27 de Junio, 2009, 6:47: Big BenF1 Portal Sur




Sherlock Holmes


Autor: Sir Arthur Conan Doyle.

Sherlock es un personaje que describe de una forma muy fiel el Londres de finales del siglo XIX. Gracias a su inteligencia, a su poder de observación y al meticuloso razonamiento deductivo logra resolver los casos más difíciles, adquiriendo así una enorme popularidad convirtiéndolo en el arquetipo de todos los escritores de ficción detectivesca.

Sus maneras corteses, su frialdad y objetividad al analizar las pistas son un reto a la inteligencia del lector, por otra parte su habilidad para los disfraces nos confirman sus grandes cualidades y lo convierten en un personaje atemporal, pues quien se resiste al reto de averiguar ¿quién es el asesino antes que el famoso detective? Puede que el lector a lo largo de su vida salte de género en género buscando nuevos alicientes en los libros, sin embargo siempre se vuelve al famoso detective.

Claro, debo aclarar que también me gusta mucho la personalidad de su partner en Sr. Watson, quien merecería un capítulo aparte, por supuesto.


Big Ben

27 de Junio, 2009, 6:26: Gladysbogotá

Historias de allá


       

Todas las tardes, a eso de las cinco, hora española, once o doce de la mañana, hora colombiana, según sea horario de verano o invierno, entra Milady contoneando sus caderas al ciber. Lo primero que hace es buscar con la mirada si hay un computador apartado, luego desvía sus ojos hasta el encargado, le dedica la mejor de sus sonrisas y se acerca tímidamente, y pregunta si hay alguno libre, aunque ya lo haya visto. Al principio el encargado no lograba escucharla – éstos sudacas hablan tan bajito – Así que Milady era escuchada al tercer intento, mientras su cara enrojecía al saberse escuchada por toda la gente que estaba allí, y encima descubrirían que era colombiana por el acento, lo cual la avergonzaba todavía más.

         Sobreviviendo a los primeros minutos, finalmente le daban la clave para tomar un computador, al que se dirigía sin mirar a nadie. Lo primero que hacía era abrir su correo personal para comprobar que el Jairo no le había contestado, volvía a ponerse colorada, pero esta vez de la rabia, qué ingrato era, no hacía ni un mes que había viajado y el ya andaría por ahí detrás de las faldas de quien sabe quien. Maldy se consolaba con los correos de las amigas, hacía los test de personalidad que le mandaban y se le aguaban los ojos viendo las fotos de sus amigos. Cuando se sentía más relajada, se decidía a escribirle al Jairo, y toda la rabia se le desbordaba en una enorme profusión de frases empalagosas.

         Milady vivía para ir al ciber, por eso no se dio cuenta que desde hacía poco más de un mes, un señor muy bien puesto, perfumado y bastante serio se sentaba cerca de ella frente a otra pantalla, mucho menos que simuló abrirse un blog cuando en realidad lo que hacía era leer por encima del hombro los ríos de dulzura que Milady enviaba a su Jairo casi todos los días. Al principio el caballero tuvo que luchar contra sus principios, eso no estaba bien, no era de personas educadas y rigurosas espiar las conversaciones de los demás, pero esa niña con su cabello hasta la cintura, su tez morena, su cuerpo ardiente y esa voz que parecía sólo existir para eso, para inundar de miel el ciberespacio, le había debilitado los cimientos de su personalidad tallada a golpe de madera en las Escuelas Pías. Por eso no podía resistirse, su ánimo, entereza y personalidad se habían derretido al calor del Caribe, por las mañanas le costaba trabajo levantarse, y ya no recordaba todos los malabares que hacía para visitar continuamente a los clientes de esa zona. Después de esa hora ya no importaba nada, podía sumergirse de lleno en su rutina sin mayores pesares.

