Estela se sobresaltó al escuchar su nombre en la voz de la enfermera y sintió que debía salir corriendo de allí. Pero era tarde y sus pensamientos desfilaban ante su razón sin que ésta lograra escoger uno que justificara su presencia en la consulta de su doctora de cabecera. Siempre le pasaba. Se sentía culpable por no llegar desangrándose o con el brazo colgando, pero bueno, se reconfortaba, para eso pago mis impuestos, además podría decirse que su cerebro...

Entró decidida. Sus ojos tropezaron con otros ojos que lanzaban destellos como fuegos artificiales. Sus rodillas temblaron. ¿Dónde estaba la doctora Carmen? El médico se presentó y Estela juzgó que lo de menos, era no estarse desangrando.

Se sentó ante él, miraba sus manos ir del teclado del ordenador para posarse suavemente sobre el escritorio, lo oía hablar de ciertas consultas pasadas, que debían ser de ella, por supuesto, pero que emanadas por esa voz parecía algún dictamen universal y no un simple acceso de...

El doctor puso sobre la pantalla una radiografía de su cerebro mientras señalaba ciertas zonas de éste, las manos de Estela empezaron a sudar y un olor acre inundaba la estancia. La voz masculina hablaba: “Se activan tres zonas llamadas córtex parietal medial, córtex retrosplenial e hipocampo posterior derecho. Las tres tienen funciones esenciales en la memoria, pero no en la memoria verbal, sino en…”

 

El olor iba tomando dimensiones colosales a medida que la voz del doctor hablaba sin darse cuenta que en la radiografía del cerebro de Estela algunas zonas pasaban del gris al granate, luego al fucsia hasta adquirir un matiz rojo intenso. Lentamente se volvió hacía ella y pensó que su conferencia sobre el borrador de recuerdos tendría que posponerse por motivos extra cerebrales.

Por: Gladys