3 de Enero, 2011, 14:23: SelváticaAlaprima


    Tengo muchos amigos. Mi casa está llena de amigos. Unos son productores de televisión que van a hacer un trabajo para un concurso. Otro es fotógrafo, aunque hay también quienes actúan únicamente cuando se necesitan las risas de fondo.

    Mi amigo productor me pide que le tome una foto a un coche. Yo acepto,  lo voy a hacer, pero no le pregunto cómo la quiere o para qué.

    Salgo, voy al banco - necesito dinero para movilizarme - hay tanta gente. Al fin llega mi turno. Se me olvida algo y lo dejo pasar. Vuelvo a hacer la cola. Así varias veces hasta que por fin me acuerdo. Termino de hacer mi tramite.

     Llego a casa. Me preguntan por la foto. No sé qué decir. Mi amigo fotógrafo es grande fuerte, casi llega hasta el techo y tapa la luz de la ventana.

      Aparece una jovencita que quiere ser cantante.

      Mi amigo vuelve a preguntar por la foto, ante mi silencio, suenan las risas de fondo.



Selvática


3 de Enero, 2011, 14:20: Selváticaminirelatos

    Antes de caer al suelo escuchó las voces de las mujeres de su familia ahí estaba la abuela, su madre, sus hermanas,  sus cuñadas,  siempre advirtiéndole lo mismo. No lo permitas.

    Y no lo permitió, supo desandar los pasos, se aferró a cables ardiendo, a clavos oxidados y a piedras afiladas pero lo consiguió y pensaba que su valor actuaría como coraza infalible.

   La cabeza dio contra el pavimento y la sonrisa que en principio tenía en los labios se le heló cuando escuchó la voz de su hija: no pasa nada mamá, él es así y así lo quiero.


Selvática

3 de Enero, 2011, 14:03: Selváticaminirelatos

    Las imágenes de la tele la despertaron en medio de la noche. La voz deformada por un truco antireconocimiento le taladraba el cerebro. A otra mujer en algún lugar de su ciudad le pasaba lo mismo, quizás a su misma vecina, aquella que a veces, por las mañanas usaba gorro y grandes gafas.

    El hueco en la cama del cuerpo de su marido estaba frio. Una vez más frio, sólo un hueco que antes contenía su mundo. Un hueco que quizás esta noche, o mañana o el próximo fin de semana se llenaría otra vez, pero ella ya no estaría ahí.

   Desde la puerta lanzó un beso a ese hueco y salió muy despacio. Nunca más.


Selvática

3 de Enero, 2011, 13:57: GladysGeneral

   El rostro que apareció por la rendija de la puerta atravesó sus retinas y se le clavó en el cerebro sin compasión. Era el rostro más viejo que había visto en su vida. Una maraña de arrugas donde un par de lucesitas apenas si titilaban como estrellas lejanas. Una voz resquebrajada tartamudeó repitiendo el nombre mientras su brazo abría la puerta completamente.

   El mundo anciano le recibió con los brazos abiertos, una sonrisa sin dientes, una mano temblorosa se posó en sus hombros y lo llevó hasta una silla de respaldo alto donde sus veinte años se hundieron sin remedio.

    Preguntó por Antonio y el anciano se miró las manos mientras las palabras caían de su boca como saliva impertinente: Todos los días a las cinco en punto, llegaba por la esquina del estanco se plantaba en mitad de la calle y cantaba boleros inversamente proporcionales al tiempo: si hacía sol y el ambiente era cálido, cantaba temas tristes y lo contrario cuando el tiempo empapaba su voz.

    Todos nos sentíamos privilegiados, todos nos afanábamos por terminar nuestras actividades para poder estar libres a las cinco en punto, estoy seguro que a las cinco menos cinco todas las manos de los vecinos, con las monedas bien agarradas, abrían la ventana al mismo tiempo y nuestros codos se posaban en el marco de la ventana pero mirábamos al cielo mientras la voz nos llegaba desde los bajos. Solamente eran tres canciones. No necesitábamos más, tres maravillosas canciones que nos regalaban trozos de aliento para seguir viviendo.

