...Y si hubiese ocurrido el milagro en Copenhague, y si el pueblo Saharaui figurase en el mapa, y si no se comercializara con el hambre, la salud y la educación, y si no tuviesemos que escribir cosas como éstas...
Eso es  lo que nos gustaría. Si de verdad existe esperanza, si guardamos una ilusión dentro de nosotros, tendría que ser la de un mundo mejor. Esa es la navidad que habría que celebrar, ese es el gordo que los pueblos deberían brindar con champaña en compañía de sus seres queridos, besando las mejillas de los hijos, de los abuelos, saliendo a la calle a compartirlo con los vecinos.
¿Y por qué no?
Si todos los años, al pasar ante la caseta de la lotería nos preguntamos ¿Y si cae aquí?
Si contamos los días del año teniendo como referencia la gran fecha del sorteo, si guardamos un dinerillo para comprarnos el billete, si buscamos con desesperación el número que hemos soñado, si gastamos tantas energías y dinero en cazar a la suerte, ¿por qué no dedicamos nuestros esfuerzos a algo tan tangible y real como ese hombre que pide limosna frente al dispensador de ilusiones? Y que encarna a millones en situación aún peor.
¿Qué nuestra calderilla no alcanza para mejorar el mundo?
Puede que si, que los céntimos que nos devuelven en el super apenas si llenen una botella mediana de agua, pero  hay algo que podemos hacer y no llegué a esa conclusión después de devanarme los sesos o consultando a reputados economistas, me la dio un taxista que se quejó de que las uvas estan muy caras esta navidad.
El va a poner garbanzos en remojo desde el 29 de diciembre y se los comerá con la misma ilusión de siempre y a ver quien le quita lo bailao.
Y sí, tiene razón.

Feliz Navidad!


L.D.