1 de Septiembre, 2009, 7:19: JakoF1 Portal Sur




Harry Haller

El lobo estepario

Hermann Hesse

Harry Haller es un hombre a punto de desestructurarse, un ser que no puede aceptar el mundo que le rodea sin sentirse profundamente afectado, no entiende los cambios culturales o morales, por contraste, su perenne angustia es más dramática dentro del marco social en que se desarrolla la obra: Los llamados años locos tras la primera guerra mundial.

En este caótico submundo el amor parece ser una tabla de salvación para Harry y cuando leemos el libro, en nuestro fuero interno deseamos que así sea – ¿no es cierto que el amor lo logra todo?- No es así -  pero cambio de argumento para no revelar datos importantes.

El lobo estepario es de esos libros que una generación de intelectuales  elevó a alturas insospechadas, uno no podía asistir a una tertulia  sin haberlo leído, lo cual no le resta ningún merito, sin embargo esa atmósfera nublada de interrogantes hoy resulta extraña en medio de nuestra indiferencia.  Ahora mismo nos parece extraño que alguien sufra por no ser como le gustaría ser, por supuesto no somos mejores que las generaciones anteriores, ni hemos alcanzado las metas que nos propusieron los abuelos, simplemente ya no tenemos metas, o no nos angustia no cumplirlas. Sin embargo, por lo menos a mi me pasa, cuando busco libros en la biblioteca y me encuentro con el Lobo estepario, lo tomo, acaricio su lomo, leo la reseña con nostalgia y lo dejo ahí.

Jako

1 de Septiembre, 2009, 7:08: Gladysbogotá







Yo, yo, yo, yo!!!!!! Gritaba y manoteaba al mismo tiempo Liliana desde su escritorio intentando llamar la atención de la profesora de lengua: Es García Márquez, decía en voz baja esperando su oportunidad para poder citar el nombre del escritor en voz alta y dejar claro que ella sabía del tema más que ningún otro alumno de la clase. Pero la profesora parecía ciega o la ignoraba olímpicamente, pues miró a los alumnos por encima de su cabeza y se dio la vuelta mientras daba un rodeo por el frente de la clase recriminando a los jóvenes su ignorancia y el poco interés que les merecía su propia lengua, su idioma, la herramienta indispensable para comunicarse con los demás. (Para eso está el móvil) – susurró  uno de los alumnos en voz baja y aunque la profesora lo escuchó, se hizo la desentendida y siguió con su arenga - Cómo es posible –  decía la profesora, que desdeñen esta asignatura, no se dan cuenta que la lengua es la herencia - uno de los alumnos empezó a mover la cabeza y hacer un gesto con los dedos para describir el gesto indicador del dinero, otro de los alumnos frunció la cara a la espalda de la profesora - ésta seguía sin darse por aludida mientras daba a su voz un tono más solemne todavía. Uno de los alumnos fabricó un avión de papel y lo lanzó a otro de sus compañeros dos lugares delante de él, en ese momento todos empezaron a hacer lo mismo y la clase se convirtió en un campo de pruebas aeronáuticas donde todos querían lucirse con los efectos más espectaculares, en tanto la voz de la profesora leía los avatares de Santiago Nasar destacando como el escritor, en su papel de narrador, destacaba la mala suerte del personaje…


Liliana se cansó de tener el brazo en alto, su voz era apenas un murmullo entre las risitas entrecortadas de sus compañeros de clase, empezó a sentir un odio frio contra esa profesora que la ignoraba sabiendo que ella era la alumna más aventajada en lengua, y eso que Liliana desde el inicio del curso hizo todo lo posible por llamar su atención y demostrar que era mucho más inteligente que el curso entero, bueno, salvo un par de empollones que se aprendían todo de memoria y que al final del día no se acordaban de nada. Ella en cambio sabía estudiar porque desde pequeña había sido educada de una manera natural por sus padres, por ejemplo, aprendió a leer sin repetir las ridículas silabas de ma, me mi o la eme con la a suena… no, ella recordaba que de pequeña solo dibujaba y sus trabajos en clase consistían en plasmar sobre el papel con lápices de colores historias que cada niño contaba a su manera, mientras la profesora, con su suave y dulce voz los alentaba a enriquecerlas con todo lujo de detalles y así todos los días hasta que de un momento a otro empezaron a usar símbolos llamados letras y éstos adquirieron un sentido que al expresarlo les dio la certeza de saber leer, y así se había quedado para siempre, así habían sido sus estudios en su lejana tierra, una especie de encantamiento de la realidad que tomaba su tiempo absorber a través de la inteligencia para convertirse luego en fórmula matemática que jamás se olvidaba. Pero cuando intentó decírselo a su profesora de lengua las palabras la traicionaron y ella no tenía tiempo para sus divagaciones así que le recomendó repasar la gramática española, de los cursos inferiores si quería aprobar el curso. Ese día del vuelo de los aviones en clase resolvió Liliana no volver a levantar el brazo jamás y con empeño se dedicó a repasar la famosa gramática.  Sin hacer caso de lo que estaba pasando y sin darse cuenta de que la clase hace rato se había desmadrado y que la profesora no era más que un títere moviendo la boca mientras se paseaba por entre los escritorios y los alumnos alzaban cada vez más la voz.


