Las guerreras del sari rosa

      Sampat Pal es el nombre de una menuda mujer que ha convertido en realidad la utopia de que los buenos existen. Sampat es una dinámica activista, feminista, antiviolenta que renunció a la sumisión tradicional de las mujeres en la India. Obligada por sus propias circunstancias decidió luchar por sus derechos y los de las mujeres. Organizó un ejercito de más de cien mil integrantes que hoy imponen su voz , plantando cara a la corrupción política, a los abusos de los poderosos y sobre todo, convenciendo a las mujeres que no deben quedarse calladas.

      Ellas vigilan de cerca lo que sucede a su alrededor, advierten a los maridos violentos, señalan con el dedo a los policías deshonestos, a los políticos corruptos, a los funcionarios indolentes. Ella y su ejercito no dejaran pasar ni un abuso más, exigirán el cumplimiento de la justicia.

      Sí, los buenos existen y yo siento una gran alegría, aunque pasada la primera euforia debo admitir que son minoría, que viven lejos y que muchas de sus semillas caen sobre terreno estéril∫, pero ahí están, en este caso representados por esta mujer, Sampat Pal, cuyo libro Las guerreras del sari rosa, es un grito de BASTA YA para todos los que vivimos bajo una dictadura, sea del color que sea o disfrazada de democracia corrupta, machismo exacerbado, ambición desmedida o mafias criminales.

      Ella ha demostrado que vale la pena intentarlo, vale la pena denunciar las injusticias, exigir el cumplimiento de las leyes, pedir responsabilidades a los corruptos, obligar a los gobiernos a cumplir lo que han prometido y por lo que han sido elegidos, claro, su radio de acción se ubica en la India, su país de origen y sus éxitos aún son frágiles, no vamos ahora a pedir resultados porque este tipo de revoluciones necesitan tiempo para arraigarse en la mentalidad de los pueblos.

      Lo importante es que en todos los rincones del mundo siempre hay una Sampat en potencia, que lucha por la justicia y que no renuncia fácilmente a sus derechos sin embargo su batalla se queda en caso aislado, una situación puntual que casi nunca logra resultados positivos, a menos que el ejercito de saris rosas se vuelva universal, una especie de cascos azules que impongan el cumplimiento de la justicia, pues las leyes que nos defienden están en la constitución, y la constitución está al alcance de todos, se compra en la panamericana o en las librerías de segunda por muy poco dinero. Hay que ponerla en practica de forma decidida sin complejos de inferioridad. Se imaginan ustedes a un albañil denunciando a una gran constructora, por ejemplo, por no dotar a sus empleados de las más elementales normas de seguridad, y que la justicia falle a su favor.

     Yo si… claro yo creo en las utopías.


Gladys