Sosteniendo el mechero a manera de linterna me adentré en el pasillo, las paredes desconchadas dibujan extraños rostros llorosos sobre su superficie. Con el dedo índice traté de transformar en una sonrisa la mueca angustiada de una anciana que me miraba desde el borde de la columna que dividía el pasillo del salón. Una vez satisfecha de mi acción entré más decidida a lo que debió ser la estancia principal. El armazón de un sofá con las tripas esparcidas, dos sillones de orejas, una mesa inclinada grotescamente a falta de la cuarta pata me esperaban impasibles. En frente a la ventana un aparador con los cristales rotos, en su interior restos de vajilla aún exhibían el tradicional hilo de oro de los bordes. En las paredes solo aparecían las huellas de los cuadros o espejos que años atrás adornaron aquel recinto. Me di la vuelta, de aquel salón no se podría rescatar nada, los intestinos de los muebles estaban muertos sobre el piso y habían desaparecido en un noventa por ciento. Sin embargo, y me acerqué casi que con miedo al ventanal que daba al balcón. Una ligera brisa se colaba por los agujeros de los cristales rotos y una raída y deshilachada cortina aún se agitaba con la misma viveza de sus tiempos mozos.

     Una gota se sangre manchaba el amarillento aspecto de la tela. Seguramente la leve herida de un frágil dedo al recibir el ramo de rosas de su enamorado que… mis pensamientos se interrumpieron bruscamente cuando el viento replegó la cortina descubriendo un viejo transistor.

     La historia de la gota de sangre perdió fuerza para dar paso a toda una familia reunida al calor del hogar mientras escuchaban las noticias o los conciertos musicales por la radio. La casa revivió recordando una voz grave emanando de ese artilugio, esparciendo su efecto hipnótico sobre los habitantes que a la hora del crepúsculo callaban mientras escuchaban la radio temerosos siquiera de respirar para no desatar las iras del padre.

      Ahora al aparato le faltaban dos botones, el de encendido y el de frecuencia para captar las ondas, el urdido frontal se hallaba roído por las alimañas en algunas partes, pero al tomarlo suavemente y darle la vuelta observé que tenía todos los bombillos en perfecto estado. ¿Cómo era posible que hubieran resistido al paso del tiempo?

Selvática