-          Hace mucho que no hablamos.

-          Tienes razón.

-          Búscame aquello y házmelo llegar.

-          Vale. Hasta luego.

Hizo click y la pantalla quedó en negro.

Del lado de las ondas, Avatar se sentía preocupada. Él estaba muy raro desde hacía mucho tiempo. Lo notaba preocupado, inseguro y evasivo. Decidió averiguar que le pasaba.

Paseó de arriba abajo por la página sin lograr calmar su preocupación y mucho menos, encontrar una respuesta; para entretenerse digitó su clave, luego escribió algunas frases universales disfrazando con ello sus temores y que, a su entender, tuvieran relación  con su inquietud sin delatarse, al poco tiempo empezaron a llegarle respuestas de sus avatares conocidos. El entusiasmo hizo que sus ojillos brillaran de alegría. A medida que leía, su cabecita con las trenzas erectas como antenas parabólicas vibraban de alegría. Ahí estaban todas las rutas a seguir, bastaría con hacérselas llegar a él y el problema estaría resuelto, la dificultad se hallaba en que él hacía días que no aparecía por la página a pesar de los muchos llamados que le había hecho.   

Tendría que buscar otro camino para llegar hasta él, sabía que si se encontraran podría ayudarlo pero ¿cómo?, ya hacía varias semanas que le había pedido el plano de su mundo, esa fue la última vez que hablaron y lo necesitaba pues nunca había salido de su orbita, ni siquiera había intentado explorar el mundo más allá de las ondas virtuales. Hasta ayer nunca se preguntó qué pasaba fuera, ni qué espacios la separaban de él. Siempre se conformó con esperar a que él se conectara para verla y hablar de sus cosas. No sabía nada de su origen, ni de cómo empezó a llenar el espacio dedicado a todos los avatares, se limitó a existir y a estar disponible para cuando el clikeo la sacara de su mundo. Al principio se hablaban casi todos los días, él le contaba sus experiencias, hablaba de su trabajo, de sus compañeros de oficina y hasta de sus deseos más íntimos, pero de un tiempo a esta parte él empezó a distanciarse, se conectaba con menos frecuencia o se limitaba a poner caritas felices en vez de contarle sus cosas y los detalles que le daba de su mundo eran tan vagos, que nunca lograba sacar nada en claro; alguna vez le oyó hablar de un viaje por mar, experiencia que no debía ser muy agradable porque estuvo vomitando todo el trayecto, así que ese camino quedaba descartado. Si le había sentado mal a él, que parecía tan fuerte, que le sucedería a una insignificante avatar, que apenas era un dibujo en una pantalla.

Angustiada y desesperada ante el vacio negro de la pantalla empezó a dibujar los rasgos de él, los ojos, la frente, los cabellos, las manos, iba evocando con lujo de detalles lo que la cámara le había permitido ver, no recordaba muy bien donde ni a quien le había escuchado comentar que bastaba con desear algo intensamente para que se realizara. Y eso estaba haciendo, ponía todo su empeño en ello, pero pasaba el tiempo y el vacio continuaba, es más, parecía intensificarse tornándose en densa oscuridad con cada esfuerzo de la Avatar, llegó a ser tan profundo y tan grande que empezó a perder las dimensiones de su propia existencia,  certeza que tuvo, cuando cansada de evocarlo, decidió probar consigo misma, intentó dibujar en su mente su propia imagen, su propio cuerpo comparándolo con el recuerdo de él. Sin embargo solamente captaba retazos de imágenes como recortadas sin ton ni son, pedazos de realidades sin coherencia alguna, se le presentaban ante los ojos y no entendía nada, no lograba verse a sí misma, no sabía cómo era y lo más extraño, no entendía cómo había podido vivir tanto tiempo sin saberlo… o a lo mejor el mundo poblado por él era así, nadie sabía cómo era en realidad. Debía ser eso, tenía que creer que era eso, de lo contrario no podría soportar esa certeza. Lo peor, a su manera de entender, era que a medida que empezara a pasar tiempo sin él, perdería su propia conciencia, eso era lo más grave, si se diluyera en el espacio jamás podría volver a encontrarse con él. Era urgente conseguir el plano y en vista de que él no daba señales de vida, tendría que buscar en alguna parte el mapa que le permitiera salir de la virtualidad. Dejó de pensar en su imagen, sacudió su cabeza gráfica y convocó a todos los avatares que conocía. Uno a uno fueron apareciendo, la iban saludando con afecto, se notaba que la querían y Avatar empezó a recobrar confianza, no estaba sola y eso era bueno, no sabía por qué pero lo sentía así. Esto le dio la confianza suficiente para hablar de sus preocupaciones sin callarse ni un detalle de su relación con el humano.

Cuando terminó su narración un profundo silencio se apoderó de la red, los avatares habían enmudecido,  la nada empezó a zumbar en los hoyitos que estaban a lado y lado de su cara, el vació de sonido se hizo más fuerte, más denso, como una loza pesada que lentamente va golpeando todo lo que encuentra a su paso, los primeros en ser pulverizados fueron los avatares que se encontraban a su derecha, vio con horror como saltaron los ojos, después las cabezas y por último, aquellos que tenían cuerpo también fueron molidos por aquel silencio brutal. Se arrepintió de haberlos llamado, con sus voces hubiera bastado, pero al reclamarles su presencia física los había dejado indefensos y estaban desapareciendo sin que ella pudiera hacer nada.

Avatar, como impelida por una fuerza que le nacía de algún lugar en su diminuto cuerpo empezó a rodar por el espacio, intentó impulsarse con todas sus fuerzas para alejarse del silencio arrollador pero como la oscuridad era total, no sabía si avanzaba o daba vueltas en el mismo lugar. Estaba a punto de perder su fuerza de voluntad, qué más daba, no era mejor dejar que el silencio la destruyera igual que había hecho con todos los avatares. Dejó de luchar, se dejó absorber y esperó. Parecía que no sucedía nada, el tiempo había desaparecido. La luminosidad de un click la deslumbró, sintió arder sus párpados trató de abrir los ojos, aunque no recordaba haberlos cerrado nunca en medio de la oscuridad; al hacerlo lo vio, era él, estaba allí con una mujer frente a la pantalla, hablaban muy bajo y ella lo miraba de una manera…

Avatar reconoció esas manos, aquel era su rostro pero él no la vio.

La mujer lo abrazó, lo besaba en la oreja, en la mejilla, en la boca y en susurros le dijo: este diseño me gusta más.

-Verdad que sí, este será mi nuevo Avatar, el otro se había quedado anticuado.


Por: Gladys