DIARIO DE UNA BUENA VECINA

Por: Doris Lessing

 

Janna y Maudie son dos mujeres que se encuentran por la fuerza de la rutina. Maudie se mantiene viva, a sus noventa y tantos, gracias al orgullo y Janna, con sus maravillosos cincuenta, y su trabajo satisfactorio. Janna va y viene de su trabajo con la cabeza erguida mientras analiza proyectos, planes e ideas que bullen en su cerebro diariamente, hasta que de repente tropieza con una anciana vestida de negro y con la quijada afilada como una bruja de cuentos de hadas.

El caminar vacilante de la anciana, la eternidad que transcurre entre su portal y la tienda, que en realidad solo distan unos cuantos metros, hacen que Janna piense por  un momento en el mundo de los ancianos y es tal la fuerza de su deseo que se convierte en amiga de Maudie, la ayuda, la acompaña, incluso actúa como asistenta y enfermera, lo cual es extraño pues Janna nunca tuvo esos arranques nobles con su propia familia. Y no se trata de esas historias de ancianos venerables, sabios y profundos que suelen aparecer en nuestro cerebro cuando pensamos en ellos, llamándolos cariñosamente “abuelos”, No, el carácter de Maudie es insoportable, ella derriba esos mitos que los no tan mayores hemos erigido en torno de los ancianos, porque  quizás nos sentimos asustados ante la evidencia  de la  decrepitud. Sí, nos asusta la vejez, huimos en cuanto podemos de todo aquello que huele a senilidad, o en el menor de los casos cerramos los ojos.

Pero Lessing nos habla de ello, nos muestra que está ahí, agazapado entre nuestras pestañas sin que lo advirtamos hasta que un día empezamos a sentir que nos cuesta subir al autobús o que las distancias se alargan extrañamente… luego vienen los dolores, pero eso es otra historia.

La proximidad de la muerte, el dolor perenne de la ancianidad y en qué medida deseamos que todo termine de una vez, son las rutas a seguir en este interesante libro. Toda una revelación acerca del ciclo de la vida con un cariz diferente pero sobre todo compasivo.

 

Por: Ágata