30 de Mayo, 2010, 19:59: GladysGeneral
Avergonzados estamos todos los colombianos que tuvimos una esperanza de ganarle a la corrupción, al clientelismo y a la sinrazón de la violencia. Avergonzados por haber perdido esta oportunidad de dar un paso al frente y empezar a construir un país en ruinas, no solo físicas sino morales. No tenemos disculpa, no fuimos capaces de parar la apisonadora y ni siquiera tenemos un hueco donde ocultar nuestra vergüenza. Seguiremos siendo unos parias, sin país y sin ilusiones. Lo único que nos queda es un lugar imaginario particular pero terriblemente solo.
27 de Mayo, 2010, 13:15: SelváticaAlaprima


 

            Mi casa es un espacio donde cabe una gran cama, dos mesas de noche, una cocina, un baño y un pequeño sofá; todo en un ambiente. Una vida a un sólo golpe de vista. Un gran ventanal cierra el escenario.

      Me arreglo. He quedado con una amiga. De pronto llaman a la puerta.      

      Un joven y una chica entran sin saludar. Él está enfermo, yo los recibo, les doy agua, pero me tengo que ir. ¿Los dejo en mi casa?

      Ella, la chica sale a buscar ayuda y se pierde en el pasillo.

      Es que al salir de mi casa, al cerrar la puerta, uno se encuentra con tantas puertas iguales, por eso, ella se perdió… y yo me tengo que ir.


Selvática


27 de Mayo, 2010, 13:07: SelváticaAlaprima



    Está feliz porque al fin ha conseguido un trabajo. PROFESORA DE GIMNASIA en uno de los colegios más importantes de la ciudad.

    Llega a su primer día de trabajo luciendo un traje de cóctel gris con flecos desde el cuello hasta el bordillo, justo encima de la rodilla, los zapatos, del mismo tono y tacón de aguja, un pequeño bolso, también de flecos. Ya sabe que no es lo apropiado, pero el vestido es tan lindo.

    Después de saludar a los pocos docentes que se encontraban en el hall, pregunta por la sala de profesores, necesita hablar con el director para pedirle un manual de instrucciones, o la programación de su asignatura. No tiene ni idea de lo que le va a decir a sus alumnos, menos mal que el primer día nadie espera que se haga nada. Después,   cuando consiga la programación será lo suficientemente estricta para sacar el mayor partido a esas cabecitas jóvenes - piensa - dedicará la primera clase a presentarse - siempre le ha ido bien con los chicos, por alguna extraña razón, ellos se sienten identificados con ella y la química surge de manera espontánea - les hablará de la asignatura, de sus expectativas, de las posibilidades de trabajo, les invitará a exponer sus opiniones, sus proyectos. Será una hora encerrada en el aula con ellos, así que no se sentirá ridícula por la ropa que lleva.

    O, también podría salir al patio con ellos, iría descalza… no, quizás no es buena idea.

    Al final del pasillo se encuentra con dos profesoras, que no saben indicarle el sitio de la sala de profesores - ellas también son nuevas - y están buscando el baño de profesoras. Se acompañan mutuamente, al doblar el pasillo, se encuentran de frente con tres baños. Ella escoge uno y empieza a mirarse el vestido, se lo sube poco a poco dejando al descubierto sus muslos, las nalgas y mueve las caderas para ondear los flecos de la falda. Entra un  profesor y la pilla infraganti. Suelta la falda rápidamente, pero al dar la vuelta se tropieza con una pared de cristal que deja ver a un grupo de estudiantes que estaban allí quien sabe desde cuando.

     La vergüenza la domina.  Mal comienzo para sus clases.

Selvática

27 de Mayo, 2010, 12:52: Selváticaminirelatos

          - Firme aquí, aquí y aquí. Con esto ya está. Ahora a vivir sin hipotecas. No me mire con esos ojos. Ya sé que soy el gerente y que debería estarle vendiendo el seguro de vida que me pide, pero no, mejor cuénteme ¿Cómo le ha quedado? ¿Supongo que ya terminaron las obras?

    - Explíqueme lo de ese seguro por favor.

    - Buenooo. Es un seguro que… pero no creo que le haga falta, vaya y disfrute de su casa, con sus hijos, su marido… mire que son años trabajando y la espalda ya le debe pasar factura, ¿a qué si?

    - Es que a mi me gustaría...

    - No se preocupe señora. Perdone pero a su edad, debe disfrutar de sus nietos, ¿cuántos son? Imagino que varios ya. Si tiene a todos sus hijos casados.

