13 de Abril, 2009, 12:44: SelváticaF1 Portal Sur

Protagonista del libro Señora de la miel

Autora: Fanny Buitrago

Teodora Vencejos es la esencia femenina luchando entre lo real y la fantasía, para hacerse un hueco en la vida que le tocó vivir, en su empeño no duda en usar todas las armas que encuentra a su paso ni las que se inventa, si es necesario. Y entre ellas su cuerpo cumple con los objetivos propuestos. Lo mismo le sirve para romper barreras sociales, solucionar conflictos en una sociedad que se empeña en tapar sus taras con pañitos de aguas tibias, el cuerpo de Teodora se erige vigorosamente defendiendo la vida, exaltándola al máximo, pues así es como se debe vivir y así es como hay que plantarle cara a la muerte. Esa es la gran batalla, de la que ya sabemos el final pero a la que le damos largas y entre más, mejor.

Para algunas mujeres Teodora podría constituir el estereotipo de una sociedad ñoña, podrida y lamentablemente viva a pesar de los avances en la educación de la mujer y que se mantendrá por muchos años como la eterna protagonista de los culebrones.

OTROS PERSONAJES:

GALAOR UCRÓS

Dr. MANUEL AMIEL

DIOSDADO VENCEJOS

CLAVEL QUINTA NILLA

 FANNY BUITRAGO

Escritora colombiana nacida en la ciudad de Barranquilla en 1943

Algunas de sus obras:

Bahía Sonora (1975), uno de cuyos relatos "Pasajeros de la noche", fue galardonado con los premios de El Tiempo de Bogotá, El Nacional de Caracas y la Revue de deux mondes de París, el año anterior.

Los Pañamanes, 1979

Casa del arco iris (1986)

Cartas del palomar (1988)

La casa del verde doncel (1990).

 

Por: La monja voladora


13 de Abril, 2009, 12:26: GladysGeneral


Estira los dedos delante de sus ojos, repite el ritual desde los cuatro años, como le enseñó su mamá. Mueve las falanges despacito hasta que su mente se toma un respiro justo al llegar al número diez.

El público la rodea en silencio. Los ojos de la gente esperan ansiosos, ella siente su palpitar. Inclina la cabeza, les sonríe camina erguida hasta la rueda que la aguarda de la mano de su asistente.

Se coloca en el centro, su cuerpo se inclina suavemente inicia su acto con unos tímidos giros preliminares, por lo menos hasta descubrir el rostro que desde hace una semana la mira sin parpadear. Segundos después, absorbida la admiración, el mundo desaparece para la malabarista. Los rostros de la multitud se amalgaman en una torta salpicada de ojos atentos. Arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda. La rueda que la transporta gira sobre una retícula imaginaria obedeciendo a las rutinas establecidas por ella, una rutina de movimientos que representan el día a día de millones de personas, pero que extraídos en una escena particular adquieren el tono mágico del arte, pero también se convierten en algo tan abstracto que su verdadero significado escapa del alcance de la inteligencia humana.

 

 

- Siempre hace lo mismo – susurra Alicia a su compañera –

- Y nosotros siempre estamos aquí – asiente con una sonrisa Berta –

- Vámonos que llegaremos tarde a la clase.

- Hoy, me da no sé qué dejarla sin que termine el número, ¿y si se da cuenta que nos vamos?

- Todos los artistas están acostumbrados a eso. Habrá gente que se quede y otra que se marche.

- Si, pero… bueno. Supongo que muchos representan y luego se van a sus casas, porque tienen una vida diferente y ella…

- Seguramente que ella también la tiene Berta, vámonos. A lo mejor su marido la está esperando o su amigo, en fin, no parece ser una mujer solitaria.

- ¿Y si está sola?

- Pues mala suerte. Que se las apañe, como todos, como todo el mundo ni más ni menos. Dijo Alicia recogiendo sus libros para marcharse.

- Que se las apañe, iba pensando Berta mientras recogía también sus libros y se disponía a seguir los pasos de su amiga.

Dio una última mirada a la mujer que estaba realizando los  giros finales, su silueta se recortaba contra el fondo de la calle… qué se las apañe… que se las apañe.

 

Se va piensa la artista en el instante en que su rostro se acerca al piso en la reverencia final. No esperó el final la niña linda.

Y una lágrima se abrió camino entre las surcadas mejillas mientras los labios sonreían al escaso público que aguantaba bajo la lluvia que empezaba a caer.

Por: Gladys

13 de Abril, 2009, 12:09: ÁgataUn libro para ti


EL SUEÑO MÁS DULCE

Doris Lessing

 

En su contraportada la autora expresa: “Espero haber sido capaz de recrear el espíritu de la década de los sesenta…”

Y vaya que lo consiguió. En el sueño más dulce encontramos el ideal que aglutinó a toda una generación: un mundo más justo, pero bajo esa premisa se oculta la parte más oscura del ser humano: su egoísmo. Una actitud que siempre nos hace reflexionar sobre las consecuencias de las acciones humanas, por muy nobles que parezcan: ¿cambiar el mundo significa abandonar a su familia? ¿Sacrificar lo personal por lo universal es realmente eficaz? o también: ¿la creación de un mundo nuevo implica necesariamente la extinción del modelo antiguo?

Interrogantes que bailan en nuestra mente sin acertar a despejarse definitivamente, y que en el libro tampoco parecen mostrar indicios de solución, quizás ese no es el fin, el ambiente de la novela se limita a poner en escena una serie de personajes que esgrimen sus particulares maneras de pensar acerca del mundo que les tocó vivir y que el lector saque su propia conclusión. Un ejemplo: Francés, mujer de un activista político que nota como su “ídolo” se va erosionando a medida que el tiempo pasa, que nota como su discurso pasa de ser un grito vehemente a una fórmula  obsoleta sin ninguna coherencia entre lo público y lo privado, atrincherándose en su feudo íntimo cuando se da cuenta que la labor de su vida ni siquiera rasguñó esa desigualdad por la que luchó.

En el sueño más dulce nos sentimos identificados con los personajes, sentimos que somos impotentes ante quienes nos gobiernan, y lo más importante: que somos  fruto de lo que la sociedad siembra.

 

Por: Ágata