Viajo a la isla para visitar a una amiga. Me acompañan mi madre, mi hijo y la sombra de un hombre que significó amor en mi vida solitaria.

       En el avión, como para pasar el tiempo me pongo a pensar en la estructura del aparato, sus medidas, las dimensiones, que si tanto de alto por tanto de ancho, que si una persona promedio mide un metro con tanto, etc., etc. De pronto me doy cuenta de las tonterías con que lleno mi cabeza cuando el tiempo me sobra.

       Voy a sentarme, el avión despega, tengo tos, me abrigo con una manta, tengo mocos, estornudos, el pecho lanza un silbido transatlántico y me doy cuenta que ardo en fiebre. Un hombre, a mi lado, protesta airado, dice que es un peligro que me hayan dejado subir al vuelo. Teme que lo contagie.

     Selvática