25 de Octubre, 2009, 7:24: Jimulminirelatos

Diseño

Cientos de colores, formas y diseños, discurrían con frenesí por los vericuetos y tortuosos pasadizos , congestionados por sensuales formas de sugerentes olores. Susurros... Discusiones... Pensamientos... Dudas, recorrían los cuerpos femeninos, acostumbrados a la vorágine de la frase más odiada que puede salir de sus labios: ¿Qué me pongo?, amiga íntima de la otra que dice: ¿Cómo me queda?.

Dos dudas existencias que las Rebajas tratan de solucionar.

Corte

¡Oto... Desórdenes en la sección de zapatería!

Como un resorte ejecutó las órdenes de aquella voz del pinganillo angustiada y temerosa, pacificando la situación.

Su mirada perdida entre aquellos cuerpos ensangretados le hicieron recordar 30 años atrás a su madre, en aquellos odiosos días de Rebajas, cuando le gritaba de forma histérica:

¡Oto, ven aquí... No te pierdas!

Confección

Allí estaban ellos, imperturbables, inmóviles, observadores. Invitados sin voz ni voto, luciendo los increíbles modelos rebajados a precios populares. Como hordas enloquecidas. entraban las clientas, sin control, por aquellos angostos pasillos, apoderándose de todo tipo de tejido que se encontraban alrededor.

No lo compres, tiene un grave defecto en la costura

¿Eso te vas a poner? Por favor... si no te entra ni el pie.


Anda dile a tu amiga que se lave mejor cuando venga a probarse algo... Apesta


Poco a poco el griterío fue disminuyendo, y con él, el bullicio primigenio. Era algo inaudito. Las clientas, huían despavoridas como si hubiesen visto u oído al mismísimo diablo.

Miradas de incredulidad se lanzaban entre los trabajadores y dueños de aquella boutique. Una sonrisa malévola se marcaba en el Maniquí Líder La revuelta de los maniquíes había sido efectiva
.

Jimul

25 de Octubre, 2009, 7:19: SelváticaAlaprima

 

       

Me alojé por casualidad en una casa enorme, muy iluminada, la habitación que me asignaron era cómoda. Caí rendida en la cama y me sumergí en un gran sopor, pero de repente el golpeteo de un balón de fútbol sobre las tablas me rescató del sueño. Frente a mi, una araña peloteaba, hacía malabares con sus ocho patas, entró luego la dueña de la casa y le tiró un hueso, la araña dejó la pelota y corrió, lo atrapó y se lo entregó en la mano. Otro inquilino asoma la cabeza por la puerta y me dice que ahí, en mi habitación, murió un hombre hace poco. La mujer me ofrece cambiar de cuarto, la araña vuelve al balón. Dudo entre cambiar o no.

Esa araña.

El inquilino da unos pasos y la luz del sol refleja su excitante sombra sobre mi cama, la sombra se agranda y me cubre. Siento una increíble sensación de felicidad. La dueña de la casa se va, el inquilino también. Yo llamo en un susurro a la araña y le digo que me traiga la sombra del hombre.


Selvática


 

25 de Octubre, 2009, 7:09: Selváticaminirelatos

Llego a mi casa después de varios días de ausencia, todo se ve limpio y reluciente, como si una mano misteriosa hubiese limpiado a fondo cada resquicio. Abro la nevera y en una fuente hay un gran trozo de lasagna, se ve tan apetitoso y tengo tanta hambre que parto un gran trozo y la pongo a calentar.

Coloco la mesa, mi mejor mantel de lino, servilleta, cubiertos, un poco de vino que hay en una botella ya abierta, me siento a comer y cuando ya he ingerido la mitad, saboreándola casi sin darme cuenta, pues la vista desde la ventana es más interesante que la comida, un sabor agrio detiene la acción trituradora de mis muelas. Miro el plato y veo que a la lasagna le están creciendo unos hongos negros por todas partes. Las arcadas me obligan a levantarme y cuando vuelvo del baño, los hongos se han convertido en gusanos. Tiro con rabia la comida a la basura, intento beber un poco del vino para quitarme el sabor amargo de la boca y hay millones de gusanos reptando por el cristal.

Lanzo la copa contra la pared, entonces me doy cuenta de que mi casa se ha convertido en un mundo reptante, las plantas son enormes gusanos, los muebles, los cuadros, los cacharros de la cocina… menos mal que nunca compré espejos.


Selvática

25 de Octubre, 2009, 7:05: GladysGeneral

…No importa cuanto me digas ni como disfraces las palabras, sé que acostumbras a llenarlas de caramelo para que los labios no perciban el acre sabor del engaño, sé que recitas de memoria la voz dulce de los poetas imitando sus pulsaciones para que los cuerpos se aflojen y se deshagan en tus manos. Te miro y sé cómo eres, te escucho y sé lo que me vas a decir, me susurras al oído verdades que presentía hace mucho, caminas a mi lado y sé exactamente hacía donde vas. Tal vez a ti te pase lo mismo, quizás yo tampoco tenga mundos maravillosos que ofrecerte, confieso que soy incompetente para crear disfraces y las palabras se me escurren de las manos antes de cobrar la fuerza suficiente para convencerte de mis verdades, jamás las he podido endulzar porque el caramelo se me endurece en el fuego, así, mis palabras te hacen fruncir los labios en un gesto amargo – gracias por disimular – y aunque me gusta la poesía no soy capaz de recitar dos versos seguidos y sin embargo tu cuerpo se deshace en mis manos.

         Tú eres norte y yo soy sur, sin embargo cuando tu límite roza el mío formamos una zona libre de fronteras. ¿Lindo, no?

Gladys