Entonces tiene por delante la luz, el calor, las voces, el olor de la comida, su cara en el espejo, el viento despeinándole los cabellos, una mujer barriendo la acera, personas que pasan sin apenas sentir su presencia, u autobús que se escapa por los pelos. ¿Llegará tarde?

      Quizás no importe.

     Las horas le son indiferentes, los rituales se cumplen, durante el trayecto, en vez de mirar por la ventana imagina cambiar el mundo, enseñarle a la gente, a los niños, penetrar en sus mentes recién estrenadas y sembrar amor, bondad. Tiene que anunciar su parada. Seguir con su rutina hasta que amanezca y su mente calenturienta le dicte nuevos imposibles a seguir, mientras el autobús llega a su destino… como todos los días.

 

      Ahora anochece.


Selvática