A los cuatro años su madre lo supo con toda certeza. Este negrito tendrá hambre toda su vida y se dio la vuelta para que aquellos ojitos no la vieran llorar.

Ahora de su hijo sólo le queda un recorte de periódico clavado en la pared, con la foto de su hijo muerto en el naufragio de la patera, sin embargo no ha perdido la costumbre de darle la espalda para que no la vea llorar.

Por: Gladys