Con la mente vacía, como el papel que acababa de reciclar, decidió hacer lo primero que se le ocurriera. Buscar un trabajo. Claro que tendría que hacerlo si deseaba ser independiente.

Ya basta de caras enfurruñadas porque la suerte la había abandonado. ¿Y qué? ¿Cuántas mujeres no hay abandonadas en el mundo?

Tenía todo para ser feliz. Bueno le faltaba la cuenta de París Hilton, pero tampoco el caso era tan desesperado. En el periódico venían montones de anuncios, quizás no anunciando los empleos que a ella le gustaría tener, pero estaba dispuesta a todo.

Salió a la calle. Fue hasta el estanco, compró el periódico que le gustó y se sentó en un bar, Boli en mano para seleccionar los avisos a los que debía llamar.

Cinco cervezas más tarde, la hoja de papel seguía en blanco y su mente hacía solitarios que nunca ganaba.

Siempre igual, toda la vida igual.

Por: Gladys