Él venía de terminar una larga y tediosa relación.

Ella llegó a su vida de manera accidental. Juntos jugaron bien al amor. Él vivía en una casa enorme, tanto que en algunos cuartos el polvo era él único habitante.

Él, era lo que podía llamarse un genio, ella también, pero nadie, ni ella misma se atrevía a decirlo en voz alta.

Cuando Estaban juntos la electricidad explotaba, pero cuando se separaban el polvo de humanidad cubría sus cabezas.

Un día ella se marchó y al regresar, horas más tarde, vio la cabeza de él sobre las rodillas de su antigua amante.

Supo que aunque la electricidad los juntase, en el momento en que necesariamente se separaran, esa cabeza masculina descansaría de nuevo en las rodillas maternales.

¡Huyó por supuesto!

Por: Gladys