         El verano estaba próximo, eso le preocupaba, a lo mejor la niña de sus ojos se iba de vacaciones a su país y pasarían tres larguísimos meses sin verla, él, desde luego no quería programar nada hasta ver como se desarrollaban los acontecimientos. Sin embargo esa misma mañana decidió que no podía estar tranquilo hasta no saber si la chiquilla se iba o no, por eso decidió ampliar su horario de persecución hasta conocer todo el mundo de la dulce morena de sus sueños. Gracias a sus dotes de superagente, averiguó en qué Instituto estudiaba, en qué curso estaba, donde vivía y con quién, casi todas las rutinas de la chica le confirmaban sus hipótesis, sin embargo, la tarde que conoció a la madre se llevó un buen susto. ¡Si parecían hermanas! Incluso la madre tenía un aire de "chica mala" que despertó sus apetitos dormidos llevándolo a replantearse su plan, ¿no sería mejor y más efectivo llegar hasta la niña a través de la madre? Ya lo pensaría, si algún resquicio le quedaba de su educación franquista era la disciplina. No iba a echar a perder todo por culpa de esas suramericanas, así que tranquilamente volvió a su rutina de "hora ciber", volvió a leer las mieles emanadas de la niña y no entendía porque el tal Jairo no se decidía a seguirla hasta el fin del mundo si fuera posible. Supo después que su niña viajaría a finales de Junio…

         El verano fue un verdadero tormento, decidió irse a los Fiordos Noruegos imponiéndose a los ruegos de su esposa e hijos que clamaban por ir a Cancún. Ni loco visitaría el Caribe, a menos que…

         Los meses pasaron más rápido de lo que esperaba, la frialdad de las tierras nórdicas pareció poner orden a su atribulado cuerpo, sus carnes se templaron, el ánimo volvió a recrearse con sus lecturas, su música y sus largas y opíparas cenas, sintiendo en su corazón crecer, a medida que se acercaba el día del regreso, una angustia que le cortaba la respiración; sabiendo de qué se trataba procuraba entretenerse, todas las noches juraba que no adelantaría su regreso. No, él sabía la fecha del inicio de clases y ese día él estaría en el ciber para ver aparecer a su musa latina.

         Como todo en la vida, los plazos se cumplen, el gran día llegó, mientras iba camino del ciber pensaba en lo lindo que sería un encuentro real, él iría por la calle bien vestido, perfumado, llevaría un ramito de flores y en su bolsillo sentiría el golpeteo de un anillo de compromiso… Llegó al ciber, faltaban unos diez minutos para la hora de costumbre, pasaron cinco minutos, las manos le sudaban, dieron las cinco en punto y se dio cuenta que estaba llamando la atención, se decidió a abrir su correo y encontró solo mensajes de publicidad, lentamente los fue borrando de uno en uno para parecer atareado y darle tiempo a su virgen que llegara. En ello estaba cuando Milady llegó, entró decidida y esta vez el administrador no le preguntó dos veces qué quería, pidió la clave y fue a sentarse ante el computador, abrió el correo y se sonrió al ver que tenía cincuenta mensajes de Jairo. Los miró con gusto, los repasó saboreando su venganza y con un coqueto gesto oprimió "eliminar".

         Nuestro caballero la estaba observando completamente pálido, un frío mortal le subió por los dedos de los pies, su niña se había cortado el pelo y tenía un mechón fuccia que le caía sobre su bella e inocente frente, justo sobre un piercing en la ceja izquierda. Milady vestía una camiseta deshilachada y tenía un tatuaje en el cuello, en ese sitio que tantas veces soñó con besar. Las lágrimas rodaron por sus inertes mejillas, buscó en los bolsillos una moneda de dos euros y salió de allí con el propósito de cambiar su zona de trabajo.


Por: Gladys

27 de Junio, 2009, 6:17: SelváticaAlaprima






No me cierres los ojos amor mio,
no quiero verme rodeada
de todas las mujeres que fui.

Por: Selvática

27 de Junio, 2009, 5:47: GladysGeneral

-           La verdad es que ella nunca lo supo, y hablo con la certeza que me da una amistad de toda la vida. Nunca hizo planes, ni trabajó para construirse un mundo, pensaba que lo mejor era dejarse llevar por la intuición y que el mundo se acomodaría a ella.

-          Vamos, una mujer sin voluntad.

-          Yo no lo creo así, más bien una mujer que me recordaba aquel proverbio chino que habla de que el hombre debe ser como la hoja de un junco, lo suficientemente flexible para resistir los embates del viento sin romperse.

-          Puede que en China funcione pero ¿aquí? Aquí uno tiene que dejarse la piel para defenderse. Somos diferentes, tenemos una idea del universo completamente opuesta. Y aquí entre nosotras no le envidio la vida que tuvo.

-          Mujer, no diga eso. Mire que su cuerpo aún esta tibio.