    Luego las lanzábamos y alrededor de él se formaba un círculo brillante, al cabo de unos minutos de expectación Antonio … o Francisco, no recuerdo bien su nombre se quitaba el sombrero y nos hacía una reverencia. Recogía sus monedas y se marchaba. Nosotros nos hacíamos gestos con la mano de ventana en ventana en ventana y cerrábamos el mundo exterior. Cada uno volvía a lo suyo con la esperanza de que al otro día a las cinco de la tarde…

    Sus manos jóvenes rasgaron un papel que sonó como un terremoto en la pequeña habitación y que sin embargo no logró llamar la atención del anciano. El joven quitó el papel de regalo, se incorporó lentamente de su silla y rodeo al viejo buscándole los ojos. En cuanto lo consiguió lo obligó a mirar la fotografía.

     El anciano sonrió, tomó la foto y la miró una eternidad, luego se levantó sin decir una palabra, se acercó a la ventana y colocó la foto de manera que los vecinos la pudieran ver desde sus respectivas casas.

 

     Esa tarde, el patio de los vecinos se cubrió de flores blancas en vez de monedas.

Gladys

 

3 de Enero, 2011, 13:43: GladysGeneral

  

   En el esquema de la derecha ustedes podrán apreciar la proyección de nuestras ventas para los próximos cinco años…

   Los altos ejecutivos escuchaban atentamente hasta que Enma terminó su exposición, vino luego una larga discusión, algunos puntos por aclarar, sugerencias atropelladas hasta que finalmente todos llegaron a un acuerdo. Se estrecharon la mano, algunos se despidieron con un beso en la mejilla,  haciendo uso de los años de amistad, dejándola sola frente a la pantalla desplegable.

   Emma recogió sus cosas, guardó meticulosamente todas las notas y papeles con las sugerencias y abandonó la sala de juntas. Llegó a su despacho, encendió el ordenador, se dispuso a trabajar un par de horas más hasta dejar todo archivado, antes de que se olvidara. Empezó a escribir la sugerencia del representante de la costa norte del país, las ideas se grababan en la pantalla con extrema fluidez, como si su memoria hubiese registrado hasta las pausas del acento natural del joven, entre frases como el consumo masivo, en su cerebro empezó a resonar  una canción de la que recordaba solo pedacitos que saltaban entre sus neuronas - *me perdí en un cruce de palabras - reunión programada para el próximo mes, sin dilación pues se prevé un alza de los precios al consumidor  - *no voy a sentirme mal -  levantó los dedos del teclado y sacudió la cabeza con fuerza, como si con ese gesto intentara hacer desaparecer la voz del cantante. Su pecho empezó a saltar por debajo de la blusa de seda, algunas gotas de sudor se deslizaron del borde de su frente para caer en el precipito de  sus párpados - *si algo no me sale bien -

    Apago el ordenador, tomó su chaqueta y salió de su despacho. A esas horas todos los empleados hacía rato habían abandonado las oficinas, seguramente ya estarían disfrutando de su vida más allá de los despachos laborales - *que he aprendido a derrapar - a su paso empezaron a volar pensamientos como gallinas espantadas, que agitaban frenéticamente sus alas y se estrellaban contra la pared produciendo un desagradable ruido de picos rotos contra el cemento de la pared, un ruido en el que también se podían adivinar los zarpazos de las uñas resbalando sobre las baldosas del piso y los cuerpos rodando. Enma se echó a correr,  odiaba las gallinas, ni siquiera con un buen guiso podía soportarlas,  una nube de plumas la rodeó como si fuera un efecto especial hollywoodense y el olor de alas, el polvo de esos cuerpos frenéticos empezaron a marearla - *y chocar contra la pared - Llegó a la calle.

    Respiró el aire fresco de la noche  y *contó hasta diez.

 

   Volvió a su casa, el aroma de su café disipó a los pensamientos gallinas y comenzó a sentirse bien, ahora recordaba la cara del ejecutivo, hummmmm…

 

* Antes de que cuente diez por Fito y los Fitipaldis


Gladys