1 de Enero, 2010, 7:23: GladysGeneral


                      Miró a sus amigos mientras su cerebro trabajaba a mil por segundo buscando un brindis original. Por su cabeza desfilaron vertiginosamente todas las mujeres que deseó, los millonarios a quienes envidió, los deportistas a quienes intentó imitar, los cantantes famosos… un segundo especial para Jacko…

         Sus amigos lo miraban expectantes.

-          Ya voy, ya voy. Todo tiene su tiempo.

-          Joder, a ver si te vas a arrepentir.

-          Espera hombre, déjame pensar. Vale, ya está. ¡Por mí mismo!

Oprimió el gatillo. Un golpe seco estalló en la habitación, y la adrenalina en el recinto de su cabeza, borrando el mundo a su alrededor. Pasados unos segundos, las figuras empezaron a recobrar su apariencia natural, reconoció el rostro de cada de sus amigos- continuaban en la misma posición - mientras su mano abandonaba, sin fuerzas, el arma. Se levantó de la silla, el sudor caía a chorros calientes por su cuerpo, avanzó hasta la ventana, la abrió y el frio de la madrugada congeló sus ropas endureciéndolas hasta que empezaron a cortarle la piel.

Pedro, a la cabecera de la mesa, se incorporó, tomó el arma, la hizo girar sobre la superficie de la mesa. Los cuatro amigos, Javier había quedado fuera del grupo,  fijaron su mirada sobre el arma hasta que ésta empezó a disminuir los giros deteniéndose frente a Pablo.

Pablo dudó en tomarla. Era demasiado pronto. Le faltaban muchas cosas por hacer, tendría que terminar algunos temas, hablar con algunas personas, visitar algunos países que siempre le habían atraído, acostarse con… no eso no, el deseo lo había abandonado hacía ya varios años. ¡Por el sexo! Dijo en voz alta tomando la pistola sin dar apenas tiempo a los amigos para dedicarle los últimos minutos antes de que el sonido los rescatara de sus propios pensamientos. Todo fue un solo acto, las miradas, el ruido, luego el silencio profundo, después el renacimiento. Tampoco Pablo los abandonaría. Al menos esa noche.

Volvió Pedro a girar la pistola, que se detuvo en frente de Carlos, éste brindó por “su puta vida” mientras miraba al grupo fijamente.

Afuera el ruido del año nuevo estalló, las tracas se unieron a los estallidos de la pólvora, las sirenas ahogaron los aullidos de la humanidad. Un año iba a empezar y cada uno de los seis mil millones de habitantes de la tierra cumplía su cometido más o menos con la misma fe de siempre. ESTE AÑO VA A SER MEJOR.

Pedro acarició el arma. Siguiendo el ritual que los unió en la época de la universidad, el último sería indultado.

Él.

Indultado.

Se ve que aún tenía arena en su reloj particular. Se levantaron de la mesa, guardaron el arma y abrieron la puerta. Afuera sus respectivas mujeres rodeadas de los niños los esperaban. María, la mujer de Pedro se bebió la copa de champan apresuradamente. Volvía a respirar aliviada. Otro año más.


Gladys

 


1 de Enero, 2010, 7:03: Selváticaminirelatos


                                                Algo debía andar mejor en su vieja maquinaria para creer que podía empezar algo… aunque fuera impuesto por designios ajenos, como un nuevo año. Debían ser las manos de los operarios. Sobre todo, ese nuevo que había venido a reemplazar al viejo encargado. Tenía unos músculos que….

         Es treinta y uno de diciembre, al mirarse por dentro se asombró del suave accionar de sus intestinos, los engranajes equilibraban  las sumas y restas de ese año que moría irremediablemente. Qué afortunado se sentía de estar ahí arriba, sobre el bien y el mal, ajeno a todo comienzo o final. Un giro de más... pero de pronto, algo llamó su atención. Había algo cálido entre el quinto, o  el sexto piñón. ¿Qué podría ser?  La imagen del joven relojero, o más bien el recuerdo de la calidez de su mano al limpiar, se le atragantó justo antes de la doce campanada.        

Ahí estaba, entre sus intervalos de segundo se le enredó la angustia de un chico que lloró al ver la ciudad desde lo alto y que como un loco preguntó a la nada: ¿Cómo saber con certeza que el final ha llegado? ¿Cuánto tiempo tendremos? ¿Alcanzaremos a lavarnos los dientes, a dejar nuestras finanzas ordenadas? ¿O simplemente nos adentraremos en la negrura sin apenas darnos cuenta? Y mañana, cuando llamen los amigos y nuestro teléfono no responda, ¿qué sentirán ellos? ¿Habrá un lugar vacío en la mesa de la cafetería que tantos chismes nos escuchó? ¿La señora del supermercado preguntará por nosotros mientras registra la cerveza que hemos comprado?

 

         Los brazos deberían abrazar, los besos deberían luchar por ganar un espacio en los rostros, las copas se juntarían,  las risas escaparían de los labios, la pólvora, los doce deseos con las uvas, el frio de la madrugada… y él agazapado en lo alto de la cornisa, atascado por ese atisbo de calidez empezó a pensar que ¿por qué no? El también quería empezar este año…


Selvática

 


1 de Enero, 2010, 6:36: L.D.Hablando de...



    Antes del 22 de diciembre me pasaba las horas pensando en las cosas que haría con los millones, que, seguro me iban a caer a mi. ¿Por qué no? Por qué no iba yo a tener ese montón de billetes, alguien me lo puede decir.

    ¿A qué no han pensado en serio que harían con los millones? Cuando a la gente le preguntan, siempre dice lo mismo, viajar, pagar la hipoteca, etc. y ¿después qué?

    No pensamos en más. No queremos pensar en más. Es como si el mundo se acabara justo en el momento en que los niños de San Ildefonso terminan aquello de: "..EUUUUROSSS..."

    Pero el mundo sigue después de apagar la tele, miramos al frente y pensamos que tenemos que seguir caminando por nuestras propias rutas, dándole patadas a las piedras que nos caigan, corriendo cuando la lluvia se nos eche encima o sentándonos en un banco y mejor si es en un parque donde aún queden árboles que nos den sombra. Mucho mejor al lado de un amigo que nos escuche y nos haga reir y lo máximo, si el amor... Perdón, ya mi imaginación se me está desbocando...

    L.D.