-          Pero es la verdad, Nunca logró…

-          ¿Qué sabes de logros? De propósitos de vida?.  Eso es algo muy personal. Vamos a dejar el tema.

-          No lo voy a dejar, estoy harta de tener que callar y guardarme las cosas. A ver un momento por favor – gritó para que todos a escucharan – quiero que ustedes sean sinceros, quiero que me digan exactamente lo que piensan. ¿Debe uno callarse lo que piensa? ¿Debe agachar la cabeza para no molestar mientras que otros nos avasallan?

         La gente alrededor del cadáver la miró sorprendida, algunos intentaron hacerla callar, otros en cambio la miraron con curiosidad primero, luego movieron la cabeza arriba y abajo y empezaron a murmurar por lo bajo durante unos segundos, poco a poco alzaron la voz, todos querían imponer su opinión hasta formar un griterío espantoso y absolutamente ininteligible.

Por: Gladys

26 de Junio, 2009, 4:59: L.D.General

FINALES SORPRESA

 

Los hechos se van encadenando de manera espontánea, hoy brota un puntito verde sobre la tierra, asoma su cabeza, se regocija al sentir el sol y la lluvia sobre su cuerpo, luego tiene un tiempo para dar de sí, algunos se imponen, dan origen a revoluciones universales, otros se conforman con estar ahí, pero todos, absolutamente todos, un día se sienten incómodos y desean volver a hundirse en la tierra de la que brotaron. Por eso no creo en los finales sorpresa, sin embargo no puedo evitar sentir que algo se ha roto en mi.

L.D.

18 de Junio, 2009, 13:57: GladysGeneral

Después de untarse las manos de tinta repasando los titulares (aún no se había acostumbrado a leerlos en la pantalla de su ordenador) un dolor de barriga le impidió moverse de su sitio, cerró los ojos y desde el fondo de su corazón una voz infantil se impuso a los látidos apresurados de su corazón: EL EMPERADOR ESTA DESNUDO. Abrió los ojos y miró la gente paseando indiferente a su alrededor, ¿Cómo era posible esta locura colectiva? Y ¿Por qué no había ahora ningún niño que gritara esa verdad a los cuatro vientos?

Gladys

18 de Junio, 2009, 13:32: Gladysbogotá

HISTORIAS DE ALLÁ


 

¡AY EL AMOR…!

 

Manuel llegó a Madrid a finales de mayo de un año cualquiera, tenía el cerebro lleno de ilusiones y nada en los bolsillos, pero esto no es ninguna novedad. Venía dispuesto a comerse el mundo y a toda la que se le pusiera por delante, sí, hablo de mujeres,  tenía hombría para eso y mucho más.

Los primeros meses los pasó como cualquier inmigrante en tierras extrañas, se admiraba de todo, buscaba sentido a las palabras y gestos de cuanto ser conocía, aprendía rápido y como el hambre atenazaba no le hacía ascos a ningún oficio. Al poco tiempo ya estaba trabajando, sin contrato pero el sueldo llegaba puntual y con éste iba construyendo su mundo, sin embargo, a pesar de que gozaba de ciertos lujos no encontraba el amor de su vida, ese que lo hiciera estremecer, que le hiciera palpitar su adormecida ternura.

Probó suerte con las españolas pero al poco de empezar la relación se dio cuenta que los boleros y la almibarada verborrea no funcionaban adecuadamente, así que decidió buscar entre las colombianas que llegaban a Madrid; pero Cupido no aparecía, muchas de ellas ya venían con pareja o lo dejaban de lado porque su sueldo no alcanzaba a comprar imágenes a lo Victoria Beckham. Tiempo después se aburrió hasta la muerte con las niñas recién llegadas a Barajas. No, nada le servía, nada le gustaba y por más que se empeñaba, el amor, al menos como él lo soñaba, no tocaba a su puerta.

Decidió tomarse unas vacaciones en Colombia, una vez pasados los primeros días de rigor en familia, se compró un carro, lo engalló hasta el baúl, particularmente estaba muy orgulloso del equipo de sonido comprado en Sandresito, viajó por los pueblos cercanos a Bogotá oyendo a todo taco su música preferida, y allí, su ternura revivió como por encanto al ver a Ángela una niña de cachetes colorados y pelo larguísimo tomándose una gaseosa en una cafetería. Manuel comprobó que sus insistentes miradas eran correspondidas. Eso era, ahí estaba la clave, una niña inocente, campesina, ignorante de ese ambiente que castraba su virilidad, así que desplegó su encanto y en un abrir y cerrar de pestañas, establecieron relaciones. En la familia de la joven fue recibido con cariño, la suegra ya hacía planes de boda y todo parecía sonreírle a Manuel.