    - Es que…

    - Nada, nada por favor. ¿Ya firmó? Ande. Váyase y disfrute de los años que le quedan, la vida es un suspiro y no podemos darnos esos lujos. Lo digo por mi también, yo ya tengo una edad y me gustaría recomponer los huesos en una cálida playa. Ayayay pero no puedo, estoy atado a esta silla. Sabe, por las tardes me cuesta despegar el culo del asiento, es como si mis nalgas se hubieran convertido en parte de la tapicería, después están los lápices de colores. ¿Ve usted? todos ordenados formando un arcoiris, cada mañana llego el primero y antes de que empiece la jornada ya los he afilado todos, ve, sus puntas largas y finas. Con éste pongo el chulito, este símbolo vea, para las tareas terminadas; éste otro con una P para lo pendiente, todos estos lápices tienen una función vital en mi vida. Si me los llevara a casa quedarían ociosos, se perderían o los hijos los tomarían para sus cosas, aunque creo que ellos ya no usan lápices de colores.

    Los dos se quedaron mirándose a los ojos sin darse cuenta del silencio que los cubría.

    - Ah, me olvidaba de los post it. Los tengo también de todos los colores y las formas. Últimamente las papelerías son muy creativas para diseñarlos, hay de flores, los cuadrados de toda la vida, con forma de coche o de huevo… si un poco como el logo de nuestro banco…

    - Parece un huevo echando humo.

    - Un huevo podrido, jejeje. Que no me escuchen. Oh, me olvidaba de los clips. He conocido gente que son auténticos artistas del arte del clípeo… bueno, perdóneme, no se dice así, no tengo ni idea de como se dirá, pero me inventé el nombre, ¿le gusta? Es que me entretiene inventarme nombres para cosas que, o son muy corrientes o están en desuso. Cuando me jubile voy a escribir un diccionario de inutilidades. Ya verá. Será un best seller . Me forraré, si señora.

    - ¿Lo del seguro?

    - Ya, ya. ¿Usted cree que alguien compraría un diccionario así? Se lo pregunto porque, no sé si esté equivocado, pero si la gente se sienta a ver y escuchar gritos en la tele toda la tarde, bien podría entretenerse con mi diccionario, alguna sonrisa les sacaría yo… eso creo al menos.

    - Mejor vuelvo otro día.

    - Claro, cuando quiera. Aquí estaré para atenderla con el mayor gusto.

    Sale del despacho del director con la impotencia dibujada en los labios. Su hijo, un hombretón de dos metros y millones de horas de gimnasio se le acerca. ¿Qué pasó?

    - Nada, que no me quiso vender el seguro de vida. ¿Y ahora qué hacemos con tu padre?  Va a empezar a oler fatal.

    - Vamos al banco de la esquina, a ver si ahí cuela.


Selvática


27 de Mayo, 2010, 12:47: GladysGeneral

           Mire, tenga cuidado con eso, no lo vaya a joder ahora. No es el momento. Usted ya tuvo su oportunidad, así que ahora, apechugue que para eso se ha hecho usted con el poder. Deje de temblar. Es usted patético. Por eso no me caía bien. Se acuerda de los días veinticinco de cada mes. Yo sí. Todos los jodidos días de mi existencia me decía lo mismo. A ese lo despido por cualquier cosa. Joder que soy el empresario y puedo hacer y deshacer en mi empresa.

    Durante el desayuno, entre mordisco y mordisco de magdalena se me iluminaba la mente: surgía así: PUM  ¡el pretexto perfecto! Ningún problema con sindicatos, una indemnización conveniente y listo. Eso era todo. Con ese ánimo entraba a mi despacho, me ponía al día y luego lo llamaba. Usted venía con ese aire cansino, joder, si parecía que llevara el mundo a cuestas, no era para tanto, esos hombros caídos, esa mirada huidiza y esa vocecita me crispaban los nervios. Ahí, en ese puto momento me olvidaba del sindicato,  me daban ganas de retorcerle el jodido cuello.

    Apunte bien carajo.

   No me vaya a dar en una pierna. Volviendo a su cuello, ¿nació así o la vida se lo consumió? ¿Por qué carajos nunca protestó? La naturaleza en vez de voz le dio ese bisbiseo que me dictaba números mientras yo imaginaba su sangre manchando mi alfombra turca.

     No me mire así hombre.

