…No importa cuanto me digas ni como disfraces las palabras, sé que acostumbras a llenarlas de caramelo para que los labios no perciban el acre sabor del engaño, sé que recitas de memoria la voz dulce de los poetas imitando sus pulsaciones para que los cuerpos se aflojen y se deshagan en tus manos. Te miro y sé cómo eres, te escucho y sé lo que me vas a decir, me susurras al oído verdades que presentía hace mucho, caminas a mi lado y sé exactamente hacía donde vas. Tal vez a ti te pase lo mismo, quizás yo tampoco tenga mundos maravillosos que ofrecerte, confieso que soy incompetente para crear disfraces y las palabras se me escurren de las manos antes de cobrar la fuerza suficiente para convencerte de mis verdades, jamás las he podido endulzar porque el caramelo se me endurece en el fuego, así, mis palabras te hacen fruncir los labios en un gesto amargo – gracias por disimular – y aunque me gusta la poesía no soy capaz de recitar dos versos seguidos y sin embargo tu cuerpo se deshace en mis manos.

         Tú eres norte y yo soy sur, sin embargo cuando tu límite roza el mío formamos una zona libre de fronteras. ¿Lindo, no?

Gladys