Después de untarse las manos de tinta repasando los titulares (aún no se había acostumbrado a leerlos en la pantalla de su ordenador) un dolor de barriga le impidió moverse de su sitio, cerró los ojos y desde el fondo de su corazón una voz infantil se impuso a los látidos apresurados de su corazón: EL EMPERADOR ESTA DESNUDO. Abrió los ojos y miró la gente paseando indiferente a su alrededor, ¿Cómo era posible esta locura colectiva? Y ¿Por qué no había ahora ningún niño que gritara esa verdad a los cuatro vientos?

Gladys