5 de Junio, 2009, 12:39: GladysGeneral

Mi amigo Jaime vivía convencido de que las palabras son como la aspirina, buenas para todo. Por eso no dejaba hablar a nadie, esto que podría ser un grave defecto, sin embargo tenía un éxito impresionante con las mujeres. No había fémina que se resistiera a ese verbo. Debo reconocer que esa atracción valía también con los representantes de su mismo sexo. Los hombres le seguían como corderos, quizás para contagiarse de su buena suerte y de paso ligarse a unas cuantas. Conjeturas aparte, yo también me convertí en su "devoto" después de oírlo hablar. ¿Qué por qué? Ni yo mismo lo sé. Conocí a Jaime en la universidad y lo utilicé para aprobar las asignaturas que obligaban a un examen oral y en grupo. Después de las clases vinieron las fiestas, las salidas, los, y las amigas, todo fue una cadena de sucesos que se ha venido construyendo a lo largo de los años hasta convertirse en cariño… o alianza, o pacto… vaya uno a saber. De esto hace la tira. Y eso que cada uno formó un hogar, pero nos veíamos con frecuencia, claro, a escondidas de nuestras esposas, ellas no nos soportaban. Estoy seguro de que Jaime también lo supo desde el principio, pero ese era un tema que teníamos vetado tácitamente.

Cada jueves nos reuníamos a jugar al billar, siempre a las siete en punto y máximo hasta las diez, por aquello de no alterar la paz hogareña. Llegábamos puntuales, Carlos, el dueño del local, nos tenía reservada la mesa; en la nevera nos esperaban unas cuantas cervezas bien frías, un platito de aceitunas y venga a tacar de lo lindo. Nadie diría que nos concentramos a fondo, dada la charlatanería de Jaime, lo que la gente no sabe es que si Jaime se quedaba callado no nos podíamos concentrar y la partida se iba al carajo.

Esa noche, cuando estábamos en lo mejor de la partida, más o menos las ocho y media, lo sé porque empezaban los deportes en el telediario, alcé la vista hacía la pantalla y vi a nuestras mujeres riéndose de una forma tan contagiosa que yo mismo empecé a sonreírme al principio, para estallar luego en una carcajada sonora que llamó la atención de Jaime. El miró hacía la tele y me miró a mi asombrado.

-          ¿No te causa gracia? – le pregunté

-          Sabes que a mi el fútbol…

-          No digo el fútbol, mira quien – alcé la vista y nuestras mujeres ya no estaban en la pantalla. Lo miré, iba a explicarle pero recordé que a mi las palabras me odiaban y siempre se vengaban dejando en el ambiente un aire de falsedad. Entonces me solté a hablar sin pensar. A una simple explicación le seguía un párrafo con otra explicación más extensa y a éste otra y luego otra y otra, las palabras me salían con una facilidad asombrosa mientras Jaime y Carlos y los demás me miraban asombrados. Jaime trató de continuar la partida felicitándome por esa muestra de histrionismo, Carlos me dio una palmada en la espalda y todo parecía volver a la normalidad, pero si callaba la imagen de nuestras mujeres aparecía en mi mente y para ahuyentarla me sentía obligado a hablar. Jaime se empezó a sentir incómodo, al principio trató de seguirme la corriente pero como yo no paraba de hablar, el guardó silencio, su rostro adoptó un gesto huraño y parecía tener prisa por acabar la partida. A partir de ese momento nuestra amistad se enfrió y las excusas para no ir más al billar dejaron de ser convincentes, lo cual no importaba, por supuesto.

Por: Gladys

5 de Junio, 2009, 12:26: Selváticaminirelatos


Salió a tomar el sol con un libro.

Escogió un lugar, ni muy soleado ni muy frío, se tumbó en una hamaca. Se acomodó, estiró el cuerpo y se sintió bien. Le gustó estar bajo el intenso azul del cielo.

Abrió el libro, la gente que pasaba por allí se quedaba asombrada al ver que alguien leyera en días como ese.

Me admiran pensó mientras intentaba leer sin lograr entender nada de aquellas letras, entretanto la gente se iba aglomerando y su orgullo iba creciendo, tenía cierto morbo eso de causar admiración: ¡que intelecto! ¡qué genio! ¡qué disciplina!

Pero al cabo de un tiempo se dio cuenta que no entendía nada, las hojas del libro, amarillentas por el tiempo, se encontraban apolilladas y los agujeros eran tan grandes que era muy difícil hallar sentido a los textos, puso el gesto severo, pasó hojas con delicadeza pero se deshacían entre sus dedos, no había página que no estuviese agujereada hasta que pensó que el libro era sinónimo de su vida: una historia ininteligible, agujereada por la polilla que no entiende ni Dios.

Por: Selvática

5 de Junio, 2009, 12:12: JuanmiF1 Portal Sur

Título:

La Dama de las Camelias

Autor: Alejandro Dumas (Hijo)

Este personaje fruto de la corriente romántica que recorría Europa a mediados de 1840, me llamó la atención porque no me  gustó nada, me repele y aquí tal vez me salga del formato de este blog, porque aunque parece especificar sobre personajes que nos han gustado, yo decidí hablar de uno de los que más detesto por lo que representó y aún sigue haciéndolo en el imaginario femenino. Esa irracional capacidad de entrega al hombre, ese servilismo a un estilo de vida lujoso a cualquier precio. Novelas como ésta brotaron como hierba mala durante esa época y ya vemos el daño que hicieron.

Creo que Margarita Gautier ha reencarnado en todas las heroínas  de culebrones que han condicionado la vida de muchas latino- americanas, en ellos se exalta la negación de su ser como mujer por entregarse al amor por el rico heredero (Armando Duval) Margarita, sin familia recurre a las armas que tiene (su cuerpo) haciéndose cortesana del rey, relacionándose con muchos caballeros. La protagonista, de origen campesino, abandonó a su familia para vivir en París, donde se destacaría por su vida licenciosa y sus grandes gastos, además de por siempre estar acompañada de un ramo de camelias; era una joven muy hermosa, pero bastante enfermiza. Aunque parece adolecer de superficialidad, con el avance de la obra se presenta como una mujer enamorada, sencilla y sobre todo abnegada. Igualita a cualquier culebrón en horario prime time.

PERSONAJES:

  • Prudencia Duvernoy: Vecina y amiga de Margarita. Fue una cortesana, como la protagonista, durante su juventud, luego se dedicó a vender ropa. Mantenía su amistad con Margarita por interés, puesto que cuando Margarita enfermó la abandonó.
  • Julia Duprat: Amiga de Margarita. Nunca la abandonó, llegando inclusive a escribirle cartas a Armando cuando su amiga se encontraba moribunda y después de su muerte.
  • Padre de Armando: Señor bastante conservador, vive en el campo, cuando se entera de los amores de su hijo intenta convencerlo de abandonar esas pasiones, al ver infructuosos sus tentativas, decide intentar con Margarita, la cual aceptaría renunciar a su amor.
  • Olimpia: Comparece al final de la obra. Es al parecer amiga de Margarita, sin embargo, Armando la utilizaría para darle celos a la misma.


Por: Juanmi