Se casaron en la capilla del pueblo y el tiempo corría de prisa, debía volver cuanto antes a Madrid, seguiría con su trabajo y la recién casada esperaría en un pisito pequeño, mientras tanto irían llegando los hijos que darían vida y bullicio a ese hogar, él tendría sexo seguro y mujer para él solito, que le planchara las camisas y le hiciera de comer. Ángela, aunque no le gustaba mucho la idea de tener un océano entre ella y su familia, aceptó irse con él, con la ilusión de ahorrar unos pesos durante unos años, mientras reunían lo suficiente para comprarse una casita en el pueblo. Manuel la convenció y finalmente embarcaron en un vuelo transoceánico.

El amor no aguantó las arremetidas culturales, Manuel trabajaba todo el día, se emborrachaba por las noches y la celaba con cuanto hombre se le cruzara en su camino, la ternura fue reemplazada por el resentimiento, él se sentía atado a una mujer que no se arreglaba nunca y jamás quería salir a divertirse con él, Ángela, aunque aún lo amaba, no soportaba la ciudad, se sentía enferma con la polución, añoraba su pueblo, sus parques, el río y se pasaba el día entero en la cama escuchando cumbias y salsa, así, cada uno de ellos culpaba al otro de cada una de sus penurias. Un día Ángela resolvió salir a la calle, ¿el pretexto? buscar los productos necesarios para hacer una comida de verdad, sin embargo, después de encontrarlo, y prepararlos el sancocho no le supo igual, volvió a la cama o remendaba y recosía su ropa para no lucir la atrevida moda capitalina y entre puntada y puntada el rencor se fue convirtiendo en odio y el odio en venganza latente que no se hizo evidente hasta una tarde de desesperación, en que decidió sentarse en una terraza frente al paseo de Recoletos. Una cosa llevó a la otra, a la primera copa de vino que se le atragantó, siguieron otras que iban entrando de forma más fluida, luego unas aceitunitas y después esa chica madrileña tan agradable y comprensiva que la escuchaba tan atentamente, que adivinaba cada una de sus inquietudes y que siempre soltaba la palabra precisa cuando la lengua y el entendimiento se le refundieron debajo de la mesa.

Ángela descubrió que el amor entre mujeres tenía su puntito y Manuel está ahorrando dinero con el propósito de buscar en otro pueblo,  la flor que reviva su ternura.


Gladys

        

 

18 de Junio, 2009, 13:23: BisF1 Portal Sur


La Madre

Autor: Máximo Gorki

Una mujer campesina llamada Pelagia sufre la violencia de un marido cruel y de un ambiente extremadamente pobre. Uno la imagina baja de estatura, con el rostro hermético, robusta, fuerte, las manos encallecidas por el trabajo. Casi que podemos verla preparando los samovares, barriendo, cocinando y cerrando los ojos a los golpes de su marido. Hasta ahí, reconocemos el retrato físico de los campesinos rusos que los escritores de ese país nos han contado a través de sus libros, sin embargo, y ahí viene la sorpresa, poco a poco asistimos al descubrimiento de su mente.

Ella escucha que su hijo tiene ciertas ideas y aunque no entiende nada, toma partido y hace lo que su corazón le dicta con la misma valentia que recibía los golpes de su marido. Entonces nos damos cuenta de la enorme dimensión de ese personaje, del crecimiento espiritual que se produce dentro del tosco armazon de una campesina, ya no es sólo una mujer sufrida, ahora piensa, ahora analiza y se pregunta cosas. Nace a través de la vida de su hijo y la vida adquiere unas dimensiones universales.

OTROS PERSONAJES:

-          Pavel – Hijo de Pelaglia

-          Andrés, Natacha y Rybin – amigos de Pavel

Sin embargo ninguno de los acompañantes de su historia logra la fuerza y corpulencia de la madre. Los demás seres que aparecen en la novela solo son elementos decoradores, necesarios, pero accesorios.

Por: Bis


18 de Junio, 2009, 13:15: Gladysminirelatos


Él venía de terminar una larga y tediosa relación.

