Estoy en el banco ingresando un dinero y poniendo al día unas cuentas. Mi amiga B. trabaja de cajera. Le explico a qué corresponden las cantidades, pero enseguida me doy cuenta de que va a faltar dinero. Es por el desorden de las cifras, le digo a ella con la esperanza de que sea ella quien ponga en orden las cantidades.

B. se acerca a la máquina de sumar, anota las cantidades y me dice que faltan doscientos euros. Yo, asustada le digo que revise bien, que la cantidad en efectivo es la justa.

Ella me mira con los ojos llenos de lágrimas, me dice que se ha separado de su marido.

En ese instante su marido entra, salta el mostrador, la toma en sus brazos y se ponen a bailar un tango.

Se van y me dejan sola con las cuentas.

Selvática