     Claro que lo odiaba y no me pregunte por qué, fueron muchos los motivos, su humildad de esclavo, su docilidad de borrego, pero sobre todo su voz, ¿sabe? en mis pesadillas la escuchaba, era como una mosca zumbando en mi oreja todo el tiempo, sssssi ssssseñor, sssssi sssssseñor. Ay que joderse. Pero lo peor era que no me fijaba en sus Debes y Haberes, usted recitaba números como un imbécil y yo sentía el bizzzzz bizzzz en mi oreja hasta que lo mandaba a su escritorio. Usted levantaba el culo y yo me quedaba con esa imagen de pantalón brillante con la raya replanchada que podría haber cortado un pedazo de pan duro.

    Tenía que llamar a Martínez para que revisara el balance mientras yo cerraba la puerta para olvidarme de usted. Sin embargo, como son las cosas, hoy es veinticinco de mes, no tuve necesidad de llamarle. Usted apareció por esa puerta y me pidió permiso para entrar. La boca se me abrió como la de un caballo. ¿Había cambiado de voz a sus cincuenta y tantos? Ah, sesenta, claro sesenta. ¿Por qué ese cambio? Ahí lo tenemos. La oficina sola, los empleados han ido a comer y usted me apunta con una 22… ¿bonita verdad? no, no me cuente dónde la consiguió. Las armas nunca me han llamado la atención.

     ¡Dispare!

     No dude ahora, no la vaya a joder, deme el gusto de verle por una única vez en su puta vida un rasgo de carácter. Siga con la mandíbula apretada. Le queda bien, me recuerda a Clint Eastwood. Yo de usted no me hubiera puesto corbata. Qué mal gusto tiene usted, se pone unas corbatas horrorosas. Perdone, esas cosas no se dicen ni en privado,  cada cual viste como le da la gana, pero uno tiene ojos, que le vamos a hacer.

     Veo que está temblando. Y le advierto, si quedo vivo le va a pesar, es mejor que lo haga y cuanto antes mejor, no vaya a ser que venga Clarita y empiece a dar alaridos, dése prisa, es muy fácil, aprieta el gatillo, así de simple. Más aire en el ambiente.

     No se vaya carajo. Dispare, dispáreme.

    sssssssi ssssssseñor. No se preocupe, aquí no ha pasado nada,  ahí le dejo el balance.

    Y salió de la oficina con su gesto cansino, el pantalón brillante y la raya replanchada que sin embargo se quebró un momento. Cuando guardó la pistola en el bolsillo.


Gladys

 

 

16 de Mayo, 2010, 6:16: SelváticaAlaprima


       Viajo a la isla para visitar a una amiga. Me acompañan mi madre, mi hijo y la sombra de un hombre que significó amor en mi vida solitaria.

       En el avión, como para pasar el tiempo me pongo a pensar en la estructura del aparato, sus medidas, las dimensiones, que si tanto de alto por tanto de ancho, que si una persona promedio mide un metro con tanto, etc., etc. De pronto me doy cuenta de las tonterías con que lleno mi cabeza cuando el tiempo me sobra.

       Voy a sentarme, el avión despega, tengo tos, me abrigo con una manta, tengo mocos, estornudos, el pecho lanza un silbido transatlántico y me doy cuenta que ardo en fiebre. Un hombre, a mi lado, protesta airado, dice que es un peligro que me hayan dejado subir al vuelo. Teme que lo contagie.

     Selvática


16 de Mayo, 2010, 6:03: GladysGeneral


              Bueno, ésta es la última - suspiro resignado mientras se arrodillaba frente a la tumba - como ya sabrá, bueno al menos eso es lo que dicen de los muertos: "que lo saben y ven todo, aunque casi nunca echan una manito, las cosas como son". Como decía, usted es el último a quien visito, y es un alivio, tengo una vida, no muy feliz, pero buena al fin y al cabo, también tengo cosas que hacer, horas para rellenar antes de desaparecer definitivamente, por eso, usted me perdonará, tengo un poquito de prisa y se lo voy a soltar son mayores preámbulos.

       Colocó un clavel rojo sobre la lápida.