Liliana no encontró su libro de lengua bajo el escritorio, entonces se acordó de haberlo prestado a su amiga que estaba sentada dos lugares por delante de ella, así que decidida se levantó de su sitio, con tan mala suerte que se llevó por delante a la profesora, que ensimismada seguía hablando de Santiago Nasar y Angela Vicario, cayendo en redondo al piso mientras los alumnos se partían de la risa.


Nadie, sobra decirlo, quiso creer que fue accidental, y sus padres tuvieron que cambiarla de instituto, además de pagar una indemnización a la profesora antes de que se descubriera que vivían trabajando de forma ilegal desde hace varios años.


Gladys

1 de Septiembre, 2009, 7:03: Selváticaminirelatos


Es un balneario turístico. Las jóvenes de la familia quieren homenajear a la gran abuela. Compran agua aromática que llevan en finas tazas de porcelana que tienen que transportar hasta la parte baja  donde se halla la terraza frente a la piscina.

Yo las acompaño, Dos chicas ayudan a caminar al abuelo. Empiezan a bajar las escaleras. Una se pone a llorar porque no puede llevar las tazas y ayudar al abuelo al mismo tiempo. Yo me ofrezco a llevar las tazas mientras ellas ayudan al viejo. Les digo como deben poner los pies en los escalones para bajar sin caerse.

Logramos bajar y la abuela no aparece. Las chicas vuelven a llorar. Ahora las dos. Me da pena y voy en busca de la abuela. Doy un rodeo por la parte de atrás y no la veo. Tengo que volverme y para ello debo subir por una pared de ladrillos cubiertos de hiedra. Veo que hay ratones, son blancos y pequeños.

Logro subir y al llegar arriba con dificultad me doy cuenta que la abuela esta haciendo lo mismo que yo, ella sube por la misma pared pero del otro lado. Nos encontramos en la cima.

Selvática


1 de Septiembre, 2009, 6:43: GladysGeneral


Al abuelo le gustaba comprar relojes. No era un afán de coleccionista como pudiera pensarse en primera instancia. Claro eso no lo supe hasta años más tarde porque mi conocimiento de él, por aquellos años en que aún vivía, eran solo los de una autoridad sin materia física, susceptible o vulnerable. A mis seis años el abuelo era una roca que me daba seguridad y en la que me gustaba apoyarme cuando huía de mis padres.

Recuerdo que cuando iba a su casa las horas se nos escurrían entre los dedos mientras él me enseñaba a leer los relojes, me presentó al señor horario, a su hijo el minutero – yo le pregunté cómo un hijo podía ser más grande que su padre – él me dijo que con el paso del tiempo los hijos crecen más que los padres. Yo le creí. Dedicamos unos minutos a la historia del segundero, y me explicó que no era ni padre ni hijo, porque siempre andaba muy de prisa y nunca formó una familia.

Ese verano, cuando se lo conté a mi amigo Carlos, nos dimos cuenta que era una tonta historia. Yo me burlé y nos reímos mucho, pero por dentro la admiración al abuelo no disminuyó ni un segundo.

Mi madre pone una cara de AGGGGHHH cuando limpia mi cuarto, a ella le gustaría que las habitaciones de casa no tuviesen muchas cosas que levantar para limpiar y volver a colocar. Yo a veces le ayudo porque a mi si me gusta tener muchas cosas, pequeñas o grandes para llenar mi habitación y la casa entera si pudiera… en el fondo, aunque no se lo quiera decir a nadie, ni a mi amigo Carlos, es que busco a los abuelos entre los mecanismos de los relojes. ¿Tienen que existir verdad?

Por: Gladys