27 de Mayo, 2010, 13:15: SelváticaAlaprima


 

            Mi casa es un espacio donde cabe una gran cama, dos mesas de noche, una cocina, un baño y un pequeño sofá; todo en un ambiente. Una vida a un sólo golpe de vista. Un gran ventanal cierra el escenario.

      Me arreglo. He quedado con una amiga. De pronto llaman a la puerta.      

      Un joven y una chica entran sin saludar. Él está enfermo, yo los recibo, les doy agua, pero me tengo que ir. ¿Los dejo en mi casa?

      Ella, la chica sale a buscar ayuda y se pierde en el pasillo.

      Es que al salir de mi casa, al cerrar la puerta, uno se encuentra con tantas puertas iguales, por eso, ella se perdió… y yo me tengo que ir.


Selvática


27 de Mayo, 2010, 13:07: SelváticaAlaprima



    Está feliz porque al fin ha conseguido un trabajo. PROFESORA DE GIMNASIA en uno de los colegios más importantes de la ciudad.

    Llega a su primer día de trabajo luciendo un traje de cóctel gris con flecos desde el cuello hasta el bordillo, justo encima de la rodilla, los zapatos, del mismo tono y tacón de aguja, un pequeño bolso, también de flecos. Ya sabe que no es lo apropiado, pero el vestido es tan lindo.

    Después de saludar a los pocos docentes que se encontraban en el hall, pregunta por la sala de profesores, necesita hablar con el director para pedirle un manual de instrucciones, o la programación de su asignatura. No tiene ni idea de lo que le va a decir a sus alumnos, menos mal que el primer día nadie espera que se haga nada. Después,   cuando consiga la programación será lo suficientemente estricta para sacar el mayor partido a esas cabecitas jóvenes - piensa - dedicará la primera clase a presentarse - siempre le ha ido bien con los chicos, por alguna extraña razón, ellos se sienten identificados con ella y la química surge de manera espontánea - les hablará de la asignatura, de sus expectativas, de las posibilidades de trabajo, les invitará a exponer sus opiniones, sus proyectos. Será una hora encerrada en el aula con ellos, así que no se sentirá ridícula por la ropa que lleva.

    O, también podría salir al patio con ellos, iría descalza… no, quizás no es buena idea.

    Al final del pasillo se encuentra con dos profesoras, que no saben indicarle el sitio de la sala de profesores - ellas también son nuevas - y están buscando el baño de profesoras. Se acompañan mutuamente, al doblar el pasillo, se encuentran de frente con tres baños. Ella escoge uno y empieza a mirarse el vestido, se lo sube poco a poco dejando al descubierto sus muslos, las nalgas y mueve las caderas para ondear los flecos de la falda. Entra un  profesor y la pilla infraganti. Suelta la falda rápidamente, pero al dar la vuelta se tropieza con una pared de cristal que deja ver a un grupo de estudiantes que estaban allí quien sabe desde cuando.

     La vergüenza la domina.  Mal comienzo para sus clases.

Selvática

27 de Mayo, 2010, 12:52: Selváticaminirelatos

          - Firme aquí, aquí y aquí. Con esto ya está. Ahora a vivir sin hipotecas. No me mire con esos ojos. Ya sé que soy el gerente y que debería estarle vendiendo el seguro de vida que me pide, pero no, mejor cuénteme ¿Cómo le ha quedado? ¿Supongo que ya terminaron las obras?

    - Explíqueme lo de ese seguro por favor.

    - Buenooo. Es un seguro que… pero no creo que le haga falta, vaya y disfrute de su casa, con sus hijos, su marido… mire que son años trabajando y la espalda ya le debe pasar factura, ¿a qué si?

    - Es que a mi me gustaría...

    - No se preocupe señora. Perdone pero a su edad, debe disfrutar de sus nietos, ¿cuántos son? Imagino que varios ya. Si tiene a todos sus hijos casados.

    - Es que…

    - Nada, nada por favor. ¿Ya firmó? Ande. Váyase y disfrute de los años que le quedan, la vida es un suspiro y no podemos darnos esos lujos. Lo digo por mi también, yo ya tengo una edad y me gustaría recomponer los huesos en una cálida playa. Ayayay pero no puedo, estoy atado a esta silla. Sabe, por las tardes me cuesta despegar el culo del asiento, es como si mis nalgas se hubieran convertido en parte de la tapicería, después están los lápices de colores. ¿Ve usted? todos ordenados formando un arcoiris, cada mañana llego el primero y antes de que empiece la jornada ya los he afilado todos, ve, sus puntas largas y finas. Con éste pongo el chulito, este símbolo vea, para las tareas terminadas; éste otro con una P para lo pendiente, todos estos lápices tienen una función vital en mi vida. Si me los llevara a casa quedarían ociosos, se perderían o los hijos los tomarían para sus cosas, aunque creo que ellos ya no usan lápices de colores.

    Los dos se quedaron mirándose a los ojos sin darse cuenta del silencio que los cubría.

    - Ah, me olvidaba de los post it. Los tengo también de todos los colores y las formas. Últimamente las papelerías son muy creativas para diseñarlos, hay de flores, los cuadrados de toda la vida, con forma de coche o de huevo… si un poco como el logo de nuestro banco…

    - Parece un huevo echando humo.

