27 de Febrero, 2010, 15:47: GladysGeneral

    



  

            ¡Pero mira cómo se menea!

            Ella desfila por la piscina como si fuera la pasarela mundial. En el centro de su cerebro resuenan los aplausos. Las caderas adelante, los hombros firmes, las piernas decididas y el mundo se rinde a sus pies.

            La ropa no es suya. Jamás se ha podido comprar ropa de marca… ¡con lo qué le gusta! Afortunadamente hay muchas señoras ricas que regalan trajes sin estrenar, como éste, de paño inglés, sin mangas, con ribetes de terciopelo desde los hombros hasta el ruedo. La cintura marcada con un delgado cinturón de cuero legitimo. Cuello redondo, perfectamente ajustado a sus senos y desbordándose sobre las caderas.

            ¡Buen paño éste! Abrigado, ideal para la city londinense al bajarse de uno de aquellos viejos taxis con sus choferes susurrando "my lady" mientras nuestros altísimos tacones pisan el asfalto frente a un restaurante….

            Pero ella vive en una ciudad tropical y su pasarela es el borde de la piscina donde desfila llevando la bandeja en mano con los "mojitos" para los señores .

Gladys

27 de Febrero, 2010, 15:33: JimulAlaprima




      Aún no se sabe si Ella calculó mal su fingida huida, o Él fue más impetuoso en sus movimientos. Lo cierto es que se encontraron en mitad de ninguna parte, un lugar arisco y escarpado, eso a ellos les daba igual. Un incontenible aire fresco se mezcló de forma suicida con una corriente fresca y húmeda de pasión.
     El resultado fue tan espectacular como impactante: La mezcla más pura de Amor. Aunque para los más pesimistas era tan sólo una tormenta perfecta.


Jimul

27 de Febrero, 2010, 15:25: Selváticaminirelatos

        


          Fue en un atardecer de agosto que no tenía mucho que hacer. Decidí visitar por sorpresa a mi amigo Carlos, con el gusto anticipado, de finalizar el día saboreando unos buenos vasos de vino acompañados de una charla divertida.

         Emprendí la ruta con emoción, iba pensando en que tenía muchas cosas que contarle, por ejemplo unos chismes de algunos amigos en común; el ultimo libro que empecé a leer y dejé por aburrido, además de que había escuchado una noticia no muy "santa" de un famoso que ambos conocimos antes de su ascenso a la fama. Mi corazón latía con mayor fuerza cuando pensaba en lo que íbamos a disfrutar. Hacía mucho tiempo que no veía a Carlos y me preguntaba por qué permitíamos que las rutinas nos alejaran, cuando ambos disfrutábamos tanto de estar juntos.

         Al llegar a su casa confirmé que no había cambiado nada,  la puerta seguía abierta a los visitantes, la música se escuchaba y el aroma del café daba la bienvenida a los posibles visitantes. Para darle una sorpresa no entré por la puerta principal, di la vuelta a la casa y me asomé a la ventana que daba a su estudio, allí estaban su escritorio, sus libros, su cenicero a rebozar y aquel jarrón azul que compramos juntos en el rastro. Empujé la ventana y entré sin dificultad. Me puse a ojear lo que había sobre el escritorio cuando mi mirada tropezó con una foto que no conocía. La tomé y desde el marco de plata unos rostros me sonreían pero no sabía quienes eran. Empecé a sudar, mis manos temblaron y el mundo se borró de mi memoria.

 

***

         Lo siento Carlos, después del incidente en tu casa tuvimos que internarla. La pobre ya no se acordaba ni de comer y nosotros no podíamos atenderla. Te aconsejo que no la visites, es mejor que tengas en tu memoria la mujer alegre que siempre fue.


Selvática

27 de Febrero, 2010, 15:10: Selváticaminirelatos

 

            Tiene la edad de los granos, también los interrogantes. A veces ayuda a mamá, otras da un portazo y se va.

            Esa noche ayudó a planchar, más bien acompañó a planchar, le gustaba sentarse a mirar a mamá cuando ésta se afanaba entre pieza y pieza con el calor tiñendo sus mejillas, además le encantaba presenciar la transformación de las camisas, primeros arrugadas e informes en la cesta, luego lisas y erguidas en la percha colgando de la manija de la puerta, esperando pacientes ir derechitas al armario.