       Aquí voy. - Inclinó la cabeza, leyó el nombre - intentó pronunciarlo correctamente en voz baja, pero se avergonzó de su acento, es que a los hispanos nos cuestan mucho los idiomas… otra frase hecha que se rompió sobre la piedra de la tumba. Perdone mis divagaciones, lo que pasa es que cuando me pongo nervioso, los pensamientos se me revuelven en el cerebro. Sí, ya sé que usted es… fue… perdone, fue un experto en esa materia y un visionario. Ya sabe como funciona. En los momentos cruciales, cuando uno debería decir: si, o no, el cerebro ve en letras grandes, frases hechas pronunciadas por otros antes de conocerlas nosotros; sí,  esas,  las famosas,  tan socorridas e infalibles, pero que logran desplazar a las que verdaderamente reflejan lo que uno quiere decir desde muy adentro y se nos escapan por la boca como pájaros en desbandada. Eso crea conflictos en quienes nos escuchan, pues se las creen; porque yo si creo que nos creen, aunque suene a trabalenguas, a la gente se la cree más de lo que uno piensa, porque si alguien viene de repente y nos dice que se es maravilloso, por qué hemos de dudar. Lo malo es cuando se creen todopoderosos, ahí es cuando empieza el problema… Perdone, ya me estoy yendo por las ramas, no los he visitado a ustedes para hablarles de los demás, debo ser más claro y concreto. Y sin embargo me pierdo, así me pasó con la Wolf, con Wilde, con Sartre… oh, oh, perdóneme otra vez, no haga caso de mis palabras, ya sé que usted sabe.

      Deme un minuto para concentrarme. Es difícil aquí, en medio de este… llamémoslo, ambiente. Espere ordeno mi abecedario particular, pongo, por decirlo de alguna manera en fila los sucesos de mi vida y el por qué necesito contárselos.

       A ver, aquí está la infancia, pero eso ya se lo conté a... Creo que mejor hablo de mi adolescencia… no tampoco, ya la desplegué delante de… ¿el sexo? Eso le gustaría, eh pillín. Disculpe las confianzas que me tomo, son para caldear el ambiente… como usted ya sabrá. A eso dedicó su vida, a esos resortes que saltan en cuanto uno empieza a hervir. Pero claro, hablar de sexo acostado en un sofá - aunque me han dicho que el suyo no era muy suave, más bien que tenía ciertos bultitos muy incómodos a la altura de los omoplatos-. Así y todo la gente desembuchaba sus vómitos mientras usted tomaba notas y escribía que si el señor Edipo, que si la figura de la madre se escondía entre las almohadas cuando uno hace el amor, que si la teta gigante… ¿todo eso lo dibujaba en el papel mientras la gente sacaba sus hilachas? Claro, que va usted a contestarme.

       Una llovizna suave empezó a cubrir de perlas el nombre tallado en la piedra, él estiró su mano y empezó a retirarlas de las letras, luego lamia sus dedos absorto, mecánicamente repetía la acción hasta que las gotas se convirtieron en torrente y los dedos no fueron suficientes, tuvo que emplear sus manos como cuencos pero, ya no era lo mismo y con esa certeza, pensó que esta vez no había logrado nada. Recordó la otra tarde arrodillado frente a la tumba de Sartre, esa vez si que fue rápido, concreto y certero. Igual pasó con todos los demás. Cada uno había tenido su particular ajuste de cuentas y sin embargo con este no lo había logrado. Es que el sexo y esas piedras agujereándole las rodillas…

       Va a quedar pendiente otra vez señor, lo lamento pero aquí no puedo, ¿me entiende no?


       Gladys

 

16 de Mayo, 2010, 5:45: Selváticaminirelatos


             Una luna de miel en un paraíso  egipcio - made in Taiwan - el viaje en avión sin segunda maleta - Caminata por una carretera sin asfaltar, los inconvenientes de los paraísos. Tacones de aguja en la mano, faldas atadas a la rodilla saltando de piedra en piedra pues los pies acostumbrados a calles lisas no terminan de amoldarse a las irregularidades del camino. Él, con su smoking, deslustrado por la tierra, con su corbata atada en un ojal, los faldones de la camisa al viento, pero con su carita linda, siempre sonriente.

    Nos registramos. Nos conducen a la habitación. Él se encuentra con los componentes de su vida, parientes y amigos que surgen detrás de cada columna, se va con ellos - yo no tengo la antigüedad suficiente - y en este mundo reducido todos nos tocamos los codos sin darnos cuenta -

    Agradezco los minutos de soledad, refresco mis pies. Empieza a llegar gente a mi suite de "recién casados". Me asomo a la puerta y veo que entran mujeres de todas las edades, de todas las nacionalidades, ataviadas como para una fiesta multicultural. Sus cuerpos se pasean por la estancia, las voces en todos los idiomas me dejan apenas entender palabras inconexas, los olores se van acomodando en el aire, como formando un mapa mundo: hacía el oriente el olor de los cerezos, al norte los olores vegetales, al occidente las mezclas de laboratorio, al sur la tierra húmeda…

    Mundos bullendo en mi suite y no se dan cuenta de mi presencia.

