Mientras él conduce por la autopista yo libero los pies de mis zapatos y los coloco sobre el salpicadero.
   El aire se desliza entre mis dedos como si un ángel me acariciara. Mi mirada va, de mis uñas pintadas de negro, al mentón de mi pareja. Parece esculpido por Miguel Angel.
   Las montañas se deslizan a nuestro lado silenciosas e imponentes pero cómplices, el viento juguetea con nuestros cuerpos, me levanta la falda y a él le revuelve el cabello. Suena nuestra canción. ¿Está la felicidad en el devenir?

Selvática