resignacion.jpg image by opositivo

            Mi madre no para de hablar, me desgrana sus historias, suelta las anécdotas de más de setenta años de vida con todos los afanes y miserias.

      ¿Qué me quieres decir? Le pregunto ya cansada de tanto rodeo.

      Voy a vender la casa… es para tu hermano…

      La rabia empieza a bullir por mis venas, se va expandiendo por todos sus retorcidos caminos y me rebelo, no quiero que lo haga.

      Ella sigue con sus rodeos hasta que sus razones pierden sentido, siempre ha sido así. Mi hermano es su favorito. No puedo más y termino llorando, me quejo de que a mi nunca me ha ayudado, le digo que siempre he estado sola y al mismo tiempo me arrepiento, quisiera tener una vida en la que eso no me importara, fingir ya no me basta.

      ¿Cuéntame de nuevo lo que pasó el día de mi comunión le supliqué.


             Selvática