra su paladar hasta que finalmente la vencía, luego daba pie a la batalla de desintegrar la goma, lentamente con la lengua iba horadando el dulce hasta conseguir un aro perfecto. Tarea que lo mantenía entretenido hasta que al doblar la esquina, la calle de la Felicidad aparecía ante sus ojos asombrados.

Al llegar allí, se sentaba en la pequeña plazoleta que exhibía una estatua de dudoso gusto y dos bancos desvencijados. A veces, había agua en la fuente proveniente del cántaro de la estatua, pero la mayoría de las veces se hallaba seca y llena de hojas amarillas o pétalos marchitos. Cosa que le traía realmente sin cuidado, para él lo importante era salir de su trabajo y sentarse allí antes de que el sol se ocultara, si se le hacía tarde no valía la pena hacer el viaje. El momento crucial era cuando el sol se escondía entre las rendijas del cántaro y las ramas de los árboles, lo demás no importaba. Ese era el mayor placer de su vida, bueno cuando la pareja de chiquillos no se metía con él.

 

 

- Creo que no va venir  – le dice Carlos a Luis –

- A lo mejor hoy se arrepiente. Estará cansado de… - la risa de Carlos impidió que Luis continuara la frase –

- Te acuerdas de los globos de agua, pobre, terminó empapado hasta los calzoncillos, y luego la salsa de tomate en las tablas del banco, que risa. -

- Ahí llega. - Observó Luis –

- Hoy te partirás de la risa hermano, le tengo una…

- Déjalo – dijo Luis –

- ¿Por qué? – pregunto Carlos mirando el rostro de Luis

- … Creo que… me he hecho mayor. Dijo Luis con la cabeza gacha.

- ¡Joder!

Por: Gladys