            Trabajo dulce de hogar. Trabajo a cubierto de la noche fría.

            Luego, el pijama rosa con algunos agujeros aquí y allá, producto de sus inquietos dedos en las noches de insomnio, siempre esperando a la prima, compañera de juegos… bueno, ya casi excompañera, pues cada día llegaba más tarde y sin ganas de hablar con ella.

            Esa noche la mamá, después de planchar le mostró orgullosa un pijama nuevo que iba a regalarle a la prima.

            Con su carita llena de arrugas la mamá le preguntó si no sería muy infantil para el chico.

            Entonces supo que la mamá sabía, de hace tiempo, lo de la prima. Se puso colorada de la rabia, se dio la vuelta y se fue al cuarto, se tiró sobre la cama y empezó, con sus dedos nerviosos a agrandar aún más los agujeros de su propio pijama. comprendió que la mamá sabía que la prima ya se estaba acostando con su novio.

            La rabia le duró hasta las siete de la mañana, cuando la prima entró de puntillas al cuarto y se acostó a su lado… olía raro.


Selvática

27 de Febrero, 2010, 14:59: GladysGeneral

        


        Me encantan las noches despejadas, el negro profundo claudicando ante la claridad de la luna.

         Estoy sentada en mi coche, en un muelle solitario, ante mi, el mar profundo, la noche, la luna y alguna que otra estrella. Es la inmensidad al alcance de mi mano, es el silencio magnifico.

         Se oye una sirena.

Debe ser en la ciudad, pienso, la policía persiguiendo a alguien.

        La luz azul de la patrulla me baña de repente. Se acerca el policía con su andares a lo Pedro Navajas. – Matón de esquina – resuena en mi mente -.

       -Documentación por favor.

       Le entrego los papeles que guardo en una carterita divina, comprada en los chinos.

        -¿Qué hace aquí?

         Mirando la noche – le digo – ve usted la luna, fíjese en el camino que forma sobre el mar. Uno bien podría ponerse a caminar por ahí a ver hasta donde llega ¿verdad? Aunque en realidad, y para contestarle más claramente, le diré que estaba haciendo una especie de balance, ¿sabe? Porque vea usted, de hace un tiempo para acá no me importa nada, pero no es desidia o inconsciencia, es más bien lejanía, si, eso es, me encuentro lejos de todo y de todo el mundo, en una especie de frio universal. Ya está. Gracias a usted lo he logrado poner en palabras. Siento frío humano, de la gente, de las cosas, de la política, de los ecologistas, de los malos, de los buenos, del amor, de los odios. Y me preguntaba, qué pasaría después, inmediatamente después de que fuera consciente de esa certeza.

        -Si, a veces uno se siente así.

        -¿Un trago? No me diga que está de servicio.

       -Es que si me tomo un trago, me pongo a pensar y a hablar…

       -De eso se trata. De compartir soledades.  

       -Bueno, venga uno de esos, que hace mucho frío y me están entrando ganas de ponerme a caminar sobre el agua. Pero antes de que empecemos tome la nota: Son doscientos euros por aparcar en sitio indebido.


Gladys

14 de Febrero, 2010, 15:45: SelváticaAlaprima


Estaba con T. Había venido a verme y yo vivía en una casa con otra gente. Al llegar la noche las habitaciones estaban llenas. T. y yo nos acomodamos en el piso sobre unas colchonetas, otros yacían sobre camas sencillas. Aquella casa parecía un albergue de paso.

T. y yo nos acostamos. Vi su cara de cerca y sentí que la vejez se había apoderado de su rostro. Su cara cuando sonreía se descomponía en millones de trazos.

Nos abrazamos. Sentí otra vez que mi cuerpo estaba vivo y él también sintió lo mismo. Lo sé.

Por un instante la felicidad volvió a poseernos, pero nuestros cuerpos se  deshicieron en millones de trazos.

Poco a poco, cuando sus líneas se juntaron de nuevo, T. empezó a sentirse incómodo a mi lado. De pronto me dijo que me fuera, que había llamado a una dibujante. T. tenía la intención de borrar  las líneas de su vejez.