Ella llegó a su vida de manera accidental. Juntos jugaron bien al amor. Él vivía en una casa enorme, tanto que en algunos cuartos el polvo era él único habitante.

Él, era lo que podía llamarse un genio, ella también, pero nadie, ni ella misma se atrevía a decirlo en voz alta.

Cuando Estaban juntos la electricidad explotaba, pero cuando se separaban el polvo de humanidad cubría sus cabezas.

Un día ella se marchó y al regresar, horas más tarde, vio la cabeza de él sobre las rodillas de su antigua amante.

Supo que aunque la electricidad los juntase, en el momento en que necesariamente se separaran, esa cabeza masculina descansaría de nuevo en las rodillas maternales.

¡Huyó por supuesto!

Por: Gladys


5 de Junio, 2009, 12:39: GladysGeneral

Mi amigo Jaime vivía convencido de que las palabras son como la aspirina, buenas para todo. Por eso no dejaba hablar a nadie, esto que podría ser un grave defecto, sin embargo tenía un éxito impresionante con las mujeres. No había fémina que se resistiera a ese verbo. Debo reconocer que esa atracción valía también con los representantes de su mismo sexo. Los hombres le seguían como corderos, quizás para contagiarse de su buena suerte y de paso ligarse a unas cuantas. Conjeturas aparte, yo también me convertí en su "devoto" después de oírlo hablar. ¿Qué por qué? Ni yo mismo lo sé. Conocí a Jaime en la universidad y lo utilicé para aprobar las asignaturas que obligaban a un examen oral y en grupo. Después de las clases vinieron las fiestas, las salidas, los, y las amigas, todo fue una cadena de sucesos que se ha venido construyendo a lo largo de los años hasta convertirse en cariño… o alianza, o pacto… vaya uno a saber. De esto hace la tira. Y eso que cada uno formó un hogar, pero nos veíamos con frecuencia, claro, a escondidas de nuestras esposas, ellas no nos soportaban. Estoy seguro de que Jaime también lo supo desde el principio, pero ese era un tema que teníamos vetado tácitamente.

Cada jueves nos reuníamos a jugar al billar, siempre a las siete en punto y máximo hasta las diez, por aquello de no alterar la paz hogareña. Llegábamos puntuales, Carlos, el dueño del local, nos tenía reservada la mesa; en la nevera nos esperaban unas cuantas cervezas bien frías, un platito de aceitunas y venga a tacar de lo lindo. Nadie diría que nos concentramos a fondo, dada la charlatanería de Jaime, lo que la gente no sabe es que si Jaime se quedaba callado no nos podíamos concentrar y la partida se iba al carajo.

Esa noche, cuando estábamos en lo mejor de la partida, más o menos las ocho y media, lo sé porque empezaban los deportes en el telediario, alcé la vista hacía la pantalla y vi a nuestras mujeres riéndose de una forma tan contagiosa que yo mismo empecé a sonreírme al principio, para estallar luego en una carcajada sonora que llamó la atención de Jaime. El miró hacía la tele y me miró a mi asombrado.

-          ¿No te causa gracia? – le pregunté

-          Sabes que a mi el fútbol…

-          No digo el fútbol, mira quien – alcé la vista y nuestras mujeres ya no estaban en la pantalla. Lo miré, iba a explicarle pero recordé que a mi las palabras me odiaban y siempre se vengaban dejando en el ambiente un aire de falsedad. Entonces me solté a hablar sin pensar. A una simple explicación le seguía un párrafo con otra explicación más extensa y a éste otra y luego otra y otra, las palabras me salían con una facilidad asombrosa mientras Jaime y Carlos y los demás me miraban asombrados. Jaime trató de continuar la partida felicitándome por esa muestra de histrionismo, Carlos me dio una palmada en la espalda y todo parecía volver a la normalidad, pero si callaba la imagen de nuestras mujeres aparecía en mi mente y para ahuyentarla me sentía obligado a hablar. Jaime se empezó a sentir incómodo, al principio trató de seguirme la corriente pero como yo no paraba de hablar, el guardó silencio, su rostro adoptó un gesto huraño y parecía tener prisa por acabar la partida. A partir de ese momento nuestra amistad se enfrió y las excusas para no ir más al billar dejaron de ser convincentes, lo cual no importaba, por supuesto.

Por: Gladys

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