Las imágenes de la tele la despertaron en medio de la noche. La voz deformada por un truco antireconocimiento le taladraba el cerebro. A otra mujer en algún lugar de su ciudad le pasaba lo mismo, quizás a su misma vecina, aquella que a veces, por las mañanas usaba gorro y grandes gafas.

    El hueco en la cama del cuerpo de su marido estaba frio. Una vez más frio, sólo un hueco que antes contenía su mundo. Un hueco que quizás esta noche, o mañana o el próximo fin de semana se llenaría otra vez, pero ella ya no estaría ahí.

   Desde la puerta lanzó un beso a ese hueco y salió muy despacio. Nunca más.


Selvática