Me levanté. Me fui. Sonó el móvil, yo lo busqué pero no pude encontrarlo, cuando lo hallé ya no había nadie al otro lado.

En mi cama había un bebé, yo acomodé mi cuerpo al suyo mientras oía como chasqueaba su chupa. Volví a ser feliz a su lado.


Por: Selvática

14 de Febrero, 2010, 15:36: Jimulminirelatos


         Siempre se preguntó en qué momento el elixir de la vida y la pócima eterna del amor se convertía en un zumo ácido del desengaño y una ponzoñosa bebida de la razón. La solución estaba mucho más cerca de lo que pensaba: Las ranas eran batracios y las muñecas, juguetes infantiles que se abandonan con el tiempo.

Jimul

14 de Febrero, 2010, 15:29: Selváticaminirelatos

       

        Una prima nos cuenta con gran alboroto que se ha comprado una casa. Nos lleva a conocerla. La casa está construída en varios niveles. En el primero hay una cama, un pequeño hall, al fondo unos ventanales enormes; en el segundo nivel la cocina, dos baños, unas escaleras y en el tercer nivel las alcobas. Mi prima esta muy orgullosa de su casa y me asegura que allí cada uno tendrá absoluta intimidad y que lo mejor de todo es su precio.

        Vista de lado, la casa tiene un metro de ancha, en cambio, de alto, tiene como cincuenta. Pienso que los arquitectos son unos seres muy caprichosos. Me doy la vuelta para despedirme y veo a mi prima y su marido de perfil. Entonces me doy cuenta que la casa es apropiada para ellos. 


Por: Selvática

14 de Febrero, 2010, 15:16: GladysGeneral


-          Hace mucho que no hablamos.

-          Tienes razón.

-          Búscame aquello y házmelo llegar.

-          Vale. Hasta luego.

Hizo click y la pantalla quedó en negro.

Del lado de las ondas, Avatar se sentía preocupada. Él estaba muy raro desde hacía mucho tiempo. Lo notaba preocupado, inseguro y evasivo. Decidió averiguar que le pasaba.

Paseó de arriba abajo por la página sin lograr calmar su preocupación y mucho menos, encontrar una respuesta; para entretenerse digitó su clave, luego escribió algunas frases universales disfrazando con ello sus temores y que, a su entender, tuvieran relación  con su inquietud sin delatarse, al poco tiempo empezaron a llegarle respuestas de sus avatares conocidos. El entusiasmo hizo que sus ojillos brillaran de alegría. A medida que leía, su cabecita con las trenzas erectas como antenas parabólicas vibraban de alegría. Ahí estaban todas las rutas a seguir, bastaría con hacérselas llegar a él y el problema estaría resuelto, la dificultad se hallaba en que él hacía días que no aparecía por la página a pesar de los muchos llamados que le había hecho.   

Tendría que buscar otro camino para llegar hasta él, sabía que si se encontraran podría ayudarlo pero ¿cómo?, ya hacía varias semanas que le había pedido el plano de su mundo, esa fue la última vez que hablaron y lo necesitaba pues nunca había salido de su orbita, ni siquiera había intentado explorar el mundo más allá de las ondas virtuales. Hasta ayer nunca se preguntó qué pasaba fuera, ni qué espacios la separaban de él. Siempre se conformó con esperar a que él se conectara para verla y hablar de sus cosas. No sabía nada de su origen, ni de cómo empezó a llenar el espacio dedicado a todos los avatares, se limitó a existir y a estar disponible para cuando el clikeo la sacara de su mundo. Al principio se hablaban casi todos los días, él le contaba sus experiencias, hablaba de su trabajo, de sus compañeros de oficina y hasta de sus deseos más íntimos, pero de un tiempo a esta parte él empezó a distanciarse, se conectaba con menos frecuencia o se limitaba a poner caritas felices en vez de contarle sus cosas y los detalles que le daba de su mundo eran tan vagos, que nunca lograba sacar nada en claro; alguna vez le oyó hablar de un viaje por mar, experiencia que no debía ser muy agradable porque estuvo vomitando todo el trayecto, así que ese camino quedaba descartado. Si le había sentado mal a él, que parecía tan fuerte, que le sucedería a una insignificante avatar, que apenas era un dibujo en una pantalla.

