Es un balneario turístico. Las jóvenes de la familia quieren homenajear a la gran abuela. Compran agua aromática que llevan en finas tazas de porcelana que tienen que transportar hasta la parte baja  donde se halla la terraza frente a la piscina.

Yo las acompaño, Dos chicas ayudan a caminar al abuelo. Empiezan a bajar las escaleras. Una se pone a llorar porque no puede llevar las tazas y ayudar al abuelo al mismo tiempo. Yo me ofrezco a llevar las tazas mientras ellas ayudan al viejo. Les digo como deben poner los pies en los escalones para bajar sin caerse.

Logramos bajar y la abuela no aparece. Las chicas vuelven a llorar. Ahora las dos. Me da pena y voy en busca de la abuela. Doy un rodeo por la parte de atrás y no la veo. Tengo que volverme y para ello debo subir por una pared de ladrillos cubiertos de hiedra. Veo que hay ratones, son blancos y pequeños.

Logro subir y al llegar arriba con dificultad me doy cuenta que la abuela esta haciendo lo mismo que yo, ella sube por la misma pared pero del otro lado. Nos encontramos en la cima.

Selvática