29 de Marzo, 2010, 14:29: Selváticaminirelatos


            En un lugar donde el tiempo no existe, donde el ser humano es el punto central de pasado y presente, me encontré con dos enormes columnas Supongo que el espacio entre los cuerpos, en ese lugar, presenta unas condiciones muy particulares y difíciles de entender bajo la luz de mis escasos conocimientos.

            Las mencionadas columnas, parecían ser de estilo griego, profundos canales las recorrían de arriba abajo. Me consta porque mis dedos recorrieron sus honduras a lo largo de éstas, al llegar a la parte inferior, donde sus cimientos tendrían que enraizar con la tierra encontré diminutos jeroglíficos que entraron en mi cerebro sin que yo sea experto en lenguajes ancestrales y me sonaban en medio de la cabeza como balbuceos infantiles. Al subir las manos sobre los caracteres superiores  dejé de escuchar aquellos sonidos, si bajaba la mano, volvían los balbuceos pero si la subía, el silencio me acometía de nuevo. Allí,  aquellos símbolos no decían nada. Volví a bajar la mano y los balbuceos empezaron a cobrar forma, al principio eran como las primeras palabras de un bebé, luego se fueron haciendo más claros y más ricos en expresiones, empecé a escuchar la historia de la humanidad, los pensamientos de los primeros hombres, su evolución, su paso a través de las etapas de la historia llegó a mi cabeza de la misma manera que conocemos a través de los sentidos.

    También supe de los hombres actuales, por supuesto. Era como si mi mano recorriera la historia del pensamiento humano y se reconociera en mi propio sentir, quiero decir que el dolor y la soledad  que siento hoy, es la misma que hace mil años sintieron mis antepasados, y sin que mi inteligencia tamizara aquella sabiduría supe que en el mundo conviven todos los tiempos, al mismo tiempo.


        Selvática


29 de Marzo, 2010, 14:21: SelváticaAlaprima
resignacion.jpg image by opositivo

            Mi madre no para de hablar, me desgrana sus historias, suelta las anécdotas de más de setenta años de vida con todos los afanes y miserias.

      ¿Qué me quieres decir? Le pregunto ya cansada de tanto rodeo.

      Voy a vender la casa… es para tu hermano…

      La rabia empieza a bullir por mis venas, se va expandiendo por todos sus retorcidos caminos y me rebelo, no quiero que lo haga.

      Ella sigue con sus rodeos hasta que sus razones pierden sentido, siempre ha sido así. Mi hermano es su favorito. No puedo más y termino llorando, me quejo de que a mi nunca me ha ayudado, le digo que siempre he estado sola y al mismo tiempo me arrepiento, quisiera tener una vida en la que eso no me importara, fingir ya no me basta.

      ¿Cuéntame de nuevo lo que pasó el día de mi comunión le supliqué.


             Selvática


29 de Marzo, 2010, 14:06: GladysGeneral

         

            Ricardo trabaja en una agencia de publicidad. Se siente orgullo de pertenecer a ese tipo de empresas que no solo parecen modernas e innovadoras sino que también lo son.

      La dueña es una mujer joven, dinámica y emprendedora, hija de un prestigioso profesional y muy amiga de él desde la universidad.

      El padre de ella, se presenta un día de improviso en la agencia, viene acompañado de su estirada y elegantísima mujer. Ricardo tropieza con ellos en el hall de la entrada. Los saluda amablemente y cuando va a darle un beso a la dama, ella lo mira con asco, como asombrada de su atrevimiento, luego, levanta la mano como una reina y rechaza su espontáneo saludo.

       Ricardo se siente tan humillado e intenta retirarse a su sitio mientras su mente forja pensamientos vengativos en medio del sofoco, la ira y la vergüenza. Con dificultad domina su rabia, se da la vuelta y la enfrenta cuidándose mucho de no mostrar enfado en la voz. La mira a los ojos y sonriente le dice: Perdón alteza - se arrodilla y alza la cara - ¿mejor así?

       Su marido monta en cólera, lanza gritos destemplados y echa a todo el mundo a la calle.

       Los empleados salen como corderos, se van dispersando poco a poco en medio de murmullos; todos quieren saber qué ha pasado. Algunos se atreven a lanzar conjeturas sosteniendo que el pobre señor está un tanto alterado porque recientemente había ganado un premio importante y ya se sabe la tensión que la fama produce.

       Llega la hija, se sorprende de lo que está pasando. Ricardo ahora se siente peor. La hija es su mejor amiga. La conciencia empieza a hacerse sentir, se arrepiente de haberse burlado de la dama en cuestión, piensa que si no lo hubiera hecho, todo seguiría normal, como siempre, todos habrían conservado su trabajo.

        Cada segundo que pasa se siente peor. Intenta volver a la oficina, le gustaría disculparse, pero también piensa que no. Para colmo se tropieza con un viejo conocido, músico de profesión, que casualmente, ese día,  había empezado a trabajar allí. Su amigo es un hombre muy mayor, con esa edad ya es muy difícil que alguien le dé trabajo… y ahora. Ayyy!

   Esa mañana su amigo había llevado a la oficina su viejo piano, se disculpó diciendo que sólo con él se inspiraba.

   Esos recuerdos lo hicieron sentir náuseas. Su amiga, la dueña de la agencia los reunió a todos de nuevo, se disculpó por su padre y poco a poco las cosas volvieron a retomar su ritmo normal. Todos recuperaron su trabajo.

        Al final de la tarde, su amiga le invitó a tomar café en su oficina y en ese momento llega su padre acompañado de la dama en cuestión. Ricardo empieza a sudar, se disculpa de forma apresurada y se va de la oficina. No puede soportar que lo reconozcan como el que se arrodilló, pero tampoco quiere seguir callando más...


Gladys