Angustiada y desesperada ante el vacio negro de la pantalla empezó a dibujar los rasgos de él, los ojos, la frente, los cabellos, las manos, iba evocando con lujo de detalles lo que la cámara le había permitido ver, no recordaba muy bien donde ni a quien le había escuchado comentar que bastaba con desear algo intensamente para que se realizara. Y eso estaba haciendo, ponía todo su empeño en ello, pero pasaba el tiempo y el vacio continuaba, es más, parecía intensificarse tornándose en densa oscuridad con cada esfuerzo de la Avatar, llegó a ser tan profundo y tan grande que empezó a perder las dimensiones de su propia existencia,  certeza que tuvo, cuando cansada de evocarlo, decidió probar consigo misma, intentó dibujar en su mente su propia imagen, su propio cuerpo comparándolo con el recuerdo de él. Sin embargo solamente captaba retazos de imágenes como recortadas sin ton ni son, pedazos de realidades sin coherencia alguna, se le presentaban ante los ojos y no entendía nada, no lograba verse a sí misma, no sabía cómo era y lo más extraño, no entendía cómo había podido vivir tanto tiempo sin saberlo… o a lo mejor el mundo poblado por él era así, nadie sabía cómo era en realidad. Debía ser eso, tenía que creer que era eso, de lo contrario no podría soportar esa certeza. Lo peor, a su manera de entender, era que a medida que empezara a pasar tiempo sin él, perdería su propia conciencia, eso era lo más grave, si se diluyera en el espacio jamás podría volver a encontrarse con él. Era urgente conseguir el plano y en vista de que él no daba señales de vida, tendría que buscar en alguna parte el mapa que le permitiera salir de la virtualidad. Dejó de pensar en su imagen, sacudió su cabeza gráfica y convocó a todos los avatares que conocía. Uno a uno fueron apareciendo, la iban saludando con afecto, se notaba que la querían y Avatar empezó a recobrar confianza, no estaba sola y eso era bueno, no sabía por qué pero lo sentía así. Esto le dio la confianza suficiente para hablar de sus preocupaciones sin callarse ni un detalle de su relación con el humano.

Cuando terminó su narración un profundo silencio se apoderó de la red, los avatares habían enmudecido,  la nada empezó a zumbar en los hoyitos que estaban a lado y lado de su cara, el vació de sonido se hizo más fuerte, más denso, como una loza pesada que lentamente va golpeando todo lo que encuentra a su paso, los primeros en ser pulverizados fueron los avatares que se encontraban a su derecha, vio con horror como saltaron los ojos, después las cabezas y por último, aquellos que tenían cuerpo también fueron molidos por aquel silencio brutal. Se arrepintió de haberlos llamado, con sus voces hubiera bastado, pero al reclamarles su presencia física los había dejado indefensos y estaban desapareciendo sin que ella pudiera hacer nada.

Avatar, como impelida por una fuerza que le nacía de algún lugar en su diminuto cuerpo empezó a rodar por el espacio, intentó impulsarse con todas sus fuerzas para alejarse del silencio arrollador pero como la oscuridad era total, no sabía si avanzaba o daba vueltas en el mismo lugar. Estaba a punto de perder su fuerza de voluntad, qué más daba, no era mejor dejar que el silencio la destruyera igual que había hecho con todos los avatares. Dejó de luchar, se dejó absorber y esperó. Parecía que no sucedía nada, el tiempo había desaparecido. La luminosidad de un click la deslumbró, sintió arder sus párpados trató de abrir los ojos, aunque no recordaba haberlos cerrado nunca en medio de la oscuridad; al hacerlo lo vio, era él, estaba allí con una mujer frente a la pantalla, hablaban muy bajo y ella lo miraba de una manera…

Avatar reconoció esas manos, aquel era su rostro pero él no la vio.

La mujer lo abrazó, lo besaba en la oreja, en la mejilla, en la boca y en susurros le dijo: este diseño me gusta más.

-Verdad que sí, este será mi nuevo Avatar, el otro se había quedado anticuado.


Por: Gladys