    - Un huevo podrido, jejeje. Que no me escuchen. Oh, me olvidaba de los clips. He conocido gente que son auténticos artistas del arte del clípeo… bueno, perdóneme, no se dice así, no tengo ni idea de como se dirá, pero me inventé el nombre, ¿le gusta? Es que me entretiene inventarme nombres para cosas que, o son muy corrientes o están en desuso. Cuando me jubile voy a escribir un diccionario de inutilidades. Ya verá. Será un best seller . Me forraré, si señora.

    - ¿Lo del seguro?

    - Ya, ya. ¿Usted cree que alguien compraría un diccionario así? Se lo pregunto porque, no sé si esté equivocado, pero si la gente se sienta a ver y escuchar gritos en la tele toda la tarde, bien podría entretenerse con mi diccionario, alguna sonrisa les sacaría yo… eso creo al menos.

    - Mejor vuelvo otro día.

    - Claro, cuando quiera. Aquí estaré para atenderla con el mayor gusto.

    Sale del despacho del director con la impotencia dibujada en los labios. Su hijo, un hombretón de dos metros y millones de horas de gimnasio se le acerca. ¿Qué pasó?

    - Nada, que no me quiso vender el seguro de vida. ¿Y ahora qué hacemos con tu padre?  Va a empezar a oler fatal.

    - Vamos al banco de la esquina, a ver si ahí cuela.


Selvática


27 de Mayo, 2010, 12:47: GladysGeneral

           Mire, tenga cuidado con eso, no lo vaya a joder ahora. No es el momento. Usted ya tuvo su oportunidad, así que ahora, apechugue que para eso se ha hecho usted con el poder. Deje de temblar. Es usted patético. Por eso no me caía bien. Se acuerda de los días veinticinco de cada mes. Yo sí. Todos los jodidos días de mi existencia me decía lo mismo. A ese lo despido por cualquier cosa. Joder que soy el empresario y puedo hacer y deshacer en mi empresa.

    Durante el desayuno, entre mordisco y mordisco de magdalena se me iluminaba la mente: surgía así: PUM  ¡el pretexto perfecto! Ningún problema con sindicatos, una indemnización conveniente y listo. Eso era todo. Con ese ánimo entraba a mi despacho, me ponía al día y luego lo llamaba. Usted venía con ese aire cansino, joder, si parecía que llevara el mundo a cuestas, no era para tanto, esos hombros caídos, esa mirada huidiza y esa vocecita me crispaban los nervios. Ahí, en ese puto momento me olvidaba del sindicato,  me daban ganas de retorcerle el jodido cuello.

    Apunte bien carajo.

   No me vaya a dar en una pierna. Volviendo a su cuello, ¿nació así o la vida se lo consumió? ¿Por qué carajos nunca protestó? La naturaleza en vez de voz le dio ese bisbiseo que me dictaba números mientras yo imaginaba su sangre manchando mi alfombra turca.

     No me mire así hombre.

     Claro que lo odiaba y no me pregunte por qué, fueron muchos los motivos, su humildad de esclavo, su docilidad de borrego, pero sobre todo su voz, ¿sabe? en mis pesadillas la escuchaba, era como una mosca zumbando en mi oreja todo el tiempo, sssssi ssssseñor, sssssi sssssseñor. Ay que joderse. Pero lo peor era que no me fijaba en sus Debes y Haberes, usted recitaba números como un imbécil y yo sentía el bizzzzz bizzzz en mi oreja hasta que lo mandaba a su escritorio. Usted levantaba el culo y yo me quedaba con esa imagen de pantalón brillante con la raya replanchada que podría haber cortado un pedazo de pan duro.

    Tenía que llamar a Martínez para que revisara el balance mientras yo cerraba la puerta para olvidarme de usted. Sin embargo, como son las cosas, hoy es veinticinco de mes, no tuve necesidad de llamarle. Usted apareció por esa puerta y me pidió permiso para entrar. La boca se me abrió como la de un caballo. ¿Había cambiado de voz a sus cincuenta y tantos? Ah, sesenta, claro sesenta. ¿Por qué ese cambio? Ahí lo tenemos. La oficina sola, los empleados han ido a comer y usted me apunta con una 22… ¿bonita verdad? no, no me cuente dónde la consiguió. Las armas nunca me han llamado la atención.

     ¡Dispare!

     No dude ahora, no la vaya a joder, deme el gusto de verle por una única vez en su puta vida un rasgo de carácter. Siga con la mandíbula apretada. Le queda bien, me recuerda a Clint Eastwood. Yo de usted no me hubiera puesto corbata. Qué mal gusto tiene usted, se pone unas corbatas horrorosas. Perdone, esas cosas no se dicen ni en privado,  cada cual viste como le da la gana, pero uno tiene ojos, que le vamos a hacer.

     Veo que está temblando. Y le advierto, si quedo vivo le va a pesar, es mejor que lo haga y cuanto antes mejor, no vaya a ser que venga Clarita y empiece a dar alaridos, dése prisa, es muy fácil, aprieta el gatillo, así de simple. Más aire en el ambiente.

     No se vaya carajo. Dispare, dispáreme.

    sssssssi ssssssseñor. No se preocupe, aquí no ha pasado nada,  ahí le dejo el balance.

    Y salió de la oficina con su gesto cansino, el pantalón brillante y la raya replanchada que sin embargo se quebró un momento. Cuando guardó la pistola en el bolsillo.


Gladys