    Después llega un cargamento de flores - un respiro para los del negocio - pero en mi habitación el aire se empieza a agotar.

    Llega la conferencista, la gran papisa con la barbilla en alto, una especie de Juana de arco made in U.K. del siglo XVIII con peluca pajiza incluida.

    Mis pies ya están frescos. Muevo los dedos, los abro y los cierro para dejar que el aire se deslice entre ellos. Los miro orgullosa. Mis pies siempre me han gustado. Son bonitos. Ahora entiendo que ha pasado. Nuestra reserva  dice que empieza a las doce y son las once, así que primero va la conferencia, luego la luna de miel. Qué cosas se le ocurren a mis pies .

    Busco mi equipaje por entre el barullo multiracial, menos mal que no ven, en realidad yo no he llegado al hotel, pero éste parece haber desaparecido, igual que mi marido… Ah, qué tonta.  Me sentaré en un rincón hasta que sean las doce, seguro que todo irá como debe ser, sí a las doce, como dice la reserva.


    Selvática     


16 de Mayo, 2010, 5:31: SelváticaHablando de...



            Marta, en vez de ir al cementerio decidió ver una película, era lunes y la sala estaba casi vacía. Otra mujer, mayor ella, se sentó delante, llevaba el cabello demasiado cardado sin embargo dejaba ver numerosos espacios de su cráneo blanquísimo. Marta se acomodó en su silla, cruzó las piernas y cerró los ojos mientras la música empezaba a bajar de volumen dando lugar a las primeras escenas anunciando los estrenos de la semana próxima. En su mente, al lado de las imágenes de acción surgió una azucena, una bella y fresca azucena le regaló su olor. Eran las flores que su marido siempre le regalaba cuando ella estaba deprimida. No era de extrañar que apareciera en ese preciso momento cuando su cuerpo anhelaba al de su marido y su cerebro se obsesionaba en preguntarse ¿por qué?

     La peli empezó.

     El cabello rubio de la señora la molestaba pero Marta no se atrevía a cambiarse de lugar, aún teniendo a su lado todos los asientos libres. Temía molestarla, quizás la anciana se sintiera ofendida al notar que ella se cambiaba de sitio. Decidió acomodarse un poco de lado para disfrutar de la película, se dejó llevar por la historia, se confundió con los personajes y paseó con ellos por un mundo totalmente diferente al suyo, se emocionó con las emociones, se estremeció de miedo, se llenó de alegría al final cuando una agradable sensación de satisfacción la invadió, empezaron a aparecer los créditos y las vidas ajenas la dejaron sola envuelta en el aroma de las azucenas.

    De refilón miró a la señora, el ángulo perfecto de su barbilla le recordó a su madre. Tantos años sin verla, ¿por qué había dejado pasar tanto tiempo sin visitarla? ¿Cómo era posible que la vida se le escapara de esa manera? La señora la miró fijamente, desafiante casi y Marta se avergonzó. ¿Quién era ella para mirar de esa manera a los desconocidos?

    La música empezó a desvanecerse y un olor a habitación vacía empezó a metérsele por la nariz, un olor que parecía agradable pero que de pronto empezó a marearla… era olor a azucenas. La señora suavizó la expresión y le preguntó qué le pasaba.

    Marta rompió a llorar. La señora la tomó de la mano y salieron a tomar un café. Marta seguía sin poder hablar, se dejaba llevar como una niña, aceptó y sorbió el café sintiendo que su cuerpo y su cerebro empezaban de nuevo a ponerse en marcha.  La señora, viéndola mejor se despidió. Marta decidió recomponer su vida al salir de la cafetería. Estaba decidida a tomar las riendas de nuevo. Desde ese mismo instante iba a ser otra mujer. Eso seguro.

    Buscó en el bolso su móvil. No acababa de comprender para que tenía la precaución de apagarlo en el cine si nadie en este mundo la llamaba.  Intentó poner la clave y al hacerlo, alzó los ojos y se fijó en el cartel que anunciaba la pelí que acababa de ver. En él, la actriz principal la miraba sonriente mientras con una mano, sostenía el pomo de una puerta entreabierta y con la otra, le ofrecía un ramo de azucenas.

    Se parecía tanto a la anciana.


    Selvática