-           La verdad es que ella nunca lo supo, y hablo con la certeza que me da una amistad de toda la vida. Nunca hizo planes, ni trabajó para construirse un mundo, pensaba que lo mejor era dejarse llevar por la intuición y que el mundo se acomodaría a ella.

-          Vamos, una mujer sin voluntad.

-          Yo no lo creo así, más bien una mujer que me recordaba aquel proverbio chino que habla de que el hombre debe ser como la hoja de un junco, lo suficientemente flexible para resistir los embates del viento sin romperse.

-          Puede que en China funcione pero ¿aquí? Aquí uno tiene que dejarse la piel para defenderse. Somos diferentes, tenemos una idea del universo completamente opuesta. Y aquí entre nosotras no le envidio la vida que tuvo.

-          Mujer, no diga eso. Mire que su cuerpo aún esta tibio.

-          Pero es la verdad, Nunca logró…

-          ¿Qué sabes de logros? De propósitos de vida?.  Eso es algo muy personal. Vamos a dejar el tema.

-          No lo voy a dejar, estoy harta de tener que callar y guardarme las cosas. A ver un momento por favor – gritó para que todos a escucharan – quiero que ustedes sean sinceros, quiero que me digan exactamente lo que piensan. ¿Debe uno callarse lo que piensa? ¿Debe agachar la cabeza para no molestar mientras que otros nos avasallan?

         La gente alrededor del cadáver la miró sorprendida, algunos intentaron hacerla callar, otros en cambio la miraron con curiosidad primero, luego movieron la cabeza arriba y abajo y empezaron a murmurar por lo bajo durante unos segundos, poco a poco alzaron la voz, todos querían imponer su opinión hasta formar un griterío espantoso y absolutamente ininteligible.

Por: Gladys